Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Verdades a medias, lugares comunes y grandes mentiras

Para quienes vieron este domingo día 11 la entrevista a Felipe González en El Objetivo de la Sexta (y a quienes no, les ruego encarecidamente que lo hagan), ya no les quedará ninguna duda sobre  las contradicciones, perplejidades y alineamientos de fondo en los que vive el PSOE en estos difíciles momentos que vivimos, y que se expresan claramente en las tribulaciones de su exsecretario general.

En cierta medida, para quien no se quede en sus cuidadas formas, Felipe González les “hizo” la campaña al parlamento europeo, es decir, descubrió “sin querer” el pastel y desnudó al PSOE de los falsos ropajes y las falsas alternativas. Porque, tras arremeter contra los gobiernos “conservadores” que han definido la política europea por la única vía de la estabilidad, olvidando el crecimiento y eso que se viene llamando “política de incentivos”, es decir, tras defender el argumentario claro del PSOE para esta campaña, no dudó después en apostar por un gran pacto, incluso por un “gobierno de unidad” en España, si la situación (es decir, los resultados electorales de las próximas generales) así lo “exigieran”. Lo grave es que ni Felipe González ni el propio PSOE vean en ello ninguna contradicción: Pedir el voto para que la “socialdemocracia” pueda llevar “otra” política en Europa y pactar después en España la política con el PP en un posible gobierno de unidad. Y, no contento con eso, hizo suyo el proverbio que la mejor defensa es un buen ataque y quiso situar la compatibilidad de la “modesta” ayuda como expresidente de gobierno y su cargo como consejero de Gas Natural, no en el terreno de la legalidad, sino en el de la moralidad, convencido que nadie se sentiría libre de culpa para lanzarle la primera piedra. Pero el señor González pareció olvidar nuevamente su condición de expresidente de gobierno “socialista”, y que más allá del asunto legal o moral, también hay un dilema político. No se trata simplemente de un problema de incompatibilidades legales y morales, que  las hay y graves, sino de incompatibilidades políticas: Lo lógico sería esperar que un político, al abandonar su cargo, volviese a reincorporarse a su trabajo anterior (si lo tenía, que eso es otra cosa), y no utilizar el cargo como trampolín (lo que más allá de las declaraciones de bienes y de la renta, constituye una “plusvalía” política declarable y no deducible), pero lo que no puede un político que se dice socialista es pasar a asesorar a una gran empresa, porque en el camino, no solo ha conseguido “acumular experiencia”, sino cambiar de clase, de perspectiva y de intereses. Y no verlo así, es también otra de las desorientaciones y perplejidades en las que vive el señor González y su partido.

 

Es el problema de las verdades a medias que se han instalado, ocupan y borran el horizonte posible de nuestro pensamiento, pero también el de no querer llamar a las cosas por “su” nombre. Así, de tanto repetido, se ha vuelto un lugar común indiscutible, que “son las empresas las que crean empleo y riqueza”. Y, desde esta perspectiva, el empresario, (el “buen” empresario, se entiende, pero ¿es que puede haber “empresario malo” desde este supuesto?) se convierte en una especie a proteger y defender.

 

Sin negar la “verdad” de que sean las empresas las que crean empleo y riqueza, es justo reconocer que esa verdad es solo una verdad a medias. Porque, si las empresas son las que crean empleo, también son las que lo “destruyen”. Esta “experiencia” incuestionable de quienes han perdido el empleo, porque han sido “despedidos de y por una empresa” se oculta deliberadamente en la afirmación inicial. Y lo mismo ocurre con la riqueza, que no la crea solo quien “invierte” el capital, sino también y principalmente quien “trabaja” en ella. Al igual que el paro no es sin más un “problema”, porque el despido y en consecuencia enviar al paro, es también y siempre la “solución” para los intereses que sean (no cerrar, mantener o ampliar los beneficios) de las empresas.

 

Y este mismo error se da en quienes demandan un pacto o un gobierno de unidad para salir de la crisis. ¡Cómo si solo hubiera una única salida posible! Y nos negamos a ver aquello a que nos enfrentamos a diario: Que hay intereses distintos en las distintas propuestas económicas. Los medios de comunicación lo repiten machaconamente: La “recuperación” se está haciendo sobre el “sacrificio” de la mayoría; los bancos y las grandes empresas vuelven a declarar ganancias, baja la prima de riesgo y sube la bolsa, pero el desempleo no baja ni bajará significativamente en muchos años; “crece la desigualdad”; los datos macroeconómicos son buenos, los inversores vuelven a confiar en España, pero todo esto tardará en repercutir en los ciudadanos y en la microeconomía; “España se está recuperado, pero no los españoles”. Lo estamos viendo y no queremos llamarlo por su nombre. Son diversas manifestaciones de ese fenómeno que llamamos “lucha de clases”, que resulta para muchos un concepto arcaico y superado, pero que proporciona una luz tan poderosa que permite comprender las cosas y no solo repetir “lugares comunes”, y que deja desnudos sin remedio a prestidigitadores como el señor González.

lanomalia.blog@gmail.com  

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