Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Recortes y ofensiva ideológica

Hasta que el previsible incumplimiento del déficit y/o el damocliano segundo rescate-intervención se consume, las decisiones adoptadas por el actual ejecutivo, que han definido claramente a quienes reparten ayudas y a quienes imponen recortes, se encuentran ahora en fase administrativa. Aprobadas las leyes y decretos-ley con el rechazo de la oposición y de la calle, son ahora los afectados por los recortes los que experimentan dolorosa, sorda y sin que nadie se acuerde de ellos aparentemente, la ejecución administrativa de los mismos.
Así, a quienes solicitaron ayuda a la dependencia y vieron postergadas sine die su concesión, se suman ahora quienes ya la tenían concedida y han recibido la notificación del tremendo recorte que van a tener que asumir. Y lo mismo podemos decir de los recortes en sanidad, que no sólo se han quedado en el copago y la exención a inmigrantes y otros beneficiarios, sino que, ya puestos, han decidido en Salamanca mantener cerradas de forma permanente las plantas en los hospitales que se cerraron por vacaciones y suprimir los servicios de urgencia en la zona de los arribes, tan necesarios y vitales, sin que se haya dado no ya una respuesta a la ejemplar movilización de protesta del martes pasado, sino ni siquiera una explicación. Y también de forma sorda, sin que nadie se entere, los presupuestos generales para el 2013 retrasan la aplicación de la ley 27/2011 con lo que se frena la mejora de las pensiones de viudedad y se suprimen las de orfandad a mayores de 21 años sin explicación. Como ha ocurrido con la ayuda de libros, comedores o programas escolares como madrugadores en educación, pero, sobre todo, con la promesa por parte de la Junta de Castilla y León de que se asumirían los gastos, no ya de funcionamiento de los centros, sino los indispensables de luz, agua y calefacción, y que no se cubren con las aportaciones realizadas.

Si los políticos en el poder utilizan la política para que el estado y sus instituciones presten ayuda a los grandes depredadores que han saqueado y esquilmado el país y, contrariamente a lo estipulado, no ya en un ordenamiento democrático, sino en el más simple de los pactos sociales, desprotegen y dejan indefensos a los más vulnerables y necesitados, no es de extrañar que los ciudadanos tengan tan mala opinión de los políticos y los consideren uno de los principales problemas de la democracia.

Pero, si resulta obvio que el recorte de gastos en los servicios públicos y en los servicios sociales perjudica directamente a los que más los necesitan, que son por ello, los más necesitados, y no perjudica a quienes pueden seguir adquiriendo esos servicios en el mercado, tiene que resultar igual de obvio que estas políticas de ajuste duro poseen un marcado carácter ideológico, es decir, que se hacen desde la perspectiva de los grupos económicamente dominantes para su beneficio y que solo pueden legitimarse socialmente si logran convencernos al resto de que no queda otra y de que no hay alternativa.

Y por si no bastase con que los recortes sociales pongan en peligro los principios básicos del pacto social, la ofensiva ideológica de este gobierno del PP está resquebrajando un consenso social amplio logrado durante años de democracia y un retroceso social sin precedentes. No lo dirán, porque no se atreven, pero los recortes en los servicios sociales tienen como damnificada directa a la mujer. Por eso, también la modificación de la ley del aborto para recuperar el binomio indisoluble para ellos entre mujer y maternidad. En definitiva, para volver a esa concepción tan querida para Aznar y otros dirigentes del PP que “veneran a las mujeres de la mujer, mujer.

Y en esta ofensiva ideológica están también la alabanza a las mayorías silenciosas, que no participan, frente a la ciudadanía comprometida que se manifiesta y protesta; por eso también la necesidad de “modular” el derecho de manifestación; por eso, era tan urgente modificar una materia de una hora semanal como Educación para la ciudadanía, para “limpiarla” y “depurarla” de contenidos que pudiesen molestar a la Conferencia Episcopal y que fomentaban la aceptación, el respeto y la tolerancia y el compromiso ciudadano, frente a la sumisión de los súbditos, y hacer legal la ilegal educación segregada; por eso, también la reforma de los informativos en la televisión pública, para hacerla más gubernamental, y que ahora no dudará en incluir espacios de propaganda monárquica, corridas de toros o boxeo; por eso, la amnistía fiscal y la vista gorda en la aplicación de la ley de costas; por eso, el recurso ante el tribunal constitucional de la ley de matrimonios del mismo sexo; por eso, volver a anunciar bebidas alcohólicas en espectáculos deportivos y subir la velocidad en las autovías y por eso un largo etcétera. Porque la crisis para quienes están en el poder, lejos de ser un obstáculo, ha sido una oportunidad para aplicar sus políticas sin apenas contestación social.

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