Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Empezando a construir un nuevo proceso constituyente

Esta semana hemos vuelto a oír de Rajoy la defensa a ultranza de esta España de reformas. La actual legislatura del PP pretende basarse en un reformismo vertiginoso a golpe de decreto ley bajo la consigna de que es mejor hacer algo que no hacer nada.

Se nos explica que son “reformas estructurales” absolutamente necesarias e indispensables para “salir de la crisis”, que no nos queda otra y que por eso no hace falta el  Parlamento. Lo novedoso es que, a pesar de lo mostrencos que son los datos contrarios, en los que la última EPA es demoledora, Rajoy ha anunciado ahora que “están empezando a dar sus frutos”.

 

Y, claro que están dando ya sus frutos: la semana pasada conocimos sus efectos demoledores sobre las listas de espera para el Hospital Universitario de Salamanca, por ejemplo, pero también sabemos que cada vez son más las familias que viven la angustia de enfrentarse a decisiones imposibles: la calefacción, la casa o la comida.

 

No se trata, por tanto, con esta defensa del reformismo, de “cambiar algo para que todo siga igual”, porque resulta manifiesto, que se están introduciendo cambios para que los servicios públicos se deterioren para la mayoría a cambio de que obtengan beneficios, legales o ilegales, una minoría.

 

Por eso, recordaba ese discurso enmascarado de Descartes en el Discurso del Método en contra de las reformas parciales: “Muchas veces sucede –nos dice Descartes- que no hay tanta perfección en las obras compuestas de varios trozos y hechas por diferentes maestros como en aquellas en que uno solo ha trabajado. Se ve, en efecto, que los edificios que ha emprendido y acabado un solo arquitecto suelen ser más bellos y mejor ordenados que aquellos otros que varios han tratado de restaurar, sirviéndose de antiguos muros construidos para otros fines”, junto a afirmaciones en las que expresa su pretensión contraria como “no era razonable que un particular intentase reformar un Estado cambiándolo todo desde los fundamentos y derribándolo para levantarlo después”, porque lo que he venido defendiendo estas últimas semanas, pese a algunas malas interpretaciones, es justamente eso, que este edificio constitucional ya no aguanta más, que no basta con apuntalamientos y reformas, es que es necesario derribarlo organizadamente para construir un nuevo pacto, porque, de lo contrario, su derrumbe inminente nos aplastará a todos. Y tenía en mente una sentencia de Joaquín Nieto hace unos años sobre el calentamiento global y la crisis ecológica, en clave sin duda optimista: “Estamos a tiempo, esta crisis tiene solución: podemos acometerla ahora y nos costará algunas vidas o podemos dejarlo para dentro de unos años, pero entonces nos costará miles de millones de vidas”. Así de simple.

 

Porque la Constitución del 78 firmó oficialmente su acta de defunción cuando los dos partidos mayoritarios la vaciaron contenido, al relegar su carácter de acuerdo social marco y garantía política de derechos ciudadanos, para reformarla por vía de urgencia para subordinar el interés social y los derechos al pago de la deuda.

 

Porque, como se viene repitiendo y los casos de corrupción política lo respaldan, “nadie cree que los [dos grandes] partidos, en tanto que beneficiarios de este sistema, sean capaces de repararlo por sí solos”. Leer Una nueva transición de J. Ramoneda.

 

Y esta apertura de un nuevo proceso constituyente resulta más que necesaria urgente, si se tiene en cuenta que las reformas emprendidas y las prácticas políticas consentidas llevan un signo directamente opuesto a los intereses ciudadanos. Sin necesidad de hablar del escandaloso beneficio a los “cuñados” que comporta la privatización de la sanidad en Madrid, ni del carácter abiertamente partidista y, consecuencia contrario a los intereses generales, de la LOMCE; en lo concreto, el anteproyecto de ley de ordenación, servicios,  y gobierno del territorio de Castilla y León (LORSEGO), con su defensa de una institución tan innecesaria, ineficiente económicamente como poco democrática que son las diputaciones, parece mantener justo lo contrario de la más elemental exigencia democrática, y, la aprobación este lunes en el Pleno del Ayuntamiento de Salamanca en menos de un minuto y sin debate del proyecto de presupuestos para 2013 agota los comentarios de lo intolerable.

 

Para empezar este necesario proceso, 10 propuestas de partida y un debate necesario sobre renta básica este jueves 30 pueden ayudarnos.

 

lanomalia.blog@gmail.com

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: