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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Filosofía también después de la LOMCE

El PP sigue aplicando su programa, el verdadero, no con el que se presentó y ganó las elecciones, de una forma sistemática y demoledora. 

Parecen un superbombardero que vaya dejando caer bombas de racimo que se esparcen hasta alcanzar a la población civil, desprevenida, inocente e indefensa, y la persiguen sin descanso hasta donde se creía a salvo y segura. La ofensiva está alcanzando poco a poco todos sus objetivos provocando daños masivos, permanentes y, en muchos casos, irreparables. No dejan nada a salvo: en la atención sanitaria, tras los recortes iniciales de impacto,  continúan las explosiones en racimo, persiguiendo a los pacientes en los hospitales y a quienes se han visto obligados a buscarse el futuro fuera de su país; la reforma laboral continua dando vueltas de tuerca para devaluar más y más las condiciones laborales; la reforma de las pensiones, siempre provisional y revisable, y que ya extiende sus efectos con un mecanismo de relojería implacable hasta más allá de 2020; la reforma educativa ya aprobada, de la que iremos sufriendo detonaciones parciales más nocivas hasta 2016; la agencia tributaria convertida en manos de Montoro en un instrumento de amenaza y represión y no de recaudación; la ley de orden público que persigue y sanciona penalmente el ejercicio legítimo de la manifestación, la protesta y el descontento en las calles, y, por último, la ley del aborto que se inmiscuye y pretende controlar el ámbito de la conciencia privada.

 

A estas alturas, ya no cabe duda de que el PP utiliza la mayoría absoluta y gobierna solo para los suyos, y cada vez tenemos mejor identificados quiénes son los suyos.

 

Y la filosofía está bien a las claras que no lo es. Vinculada por la LOE a la ciudadanía, la LOMCE no ha dudado en abrirla en canal, hacer una limpieza ideológica en profundidad, desmontarla y hacerla retractarse de todas sus tentaciones, para desactivarla y ponerla en circulación inerme, convertida en una “María”. Resulta imprescindible en este sentido leer los comentarios de Ángel Gabilondo, Antonio Campillo y de José Luis Pardo en “La filosofía aprende a vivir como maría”. No voy a repetir aquí los argumentos que comparto. Primero y con carácter de urgencia, se extirpó de la Enseñanza Primaria y Secundaria la Educación para la ciudadanía, cuando a todas luces, como señala Adela Cortina,  en la enseñanza de la ética no basta un tratamiento transversal  y ya se había consensuado la necesidad de dotarla de contenidos propios en la ESO. Su desaparición, desactivación o subordinación a la religión, hay que entenderla justo en la clave de su pretensión de formar ciudadanos y no acólitos. Un pecado imperdonable, sin duda.

 

Pero, en segundo lugar, la desaparición de la Historia de la Filosofía como materia común y su consideración de optativa para una modalidad de bachillerato, constituye un atentado cultural e intelectual cuyas consecuencias pueden ser irreparables. El pensamiento, la reflexión crítica y la formación de ciudadanos es sustituida aquí por la mejora de la empleabilidad (menuda palabrita, por no decir insulto), la exigencias y necesidades del mercado de trabajo y el desarrollo del espíritu emprendedor. Léase también el oportuno comentario de José Luis Pardo en “¿Para qué sirve esta empresa?”. En coherencia a la previa formación de acólitos, el bachillerato proporcionará el complemento necesario de emprendedor, y español, ¡faltaría más!

 

En este horizonte de “humanidad”, o mejor inhumanidad, al que pretenden abocarnos, la filosofía les sobra y no tiene cabida. Resulta tan incómoda como lo era Sócrates para los atenienses de su época, siempre atareados en sus negocios, y a los que, una y otra vez, les inquiría para que se ocupasen de su alma y de su vida, que era lo verdadero  y único importante. Porque solo una “vida examinada” merece el nombre de tal como vida humana y la única digna de ser vivida. No acierto a ver qué consecuencias tendrá esta “castración filosófica”, pero me temo lo peor, porque creo, como señalaba acertadamente Bertrand Russell que, mientras el valor de las ciencias repercute en todos, el valor de la filosofía, en cambio, solo produce efectos en quienes la estudian.

 

En ese regalo de película que es Ce n’est qu’un debut, que relata un taller de filosofía con niños de 4 y 5 años, la profesora enciende ritualmente una vela para “hacer filosofía”, para hablar y pensar libremente sobre asuntos que nos preocupan como seres humanos. Ahora, la LOMCE pretende depurar sus contenidos y reducirla a mero testimonio. Cuando hasta Javier Marías, que no es un peligroso revolucionario, habla en “La baraja rota” de “desobediencia civil” y hay llamamientos a realizar “objeción de conciencia” ante la LOMCE, creo que está más que justificado, por mi parte, seguir manteniendo encendida la vela.

lanomalia.blog@gmail.com

Comentarios

historiccentrehouse 30/03/2014 09:07 #1
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