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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Patriotismo cívico frente a juras militares

El pasado sábado 17 de septiembre, en plenas ferias y fiestas y con motivo del Centenario de la Aviación Militar, se celebró en la Plaza Mayor de Salamanca una jura de bandera para civiles que merece algunas reflexiones.

No voy a entrar en el lugar de la celebración, ni tampoco en los motivos, que podrían ser tema de otro artículo. Sólo me centraré en el hecho de que se ofreció la posibilidad a civiles de expresar o renovar su patriotismo y fidelidad a España mediante una forma pura y genuinamente militar, es decir, mediante la 'jura' de bandera.

Fui y sigo siendo objetor de conciencia al servicio militar y a la militarización de la sociedad. Quizá por ello y por la firme defensa de lo democrático-horizontal frente a lo jerárquico-militar, de lo cívico frente a lo castrense, he desarrollado una especial sensibilidad para detectar lo que de improcedente tiene este tipo de actos, que la opinión pública pueda presentar como normales. Y no lo son.

La 'jura de bandera' es una práctica militar y no civil. Esto debe quedar claro. Además, la fórmula del juramento es también estrictamente religiosa y no laica. De ahí, la fórmula de jurar o prometer la constitución para los ministros.

Además, la exigencia de 'jurar bandera' a todos los militares, independientemente del rango, incluso a los propios 'reclutas', expresaba no sólo una exigencia legal, como en el caso de algunos cargos del estado, sino, por desgracia y en muchos casos, una desconfianza respecto a lo militar que obligaba a hacer explícito su compromiso por respetar y mantener la legalidad vigente.

Y tenemos, también por desgracia, numerosos y cercanos ejemplos de cómo esa desconfianza estaba sobradamente justificada y cómo ese €œjuramento€ de respeto al orden constitucional podría romperse en nombre de compromisos más abstractos, de patriotismos más telúricos y viscerales que de patriotismos más democráticos y racionales.

Pero, afortunadamente, la situación actual ha cambiado considerablemente. Y el ejército, como institución, se ha ganado o, por lo menos, tiene el respeto y la confianza de los ciudadanos. Y así lo ratifican las distintas encuestas.

Nada de esto quita para que valoremos más el valor cívico y el patriotismo constitucional que el patriotismo militar y que exijamos la supeditación de ese patriotismo militar a valores constitucionales, civiles y democráticos. Y esto no es un radicalismo antimilitarista izquierdoso. Es, sencillamente, patriotismo cívico y orgullo ciudadano basado en principios estrictamente democráticos.

Por eso, es especialmente grave este tipo de actos, porque conceden sin discusión la preeminencia y el monopolio del patriotismo (como si sólo existiese un tipo de patriotismo y fuese exclusivamente militar) al ejército y las fuerzas armadas, de forma que los civiles se vean obligados a utilizar fórmulas militares para expresar su lealtad y fidelidad a la patria. Por eso, no creo que deban celebrarse este tipo de 'juras' de bandera para civiles, ni que las autoridades públicas se presten o las faciliten.

Porque como civil, estoy convencido de que no son los militares los únicos ni quiénes mejor expresan la lealtad y fidelidad a la patria. Los civiles no hemos necesitado de este tipo de 'alardes', ni de manifestaciones puntuales y simbólicas para expresar nuestro compromiso con España y la Constitución. Ejemplo de ello, fueron, las manifestaciones ciudadanas tras el 23F, una muestra de patriotismo, valentía civil y compromiso democrático encomiables, pero también cuantas manifestaciones se hacen en defensa de los derechos civiles, sociales y económicos.

Por eso, mañana volveré orgulloso a mi trabajo y a expresar en él, cotidiana y anónimamente, mi compromiso con la legalidad y el estado de derecho y mi valentía civil, que no es mejor que la de otros muchos ciudadanos, pero tampoco menor de quienes la expresan a través de la 'jura' de la bandera.

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