Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Lo que el desprecio y la prepotencia esconden

Estoy tratando de comprender más allá de la indignación inmediata que produce el hedor de los papeles de Bárcenas y de la injusta generalización que pretende hacerse con todos los políticos, pero me resulta difícil.

La indignación se mueve en tres frentes. Primero: ¿Cómo es posible que el tesorero del PP durante más de 20 años, el hombre al que habían confiado las cuentas, haya podido evadir más de 20 millones de euros sin que nadie, ni hacienda ni los miembros de su partido, sospechasen nada? Y, sobre todo, ¿cómo es posible que el PP dé por bueno construir su defensa queriendo desvincularse de quien lleva pegado a sus cuentas como una lapa durante tantos años?

 

Segundo: No solo resultan preocupantes los pagos de sobresueldos, legales o ilegales, en negro o declarados; lo preocupante también son los ingresos (quiénes los hacen y en qué cuantía). Pero, sobre todo, resulta bastante difícil aceptar que quienes se premian con sobresueldos tengan legitimidad para aplicar recortes en los servicios públicos, los derechos y los salarios ya de por sí ajustados de los trabajadores, en nombre de unas políticas de “austeridad” que ni ellos practican y que nos está conduciendo a la ruina a la gran mayoría. Aunque todo fuese perfectamente legal y hubiese tributado, no es aceptable. Tercero: Al margen del “papelón” de Dolores de Cospedal en la rueda de prensa de la semana pasada y de la negación sin explicaciones de lo evidente que fue la declaración institucional de Rajoy del sábado, y que nadie parece haber creído (me basta sin más el análisis de Iñaki Gabilondo); respecto a las formas, ¿de verdad que todo el impresionante equipo de comunicación del PP no fue capaz de elaborar otra estrategia de información distinta que una declaración institucional televisada y sin preguntas? Porque muy mal deben estar las cosas entonces. Porque,  más que nunca, aquí el medio es el mensaje. Así que han dejado a Rajoy en la difícil situación de tener que dar explicaciones delante de la canciller alemana. Otro papelón.

 

Pero lo que me resulta más preocupante es la generalización a todos los partidos y a todos los políticos. Sobre todo, por lo que conozco de los concejales y otros cargos públicos de IU, que realizan una actividad política llena de obstáculos, de impedimentos, de ataques personales y de “olvido” sistemático en los medios de comunicación, pero una labor política llena de dignidad, de ejercicio militante de democracia para trasladar y hacer trasparentes, tanto las decisiones como las repercusiones de los actos de gobierno, que los equipos de gobierno pretenden soslayar; de extender la participación y el control democrático a los ciudadanos; de arbitrar y construir propuestas que pongan el foco y la atención preferente en quienes más lo necesitan. Y todo esto desde las exigencias que implica el estatuto de cargo público de esta fuerza política que les obliga a entregar todas sus remuneraciones a la organización (art. 94 de los estatutos de IU). Pero tampoco nada de esto conviene decirlo a quienes deberían.

 

Y me empeño en tratar de comprender y no lo consigo. Porque recuerdo la complicidad infantil y el “colegueo” de las conversaciones de la trama Gürtel con los dirigentes valencianos, la frescura procaz con que “presuntamente” modifica su firma el Duque de Palma en algunos correos, esa sensación de impunidad y de estar por encima del resto de los mortales, de estar al fin en el mejor de los mundos posibles. Pero también la escasa dificultad con que los corruptores logran descubrir los “puntos débiles” de los corruptibles y lo tremendamente previsible de los deseos con que llenan ese mundo inalcanzable y feliz: trajes a medida, bolsos, fiestas de cumpleaños, viajes, coches deportivos que malogran enseguida como Ricardito Costa, prostitución de lujo o menos lujo (en el caso más conocido de DSK), o el gran comodín del dinero en paraísos fiscales.

 

Resulta todo tan previsible y limitado que a la fuerza tienen que establecer signos convencionales de exclusividad y de rangos. Y aquí surge sin más el “ingenio español”, castizo pero eficaz: los sobres con dinero. ¡Qué forma tan efectiva de establecer jerarquías! Simplemente, estás en el club de los sobres o no lo estás.

 

Así que ahora sabemos de dónde surge la prepotencia con la que Aznar por ejemplo despreciaba a la oposición minoritaria, tan alejada para siempre de sociedades interpuestas con nombres impronunciables o de bodas principescas en El Escorial. La misma con la que el Sr. Fdez. Mañueco, a la sazón Alcalde de Salamanca, se niega no sólo a recibir sino siquiera a contestar a Izquierda Unida de Salamanca. Claramente, estamos fuera del círculo de privilegio de los sobres.

 

lanomalia.blog@gmail.com

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: