Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Los cazadores de elefantes

En estos días primeros de año, en los que resulta tan difícil negarse al tradicional “feliz año” y al mismo tiempo reconocer lo vano del deseo, se hacía el encontradizo conmigo el impactante cartel publicitario de Caja Rural: Una enorme planta de pie calzando un elegante zapato a punto de aplastar a un ciudadano menguante y desprotegido con el lema: “Cuanto más grande sea tu banco, más pequeño hará que te sientas”. Claro, que esto en un proceso de fusiones de bancos en quiebra para conseguir ser “lo bastante grandes para no dejarlos caer”, más que focalizar el mensaje en las bondades de la Caja Rural, se me presentaba como una visión de futuro. Además, el parecido con el porvenir pensado por Orwell en 1984, que ya cité en otra entrada anterior, resultaba más que razonable; ya ni siquiera nos quedaba una vida de hombres-cucarachas desprotegidas, sino aplastados cada vez más.

Y recordaba también la otra campaña publicitaria de Banesto, en la que tras un pasado nada honroso junto Mario Conde, hoy comentarista-todologo de la TDT party con capacidad de moralizar y sermonear desde su intachable integridad de delincuente, también alardeaba de ser “Como debería ser un banco”. Porque dejaba claro (y lo decía de muy buena tinta) que ningún banco de los actuales actúa, ha actuado o piensa actuar como debería. Por eso, me resultaban tan sorprendentes estas campañas publicitarias, porque, queriendo cubrirse ellos, dejaban al descubierto las vergüenzas del resto de la banca. Así que, la verdad, me pareció increíble que tras esta campaña de Banesto de regeneración de la “ética bancaria”, al final acabase por ser la última, porque al parecer terminará siendo absorbido definitivamente por el Santander, de forma que cerrará 700 oficinas y pondrá en la calle a un número todavía no precisado de trabajadores, lo que significará un ahorro de 237 millones de euros en la partida de gastos de personal y se estiman también unas “sinergias (ahorro más ingresos) de 520 millones”, signifique esto lo que quiera significar.

 

No es por verlo todo negro, pero es que el futuro no sólo ya de los hombres-cucaracha, sino de los “bancos-como-deberían-ser” no parece nada esperanzador.

 

Por no hablar de la monarquía. Porque, para quienes tengan ya algunos años, con la entrevista al rey de Jesús Hermida, no dudarán un segundo en considerar que han vuelto con fuerza los tiempos del NODO. La entrevista quería servir de espaldarazo definitivo a toda una campaña mediática para “rescatar” la figura del rey y la institución de la monarquía por parte de los de siempre, que les va mucho en ello, pero no parece que haya logrado los objetivos previstos. Estoy siendo comedido. Porque, lo que de veras me recordó fueron las imágenes del “caudillo”, que fue al fin y al cabo su predecesor en el cargo, pescando enormes salmones o cazando ciervos de incontables puntas en su cornamenta, que caían inmediatamente abatidos de un certero disparo. Luego se descubrió definitivamente, y se hizo explicito con nombres y apellidos incluso, que todo era un montaje, como, por otra parte, quedaba bien a las claras que tanta proeza, precisión y fortuna no podía ser más que amañada.

 

Porque uno de los defectos más repetidos entre cortesanos y aduladores es justamente ese: la desmesura. De tanto ensalzar, alabar, consentir, rebajarse, babear, etc. no consiguen con sus esfuerzos diligentes y serviles otra cosa que recargar más de floripondios el traje que dicen sentarle tan bien al monarca, pero que en realidad solo hacen más explícita y a cada vez a más niños la desnudez del rey.

 

Así que no faltaba nada más que Rodrigo Rato aceptase levantarse 200.000 euros de nada, sin dedicación exclusiva, siendo consejero de Telefónica junto a otros próceres. Que César Alierta le “devuelva el favor” de proponerlo a la vista de sus resultados no es sorprendente, pero que Rato no crea que tiene el deber moral de rechazarlo, no ya porque tenga problemas legales pendientes por ser responsable del despido de más de 5000 empleados en Bankia, de la reducción salarial del 40% al resto, por la pérdida de más ocho veces del valor de las acciones y por acaparar la ayuda del estado y del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que lo pagamos todos, es una muestra más del descaro y desvergüenza con que operan estos individuos.

 

Así que, no solo podemos conocer ya nuestro futuro: ser aplastados cada vez más, sino que podemos conocer también quiénes son los que calzan las botas que nos aplastan, que no son otros que los cazadores de elefantes.

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