Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Nunca como hasta ahora

Nunca como hasta ahora una inmensa mayoría social ha mantenido tantas y tan poderosas dudas respecto al objetivo y los resultados de las políticas económicas tanto españolas como europeas. Lo que empezó llamándose políticas de austeridad, pero que no eran otra cosa que políticas de ajuste duro y recorte en gastos con el único objetivo de reducir el déficit público en el plazo más corto posible (asunto más que discutible) nos están conduciendo a un suicidio económico lento y doloroso, que Gaspar Llamazares acertó en llamar “austericidio”.
Los recortes indiscriminados en los gastos, sin tocar radicalmente las políticas de ingresos, están provocando una parálisis económica que se traduce en un descenso imparable de la recaudación pública, lo que obliga a realizar recortes en los gastos más necesarios, aquellos destinados a los servicios públicos.

Al mismo tiempo, las dificultades económicas ponen en duda la solvencia de los países, lo que se traduce en desconfianza y la desconfianza en rebaja de la consideración de la deuda con el consiguiente aumento creciente de los intereses. El respaldo público a la deuda en principio privada (también muy discutible) ha provocado junto con unos intereses abusivos el problema de la deuda que ahora padecemos sumado a los anteriores. Bien mirado, no hay ninguna razón para el optimismo, sino para todo lo contrario: hemos entrado en una espiral que nos conduce a una muerte lenta y dolorosa y las inflexibles políticas económicas de ajuste hasta ahora aplicadas, lejos de evitarla y permitirnos remontar, están acelerando el proceso sin ofrecer ninguna alternativa ni ninguna esperanza.

Nunca como hasta ahora ha estado tan discutida y en entredicho la clase política, y no porque lo diga el juez Pedraz. La llamada clase política parece alejada de las preocupaciones de los ciudadanos, encerrada en sus sedes parlamentarias, incapaz de depurar y asumir responsabilidades en casos de corrupción, más preocupada por asegurarse la presencia institucional y la financiación pública de los partidos o de sus particulares que de los problemas reales. Si resulta indudable que ha habido mala gestión de los recursos públicos, que se han realizado inversiones en infraestructuras sobredimensionadas (AVE, aeropuertos, autovías, etc.) o “invertido” en partidas innecesarias (las declaraciones de Constantino Méndez que ya comentamos en su día son paradigmáticas), que se ha abusado de la representación política en las cajas, etc., también es palpable que la red de justificaciones y entramados tan difícilmente justificables ha permitido que todavía no haya ningún imputado y ninguna dimisión. Con razón se corea “Que no nos representan, que no”.

Nunca como hasta ahora el desempleo, la precariedad y los recortes están llevando a amplias capas de la sociedad directamente a la pobreza o a vivir al límite. Los datos son inapelables y contundentes: La reforma laboral ha incidido aun más en la sangría del paro, desregulación y la pérdida de derechos, las ONGs y los servicios sociales están desbordados, se aprietan más las tuercas con las subidas del IVA, el copago sanitario, el desmantelamiento de facto de la ley de dependencia, los recortes en atención y en servicios sanitarios y en educación, etc. Ya no hay carne para sacar, el próximo tajo llegará al hueso. Y al mismo tiempo está aumentando la desigualdad en España: Mientras los ricos se están haciendo más ricos, se está empobreciendo a las clases medias en un reparto de los costes de la crisis más que injusto.

Por eso, nunca como ahora es necesario y urgente depurar las responsabilidades políticas, económicas y judiciales: Queremos saber quiénes son los responsables de la crisis y que paguen por ello.

Por eso, nunca como ahora es necesario que los ciudadanos rompan la distancia con la política y con los políticos, “rescaten” y “liberen” a los políticos de su “secuestro” en las sedes parlamentarias, para que realicen lo que esperamos de ellos: que se pongan al servicio de los ciudadanos y pongan todos los recursos del estado para proteger a los más desfavorecidos, antes que a la banca. Por eso, nunca como ahora es necesario invertir el sentido de las políticas de ajuste que nos están conduciendo al abismo, denunciar como ilegítima parte de la deuda e incentivar con recursos públicos la economía, la producción, el empleo y poner a salvo los servicios públicos que son de todos y para todos. Por eso, nunca como ahora tenemos que movilizarnos y salir a la calle a reclamarlo. Por eso, nunca como ahora el 14 de noviembre Huelga General.

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