Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

No nos salen bien las cuentas

Se necesita estar muy enfadado, indignado y harto de la escandalosa situación que nos están obligando a vivir, es decir, tan harto como todos los que no hemos vivido ni vivimos de mamandurrias, para escribir y firmar un artículo como el de Nicolás Sartorius en El  País, titulado Vuestro paraíso es su infierno.

No quiero evitar su lectura, que resulta muy recomendable, pero sí comentar algunos datos para calentar el debate. Según Tax Justice Network, la riqueza financiera que se oculta en paraísos fiscales alcanzaría como mínimo una cifra entre 21 y 32 billones de dólares, lo que equivale más o menos al doble del PIB norteamericano. De esta increíble cantidad, no tanto porque no lo sospechásemos, sino porque no alcanzo a imaginarme esa cantidad de pasta, el 50% corresponde a 91000 personas, es decir, el 0,001% de la población mundial. De esta forma, debe resultarnos cada vez más claro que es este “escándalo fiscal” una de las causas de la crisis financiera, pero también, lo que está impidiendo salir de ella en condiciones de justicia social, y provocando, por la vía de recortes de servicios, salarios y derechos, que sea la mayoría social y no esta minoría privilegiada quien sufra los efectos de una crisis financiera que no causaron. Lo hemos dicho varias veces ya, pero no está de más repetirlo. Si la cantidad defraudada tributase en los países respectivos, por ejemplo, en España, tendríamos unos ingresos “extra” anuales de entre 60000 y 75000 millones de euros, con lo que cubriríamos varias veces los intereses que pagamos por nuestra deuda o cubriríamos el déficit de este año.

 

Pero no se trata solo de economía sumergida y evasión fiscal, que ya es grave, sino del desequilibrio tributario consentido y respaldado por los poderes públicos, legal, por tanto, pero injusto e ilegítimo, a todas luces: Mientras la presión fiscal sobre las personas físicas, es decir, sobre las rentas del trabajo, alcanza una media del 40%, las rentas de capital y, sobre todo, los impuestos de sociedades, especialmente de las grandes empresas, no llega al 15%, frente al 30% fijado, gracias a bonificaciones y exenciones fiscales. En definitiva, que aquí solo paga quien no tiene, y quienes podrían y deberían hacerlo proporcionalmente a sus ingresos y ganancias, no lo hacen. Y, como novedad para este año, el ministro Montoro ha anunciado que podrán deducirse fiscalmente las pérdidas de juego en casinos por la ruleta y el bingo. No es una broma. Pero no es una novedad y nadie ha expresado la más mínima objeción al hecho de que puedan deducirse también ingresos en planes de pensiones privados. De esta forma, se cuestiona la sostenibilidad del sistema público de pensiones, mientras se fomenta por la vía fiscal los planes privados. Resulta un contrasentido para cualquiera, pero es una práctica aceptada y compartida.

 

Y para completar la última guinda de esta estafa consentida por los poderes públicos está el arma de la deuda. La deuda pública española que era del 35,5% del PIB en 2007 ha crecido hasta el 84,1%, merced a la sinvergoncería especulativa del agencias de calificación, que han subido los intereses desproporcionada e incomprensiblemente, pero, sobre todo, por la conversión en pública, al ser asumida por el estado y, en definitiva, por todos, de la deuda privada.  Diagonal elaboraba el otro día un gráfico muy clarificador del ciclo de la deuda.

 

Así que, está claro que nos salen bien las cuentas. Y no solo en el cálculo del déficit, porque se haya recurrido a la artimaña contable de contabilizar las devoluciones de 2012 en 2013, que es una práctica frecuente y consentida, es que la política de restricción de gastos o de recortes en sanidad, educación, dependencia, pensiones, etc. ha aceptado vivir en una sociedad con una tasa de desempleo del 27%, es decir, ha decidido excluir a los 6 millones largos de parados que tenemos en España. No cuenta ni contará en el futuro con sus aportaciones al IRPF, al IVA, etc. porque ha supuesto que no existen. Simplemente, no cuentan. Así que, el resto de los afortunados que todavía conserva su empleo, debe sufrir los recortes en servicios que la falta de aportaciones de 6 millones de parados han dejado de efectuar.

 

De ahí que resulte más que nunca necesario hacer pedagogía y movilizar a la sociedad para explicar que hay alternativas económicas, sociales, democráticas y ecológicas al austericidio. Que se puede y se debe hacer una reforma fiscal justa y que garantice la suficiencia financiera, que se puede y se debe auditar la deuda y rechazar el pago de la deuda ilegítima, que se debe y se puede invertir en sectores estratégicos y garantizar servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación, la dependencia y el respeto al medioambiente y que se puede y se debe generar empleo y regenerar la vida política. Claro que hay alternativas, pero no con este gobierno.

lanomalia.blog@gmail.com

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