Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Piensen en Alcalá de Guadaíra

Había ido pensando a lo largo de la semana tratar otros temas: El anuncio de la fecha y la pregunta de la consulta soberanista en Cataluña, la muerte de Mandela, la celebración de la nochevieja universitaria en Salamanca, la sostenibilidad de las pensiones públicas, la desparición de la ética en España (se sobreentiende que nos referimos a la ética como materia troncal en la educación secundaria, y no a la ética sin más, que también), etc., pero reconozco que estoy bloqueado y solo puedo pensar en Alcalá de Guadaíra.

Sitúense bien y situenla también en el mapa: Andalucía, al lado de Sevilla, en España, en pleno siglo XXI, en la vieja Europa, en una de las 15 economías más fuertes del mundo (Aznar y Zapatero llegaron a presumir de situarla entre las 8 primeras), en diciembre de 2013, tres miembros de una misma familia (el matrimonio y una de las hijas, la otra ha salido ya de peligro) han muerto por intoxicación alimentaria.

 

Inmediatamente, sin esperar a conocer el informe de la autopsia, el Ayuntamiento ha declarado tres días de luto. Porque sabe que no es una intoxicación alimentaria cualquiera. Porque sabe que se ha producido (insisto sin conocer los resultados de la autopsia) por ingerir alimentos en mal estado, recogidos en contenedores o donados por tiendas o restaurantes. Porque sabe que en estas muertes hay mucho del hambre y las privaciones que esta crisis y las políticas de recortes han generado. Porque no puede ocultar que son víctimas de estas políticas de austeridad criminal. Porque sabe que no son muertes, sino asesinatos. ¡Si hasta el Papa ha tenido que reconocer la naturaleza perversa y criminal del capitalismo!

 

Pero enseguida se han apresurado a rectificar, especialmente por las quejas de los familiares, que “no se dedicaban a rebuscar comida en las basuras”. Incluso la delegada municipal de Asuntos Sociales, Mariló Gutiérrez, según las informaciones de Público, ha llegado a afirmar que era una “familia bastante normalizada”, aunque “con problemas económicos, como tantas familias en España”. Así que, una familia que ha perdido el empleo, que no percibe ningún ingreso de rentas del trabajo ni ayuda social, que está embargada por una entidad bancaria desde hace años, que ha tramitado la solicitud de una ayuda social, pero que todavía no se la han concedido (y desgraciadamente ya no se la concederán), que malvive de la recogida de cartones con una furgoneta y que se ve obligada a recoger comida caducada es una “familia normalizada” para los servicios sociales de su ayuntamiento. Desconozco los criterios que permiten calificar un escenario así como normal o normalizado, pero, si una situación extrema como la que padecían, puede considerarse normal y no hace saltar todas alarmas de los servicios sociales, esta tragedia no sido una casualidad y su diagnóstico la hace todavía más preocupante.

 

Y no es de extrañar que los familiares traten de maquillarlo y la propia familia tratase de ocultarlo y negarlo (llevando a sus hijas al colegio, no acudiendo a Cáritas más que como último recurso), porque no sólo los habían condenado a la pobreza, sino también los habían hecho culpables de su propia situación. Ya hemos aceptado como dogma de fe que los que se han enriquecido rápidamente son los héroes, los modelos a imitar, quienes han generado riqueza y empleo y que no se les puede hacer responsables de la pobreza (como si no hubiesen rebajado salarios, despedido, cerrado, etc. solo para mantener o aumentar sus beneficios); y también que no existe pobreza económica, sino “pobreza conductual” (solo son pobres por su conducta, por no esforzarse, por no ser emprendedores). Solo esto permite “aceptar” que el asunto se salde sin que nadie se sienta responsable.

 

Pero los hay, y no son los padres que han perdido el empleo y no pueden mantener a sus hijos. Desde IU, por ejemplo, llevamos tiempo pidiendo una “Renta Garantizada de Ciudadanía”, una renta que permita vivir con dignidad, sin que los responsables políticos muevan ficha.  Ahora ya no pueden escurrir el bulto.

 

Que a partir de estas navidades Alcalá de Guadaíra sea la piedra de toque contra quienes vengan a vendernos sus bagatelas: 2014 será el año de la recuperación, estamos empezando a salir de la crisis, etc. Incluso, si tienen ánimo, pueden acompañar esas afirmaciones con las imágenes del último anuncio de la lotería de navidad o de la última intervención de Critóbal Montoro en el Congreso, con ese gesto prepontente, pleno de soberbia y sarcasmo, tan fuera de sí que las “verdades” que dispara le impiden tragar saliva, incluso hasta el pundo de ponerse en peligro. Pero sin voz, que es más creíble. Y piensen solo en Alcalá de Guadaíra. Sé que me acusarán de estar haciendo demagogía. Y puede que la esté haciendo. Pero que nadie se engañe: es la única forma de exigir, desde la rabia y a quienes corresponda, que se pongan de una vez a “hacer política”.

lanomalia.blog@gmail.com

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