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La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Dejemos a Wert, hablemos de educación

Aunque es cierto que la chulería del ministro Wert le ha concedido un protagonismo mediático innegable, esto no puede llevarnos a confundir el 2º borrador de la LOMCE con la ley Wert, porque esta ley no es obra solo del ministro, es del PP. Y el propio partido ha salido siempre a respaldarle, incluso cuando el pasado viernes la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría tranquilizó los ánimos para recordar el simple carácter de borrador que tiene hasta ahora y anunciar, frente a la urgencia del ministro que querría verla aprobada ya en febrero, una tramitación parlamentaria más larga.

Ya hemos mencionado la estupidez que significa avalar los recortes educativos ligándolos a la calidad. El argumento repetido es que en los últimos diez años se ha incrementado la inversión en educación sin que hayan mejorado sustancialmente los resultados en pruebas externas como el Informe Pisa. Naturalmente, el informe Pisa no es el único indicador válido, pero, además, la singularidad que supone en el caso español que el incremento de inversión no se traduzca en mejora de resultados, lo que recomienda es analizar y evaluar el hecho para corregir errores, no utilizarlo para respaldar la afirmación de que la reducción de la inversión  (de más de 5% del PIB en 2009, al 4,3 en 2012 hasta llegar al 3,9% previsto para el 2015) nos conducirá a la calidad, lo que, además de ser una falacia no deja de ser un disparate. Si es verdad, como se dice, que una mayor inversión no garantiza una mayor calidad, de lo que no se deduce lógicamente de ello es que reducir la inversión la asegurará. Y ya hay signos más que evidentes de que se está deteriorando la calidad educativa en España, aunque la “escasa cientificidad del muestreo” de la encuesta de ANPE, según palabras del ministro, le lleve a negarlo.

 

Pero, si el problema fundamental que justifica la necesidad y la urgencia de esta nueva reforma educativa es el abandono escolar temprano, ninguna de las medidas estrella de la nueva ley tienden a reducirlo, sino a agravarlo o disimularlo: Porque no se combate el abandono temprano ni el fracaso escolar con reválidas y pruebas externas, ni fomentando el abandono temprano hacia una cualificación profesional básica para “quienes no quieran seguir estudiando”, ni por supuesto suprimiendo los Planes de refuerzo, orientación y apoyo (PROA). La “excelencia educativa” no es la “selección de los excelentes”, es la “excelencia didáctica” que consigue los mejores resultados incluso de alumnos “menos excelentes”. Y para esto, aquí como en Finlandia, se necesita mayor inversión para reforzar y apoyar educativamente a los que tienen mayores dificultades, que suelen ser los más desfavorecidos, en vez de descartarlos para concentrar esfuerzos y recursos en los “alumnos excelentes”.

 

De forma que, ante este segundo borrador de ley de educación, ya solo me asaltan dos preguntas: Primero: ¿Con quiénes han mantenido reuniones, de quiénes han recibido aportaciones o de dónde provenían las aportaciones a las que han sido más receptivos? Y, segundo, ¿Qué modelo de estado y de país tienen en mente o qué modelo de país pretenden diseñar?

 

Está claro que no han atendido las reclamaciones y propuestas de padres y profesores que defienden un modelo de escuela pública integradora, democrática y de calidad. Porque la desaparición de la Educación para la Ciudadanía, el refuerzo de los conciertos educativos prolongando su duración hasta 6 años, el “blindaje legal” de la enseñanza segregada, la propuesta de una alternativa a la religión evaluable que en la ESO se llamará “Valores éticos”, incluso la oferta de una optativa para Bachillerato de Religión van más allá de lo soñado por los sectores más conservadores e integristas de la Iglesia Católica.  Y en este mismo sentido apuntaba un artículo de El País esta semana.

 

Así que, si añadimos que la única “línea roja” que no se traspasará será “garantizar la enseñanza del castellano” porque “no pueden dejar de cumplir la ley y las sentencias judiciales”, (porque garantizar una doble opción de bachillerato en localidades pequeñas o simplemente la ESO, que también es un derecho; de eso, ni hablamos) ya tenemos claro las respuestas a las preguntas anteriores.

 

Es el momento de exigir a los partidos de izquierda (incluido el PSOE, si quiere recobrar credibilidad) una oposición fuerte y decidida y acudir a las concentraciones como la del 13 de diciembre a las 18 horas en la Plaza de la Constitución de Salamanca para expresar nuestro más profundo rechazo a una ley excluyente, reespañolizadora y recatolizadora, en la que Wert es solo, con su osadía irresponsable, el “tonto útil” del que se sirve el PP para realizar la “depuración ideológica” del país.

 

Comentarios

José Javier 25/12/2012 19:47 #2
Antonio: Efectivamente, el problema no es Wert, ni Rubalcaba, ni Rajoy en su tiempo... La escuela la construimos los maestros. Por otro lado la escuela es el lugar donde los padres llevamos a nuestros hijos para que, con la colaboración indiscutible de los maestros, podamos cumplir con nuestra responsabilidad y obligación de educar a los hijos. Ahora, surge una doble pregunta, ¿las leyes permiten un desarrollo de la función docente y de un currículo diverso, abierto e innovador? ¿Hay suficiente oferta de iniciativas pedagógicas plurales para que los padres puean elegir? A la libertad para elegir modelo educativo le sigue la libertad de desarrollo de la función docente. La libertad implica reponsabilidad, y el principal problema de la educación española es que pocos profesores y pocas familias se comprometen al 100% con la educación,
De acuerdo 11/12/2012 12:48 #1
Si, efectivamente, habláramos más de educación, de la que nos debe preocupar, que de si el ministro es un toro o un idiota, mejor nos iría a todos. No puedo estar más de acuerdo, Antonio.

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