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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

La anomalía

Sobre la verdad y la realidadNo son pocas las ocasiones en las que la actualidad política se inmiscuye no solo en la filosofía política, sino en la metafísica pura y dura. Y esta semana pasada es una buena prueba de ello.Primero. Este sábado pasado me encuentro al venir de la compra con nuestro alcalde, Alfonso Fernández Mañueco, el concejal de Fomento, Carlos García Carbayo y el Delegado de la Junta de Castilla y León, Bienvenido Mena Merchán, rodeados de periodistas dando por inauguradas y concluidas las obras del Paseo de la Estación y Plaza de España. Todo en un ambiente jovial, repletos de satisfacción por el trabajo bien hecho, sentando verdad sobre el asunto, sin el menor atisbo de sombras.
Así, pensaba con Nietzsche en la naturaleza de este tipo de verdades construidas, fruto del consenso complacido de todos. Mejor pensar así, decir y convencernos de que ha sido así que ser escrupuloso con los hechos: ¿Para qué darle más vueltas al asunto? ¿Qué vamos a sacar con ello? Y, además, no beneficia a nadie (y cuando digo “nadie”, me refiero en este caso a quienes están en el poder). Así que, como en el anuncio, terminamos aceptando barco como animal acuático y todos tan conformes.

Al menos, han tenido la precaución de no darle mucho bombo, de “pedir disculpas” (que está tan de moda), pero solo por el retraso y de felicitarse por el fin de unas obras que resolverán el problema de las inundaciones en el Paseo de la Estación. Nada de la modificación del proyecto cuando estaba parcialmente ejecutado, nada de su desmonte, nada del sobrecoste por las rectificaciones, la sustitución del mobiliario y del material, nada de que las obras aun distan de estar terminadas. Se dijo que las obras acababan en agosto de 2012 (cuando deberían haber terminado en julio de 2011) y las obras se han acabado. Que sigan todavía trabajando es un detalle sin importancia que no va a impedir que resplandezca la verdad. La mentira construida para ser verdad y la verdad silenciada por siempre por falsa.

Como el banco malo construido con lo que los malos bancos no son capaces de digerir y que por arte de magia, convierte en buenos a todos los malos. ¡Y que luego haya gente que no crea en la transustancialización! A la vista de todo esto, resulta mucho más creíble.

Segundo. En una entrevista en ABC, Mariano Rajoy se justifica por el incumplimiento flagrante de su programa con una afirmación tan contundente que fue inmediatamente rescatada para el titular: “quien me ha impedido cumplir mi programa electoral ha sido la realidad”. Otra vez a vueltas con la metafísica. Ya me había advertido mi madre que me cuidase, no de los idus de marzo, sino de la metafísica, que esto de pensar mucho nunca ha traído a cuenta y te puede volver tarumba, pero es que no hay manera: la metafísica sale a mi encuentro por todos lados.

Así que, no es la economía, sino la realidad lo que le ha impedido cumplir su programa electoral y se ha visto obligado a subir impuestos, el IRPF y el IVA (teniendo tan frescas todavía las hemerotecas y las consignas de doña Esperanza Nomasiva). Especialmente esto, porque los recortes que permiten “adelgazar al estado”, aunque sea a costa de recortar derechos y salarios, parece que los da por bien empleados, no sé si haciendo suya la muletilla de “que se jodan” o amparándose en la pérfida Merkel.

Y lo cierto es que, si lo piensas, siendo la realidad la que te obliga, a la fuerza tienes que estar disculpado. Es más, te debe subir una aureola de persona y político realista que ni te cuento. Claro que la realidad, según él, son dos puntos de desviación del déficit que el perverso gobierno anterior, culpable de todo como es sabido, le había ocultado, aunque fuesen las CCAA gobernadas por ellos las más mentirosas (tampoco va ese detalle a ocultar la verdad). Ya lo decía Zubiri, la realidad, además de formalidad y de contenido, posee eso que se llama “fuerza de imposición de la realidad”.

Pero, si la realidad le ha impedido cumplir su programa, nos ha desvelado ahora una verdad que, aunque pretendía esconder, la ha dejado dolorosamente al descubierto: su programa era totalmente irreal, fantástico e ilusorio. Y, ante la imposibilidad real de reconocer que un presidente de gobierno sea un iluso, hemos de terminar reconociendo que el programa electoral con el que se presentó era un engaño manifiesto y que todo el conjunto de medidas neoliberales son irreales, fantásticas, irrealizables sin generar sufrimiento a la mayoría. Vamos, una verdad que sólo puedes aceptar por fe. ¡Para que luego digan que no sirve para nada la metafísica!

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