Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

El futuro no pasa por Eurovegas

En medio de todos los nubarrones económicos que nos asaltan, miremos donde miremos y aunque cerremos los ojos, es difícil encontrar un resquicio de esperanza o el más mínimo indicador de que vamos por buen camino. Según las estimaciones del Banco de España y de la Fundación de las Cajas de Ahorros, la recesión se va ahondando en este segundo trimestre, tanto por lo que respecta al consumo (baja la confianza de los hogares, bajan las ventas en el comercio minorista y en el de automóviles), como en la inversión, que sigue siendo muy débil y sigue creciendo el desempleo, y todo ello, se traduce en un descenso de la recaudación fiscal.

En Salamanca, donde el tejido industrial y la actividad económica son más  débiles, estos datos se agudizan todavía más por la tremenda caída de la recaudación (sólo el ICIO representa ahora un 62% menos de ingresos que en el 2007), el envejecimiento y el descenso de la población (no sólo por la enorme sangría que significa la emigración de los jóvenes, sino porque el crecimiento vegetativo en 2011 arroja un saldo de 1054 personas menos), y el desempleo (hasta abril de 2012 los ERE representan el 85% de los presentados en el año anterior y han afectado a cerca de 700 trabajadores).

Y en este contexto, no se entiende bien que las medidas adoptadas sean las adecuadas: A nadie se le oculta ya que la reforma laboral ha significado un incremento de los despidos en expedientes de regulación de empleo sin negociación y en donde se ha invertido la carga de la prueba, y que ha contribuido a destruir empleo y no a mantenerlo. Pero también resulta claro que el mantra de que hace falta financiación, y de ahí la urgencia por €œrecapitalizar€ los bancos con dinero europeo, los mismos bancos que nuestros modélicos banqueros se encargaron de descapitalizar previamente, y que es necesario que la financiación llegue a las pequeñas empresas y a las familias, tampoco es más verdadero que repetido, porque la falta de confianza, de iniciativa, de impulso público a la actividad económica, reforzadas, agravadas y profundizadas por políticas exclusivamente de recortes y ajustes duros, son los que nos están hundiendo irremisiblemente en una crisis cada vez más profunda.

Así que, en este horizonte tan negro, sólo la posibilidad del establecimiento de Eurovegas España representa en el ámbito económico alguna esperanza: la posibilidad de atraer y concentrar una inversión milmillonaria y la creación de cientos de empleos de los que estamos tan necesitados.

Y, si esto es así, si de verdad creemos que ese desvarío puede ser una solución, entonces, ya tenemos la más absoluta confirmación, no sólo de que estamos francamente mal, sino de que no tenemos ninguna salida.

Solo una situación tan desesperada como la que vivimos, agravada por el enfrentamiento autonómico entre Madrid y Barcelona, puede explicar el hecho de que el €œmagnate€ (váyase usted a saber lo que significa aquí exactamente €œmagnate€) Sheldon Adelson haya elegido España para desembarcar en Europa su €œproyecto empresarial€ tan delirante y desmesurado como el de construir una ciudad del juego como Las Vegas. Por eso, el proyecto de Eurovegas en España adquiere ahora los tintes del paradigma de proyecto de desarrollo y de gestión política que se ha presentado y se sigue presentado como único, necesario y sin opciones alternativas, en que hemos basado el crecimiento económico en los últimos años en España, modelo de crecimiento, que no es solo insostenible, sino especulativo e hinchado con anabolizantes y, en consecuencia, irreal, alejado de la economía productiva y el verdadero causante de la profunda crisis que ahora vivimos. Y, si no lo hemos aprendido nada, entonces, sí estaremos condenados a que se repita la historia. Porque no es verdad que todo valga, porque con Eurovegas hacemos explícito, sin disfraces ni envolturas, el modelo productivo insostenible y depredador del capitalismo de casino (imprescindible la columna de Francisco Rubio Sheldon Adelson y el nuevo modelo productivo) ni es verdad que los políticos tengan que hacer todo lo posible ni dar todas las facilidades a los emprendedores, sobre todo, porque son nuestros representantes y están a nuestro servicio solo para defender nuestros intereses y nuestros derechos, y porque no hacerlo así los sitúa en el continuum que va del servilismo vergonzante (que está dispuesto a cambiar las leyes laborales, fiscales, sanitarias o lo que sea, tenga o no competencias) a la corrupción, y no sólo al desconcierto, como expresa Ramoneda.

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