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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Lo que no podemos permitir

“Lo que se ha demostrado con esta crisis es que España cuenta con un estado de bienestar que no se lo puede permitir”. Declaraciones de Manuel Llamas, Director de “Libre Mercado” Libertad Digital. Entrevista con Jordi Evole en Salvados de la 6.
Esta podría haber sido una de las conclusiones a las que podríamos haber llegado muchos de los que estuvimos en la presentación de ATTAC Castilla y León en el Centro Cívico Julián Sánchez el Charro de Salamanca este sábado 24 de noviembre pasado con el frío que pasamos sin calefacción y sin personal encargado de encenderla. Parece como si nos hubiéramos preocupado de endeudarnos hasta las cejas en construir edificios sin que después se cuente con presupuesto, no sólo para la realización de actividades, sino para costear su simple mantenimiento. La lista es larga y en Salamanca podría también si enumeramos solo eso que se dio en llamar “contenedores culturales”. Pero, no.

Quienes estuvimos escuchando a Agustín Turiel, Oscar Carpintero, Carlos Sánchez Mato y Daniel Vila salimos con la opinión bien contraria: la confirmación segura de que esta crisis es una estafa y de que es necesario desmontar esos tecnicismos economicistas con los que nos quieren hurtar 1º, nuestra comprensión adecuada del problema y, 2º, nuestra capacidad de decidir democráticamente. Y no otros son los objetivos de esta asociación.

Porque no es cierto que en España hayamos tenido nunca eso que se conoce como “estado del bienestar” (a lo sumo, como dice frecuentemente Gaspar Llamazares, “estado del medioestar”), pero lo más importante es saber no si “nos lo podemos permitir”, sino, primero, si “nos lo queremos permitir”. Y este es un punto central, porque atiende a nuestra decisión democrática, que los gobernantes deben saber interpretar y ejecutar. Y el sentido es claro: Todas las protestas, toda la indignación social y todas las movilizaciones se resumen en esto: Queremos una educación y una sanidad pública universal y queremos una protección social que nos garantice una vida digna. Como explicaba muy bien Agustín Turiel, un sistema tributario justo es aquel instrumento que debe garantizar la suficiencia económica del estado y, por tanto, es el sistema tributario el que debe modificarse para asegurar que cubra los gastos que democráticamente hemos decidido que son indispensables (aquellos que destinamos a los servicios públicos básicos) y de forma justa, es decir, asegurando que pague quien tiene que pagar (y, en consecuencia, que pague más quien más tiene) y que redistribuya la riqueza.

Y si ahora no asegura que se cubran los gastos que todos consideramos indispensables, debemos exigir que lo haga. Y vemos que eso no es lo que se está haciendo: ni se están recuperando o estableciendo una nueva imposición sobre la riqueza, ni estableciendo nuevas figura impositivas (como el Impuesto sobre Transacciones Financieras, ITF, que constituye la reivindicación fundante de ATTAC), ni dotando de medios materiales y humanos, pero también legales suficientes para perseguir el fraude y el delito. Véase cuánto pagan las grandes empresas tecnológicas, por ejemplo, que luego pasan por grandes filántropos.


Así que, políticamente, debemos utilizar todos los medios a nuestro alcance para que podamos conseguir, no todo lo que queremos, pero sí lo que creemos que es indispensable. No podemos permitir que sean otros quienes nos digan lo que podemos o no podemos permitirnos. Porque ¿De verdad pretenden hacernos creer que no podemos permitirnos mantener un servicio de urgencias rural o un servicio de “teleasistencia” en el domicilio para los mayores que viven solos? ¿De verdad pueden decirnos que no hay dinero tampoco para programas de igualdad, ni para proteger a las víctimas de malos tratos? ¿Y, lo más grave, de verdad pretenden hacernos creer que sin dinero pueden mantenerse esas políticas?
Y, nos dirán, sí, pero si lo privatizamos o si lo hacemos recaer en los usuarios (que deberían ser simplemente beneficiarios, como corresponde a ciudadanos con derechos).

Y, de pronto, como por arte de magia, donde decíamos que no había dinero ni financiación para nada, surge el dinero de entre las piedras para hacerse con los servicios públicos privatizados: hospitales, centros cívicos, colegios, servicio de recogida de basuras, agua, etc. 
Aquí está la estafa: No nos podemos permitir disfrutar como derechos lo que ellos están dispuestos a ofrecer como negocio. Y eso justamente es lo que no podemos permitir.

Comentarios

cpb 28/11/2012 00:21 #1
Lo que no se puede imaginar es que este estado del medioestar (yo lo llamo del despilfarro) se pueda mantener en el tiempo. Don Antonio, todo eso que hoy no se puede mantener es lo que se dimensionó en la época del boom, y es imposible mantenerlo cuando el globo ha estallado. Recuerda cuando había dos millones de parados (en 2005-2007), y necesitábamos inmigración "ya que los españoles no estaban dispuestos a hacer ciertos trabajos" los inmigrantes eran necesarios "para pagarnos las pensiones". Cuantas tonterías oidas. Hoy soportamos las consecuencias de tanta memez, la ruina de un empresariado semi analfabeto al que aprovechando su incultura se le hizo creer que las inversiones siempre eran rentables y sobre dimensionó brutalmente su negocio. Triste, pero, como se dice en otro blog, habra que salir de esta quizás mirando a la cultura. Un saludo.

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