Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

No es ahorrar, es robar

Cuando Saramago en El Evangelio según Jesucristo analiza la figura de José, el padre de Jesús, un personaje menor tanto en la historia como en el propio texto, me sorprendió desde el principio su enorme humanidad. Saramago presenta a José como un hombre atormentado, que no puede dormir, asaltado constantemente por pesadillas, un hombre que ha ejecutado su destino, que ha seguido los designios de Dios, pero que se siente responsable por omisión de la matanza de los inocentes, algo que, si lo hubiese sabido, lo habría podido evitar, pero que no supo ver.

Y es después de su salvación y la de su familia, cuando se siente responsable de tanta muerte y de tanto sufrimiento, con un remordimiento que nadie puede aliviar ni perdonar. Y, sin embargo, José no ha hecho otra cosa que seguir el dictado divino de huir a Egipto, pero no avisó del peligro, no hizo correr la voz de alarma de lo que se avecinaba. Lo sorprendente es el enorme peso de la responsabilidad, de asumir sin excusas los propios errores que posee José, es decir, su enorme humanidad y moralidad, frente a la más absoluta indiferencia, falta de responsabilidad, de remordimientos, de humanidad, en definitiva, de Dios.

José asume trágicamente que ha antepuesto el mandato religioso, un mandato interesado que le urgía a salvar a su propia familia aun a riesgo de que pereciesen todos los demás, siendo niños e inocentes, frente al mandato moral de humanidad, de respeto a todos los seres humanos, y eso lo incapacitaba para seguir actuando como hombre en lo sucesivo. Sigue vivo, pero su historia ha llegado a su fin. Sobrevive, pero no puede seguir viviendo entre los hombres. Vive en su propio infierno y ha puesto fin a su vida humana. Parafraseando a Aristóteles, podríamos decir, que puede seguir viviendo como un dios o como una bestia, pero nunca ya más como un hombre.

El consejero de economía de Cataluña Andreu Mas-Colell ha anunciado los recortes que perpetrará en los próximos presupuestos de 2012 de los que destacamos dos: el copago sanitario (con el que pretende recaudar 100 millones) y otra nueva bajada salarial a sus funcionarios (con las que pretende recaudar entre 300 y 600 millones). Y esto sin contar el desaguisado de adelantar el descuento del IRPF sobre la extraordinaria de diciembre todavía no cobrada. También Portugal ha aplicado un recorte significativo a las dos pagas extra de los funcionarios ya desde este diciembre. También Rajoy ha expresado que la situación es difícil y ha anunciado más sacrificios.

El problema es sobre quiénes van a recaer los sacrificios. Porque la realidad y la sociedad española ya vive o no ha conocido otra cosa que sacrificios: Según la Agencia Tributaria, el 60% de los españoles percibe menos de 1000 ‚Ź al mes (de los cuales la mitad cobra menos del salario mínimo). Y este porcentaje que en 2011 ha llegado al 60 viene creciendo desde que se inició la crisis, pero no bajó del 52 % ni en tiempos de bonanza. Y los pensionistas también lo saben de primera mano: Así, la pensión contributiva media (porque si incluimos las no contributivas, la cifra ya pasa de preocupante a escandalosa) es de 917, 53 ‚Ź (en Cataluña, 837,57 y en Castilla y León 789, 01). Si tenemos en cuenta que el salario medio en España es de 22.511 ‚Ź, y el número de personas que cobra menos de 1000 ‚Ź al mes entre trabajadores, desempleados, pensionistas y quienes reciben una pensión no contributiva, podemos entender muy bien eso de que hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas.

Pero, sobre todo, resulta insultante que a este tipo de medidas lo denominen ahorro. Porque no lo es. Ahorrar es reservar dinero cuando has satisfecho todas tus necesidades y cumplido tus obligaciones. Y este no es el caso. Aquí, se ahorra porque se le mete la mano en el bolsillo y se les quita de sus salarios a los funcionarios o de sus prestaciones sanitarias. Y menos aún lo pueden llamar sacrificio.

Porque esta crisis, que se ha producido por la desigualdad, ha aumentado las diferencias entre los españoles (Ver) hasta llegar al extremo de convertirse en una verdadera fractura democrática y moral. Si no, resulta inconcebible que alguien exija el copago sanitario a la mayoría social de este país, o que no llegue a entender que un solo euro por receta es un descabale y una ruina para esa mayoría que llega con dificultad a mitad de mes. Si no lo ven o no saben verlo y, sobre todo, si no tienen remordimientos, quizás tampoco merezcan seguir como seres humanos en la vida política.

Y menos presentarse como el prototipo de oferente, y por el bien de España nada menos. Como el señor Zapatero que abandona la Moncloa con un salario de 150 mil euros (Ver) dejando a los inocentes a su suerte. Vaya desde aquí mi solidaridad con todos los inocentes y un deseo navideño o lo más parecido a un deseo navideño del que soy capaz: tal como están las cosas. Si logramos que no nos azoten, como dice José María Izquierdo, ya es bastante.

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