Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Los sobrantes

Tenía pensado hablar de educación y de filosofía y de cómo queda filosofía en la educación secundaria con la LOMCE, sobre todo, con la convocatoria de huelga general en todos los sectores de la enseñanza para este jueves 9 de mayo, pero he pensado que estos son temas recurrentes, inactuales, que diría Nietzsche, y ahora estamos en tiempos de urgencia y premura, de necesidades perentorias, de hoy para ayer, y es obligado marcar prioridades.

La semana pasada se consumó el desalojo definitivo de una cuadrilla de rumanos que habían ocupado un edificio prácticamente en ruinas en el Paseo de la Estación de Salamanca.

 

Primero, les habían talado árboles y arrasado el jardín más allá de lo exigible a su mantenimiento, y después llegó la orden de desalojo. La casualidad, que muchas veces invierte el orden de su tercera y cuarta letra, la causalidad, digo, hizo coincidir esta orden con los días más fríos del mes. Y esa mera coincidencia puso fin a una ocupación consentida, por la voluntad expresa de hacer “invisibles” a los excluidos, a los sin trabajo, sin patria, sin casa, sin recursos, sin nada. Así que, resultaba difícil taparse con tan poco y con tanto frío fuera. Es seguro que en estos escalones de la miseria, donde no hay amparo posible más que la supervivencia urgente y ciega, se den situaciones de explotación extrema como dibujó con viveza Saramago en Ensayo sobre la ceguera. La miseria, como el hambre, tiene esas cosas.

 

Además, si a la exclusión extrema se le une la condición de extranjero, pobre y rumano, ni la condición de invisibles ni la de excluidos es suficiente, habría que hablar estrictamente de “sobrantes”. Y aquí la clave es tomar la perspectiva desde la distancia o desde la empatía, desde la indiferencia y el rechazo o desde la solidaridad doliente. Reconozco que, desde el punto de vista filosófico y también educativo, me he preguntado muchas veces por las experiencias que condicionan esas tan diferentes actitudes y no he llegado a encontrar una respuesta concluyente.

 

Pero el hecho de encontrarnos cada vez más ante un número mayor de población sobrante, especialmente en este primer mundo que considerábamos tan indemne a estas situaciones, posee una urgencia atronadora. Pido disculpas por este “nuevo crimen contra la filosofía”.

 

Bien miradas las cosas, a este sistema, a esta Europa, a esta España y a esta Salamanca, en esto que podríamos llamar el “capitalismo real”, como distinto del teórico, le sobran cada vez más personas y más cosas. No solo le sobra la población inmigrante, incluso la europea, si no dispone de trabajo; le sobran,  y en España lo hemos sabido la semana pasada, nada más y nada menos que 6202700 personas; sobra en lo que antes era el sistema público de salud todos los no asegurados, incluso los beneficiarios, los sin papeles, los que han agotado el permiso de residencia, los que no han cotizado y ya pasan de los 26 años, etc.; le sobran los que toman fármacos  por pura maldad; le sobran todos los alumnos con dificultades de aprendizaje, los que no se esfuerzan y los que sí; le sobran materias escolares como la filosofía, la ciudadanía, la plástica o la economía, etc.; le sobran todos los ciudadanos caprichosos que se empeñan en vivir en núcleos de población periféricos a los que no resulta rentable llevar ni el trasporte, ni la educación, ni la sanidad, ni las urgencias, ni otros servicios públicos considerados de primera necesidad; le sobran en proporción y cantidad que está determinándose todavía, pero es claro que le sobran, un montón de jubilados y jubiladas que se empeñan en continuar viviendo, incluso con buena salud, más allá de lo que se considera conveniente; le sobran profesores, médicos, funcionarios (en Portugal, sin ir más lejos, van a despedir nada más y nada menos que a 30000, que se dice pronto, para que la “cosa” funcione pero sin funcionarios, que no deja de ser un galimatías); sobran jóvenes por supuesto, tanto cualificados como sin cualificar, al mayor o al detal, pero sobran y más del 57 %, y eso que el índice de natalidad es de los más bajos del mundo; sobran mujeres, sobre todo, si tienen veleidades de querer decidir sobre su maternidad, más allá de lo que establece la santa madre iglesia; sobran ahorradores arruinados por no entender que las preferentes no eran “su” negocio; sobran casas vacías y sobran hipotecados morosos y sin recursos que tendrán que ser desahuciados por “pura lógica económica”; sobran salas de cine, bibliotecas; sobran lectores; sobran municipios y alcaldes y sobra democracia; sobra un tan largo etcétera, que temo dejar a alguno sin citar.

 

Así que, la crisis consiste simplemente en eso: concienciar a toda esa ingente población de su condición de sobrantes para que adopten alguna “resolución patriótica” como la movilidad exterior o el suicidio; para que definitivamente sobre esa inmensa montaña de desperdicios y escoria, pueda emerger al fin un mercado totalmente eficiente, sin alteraciones, ni trabas, ni intervenciones; un mercado arcádico ya sin tanta perniciosa anomalía. Y a eso están.

lanomalia.blog@gmail.com

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