Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Decepción, vergüenza e indignidad

Parece que, tras las enormes expectativas que despertaron las reuniones extraparlamentarias de los dos grandes partidos en vísperas de la huelga general del 14N para parar el drama de los desahucios, el decreto que finalmente saque adelante el gobierno va a quedar en agua de borrajas.



Otra vez, en menos de un año, habrá en la acción del gobierno más propaganda que política, más decepción que soluciones. Porque ni el Código de buenas prácticas para los bancos, ni el nuevo decreto aprobado el jueves por el gobierno van a paliar siquiera el enorme problema de las ejecuciones hipotecarias, porque resolverlo no lo pretenden.

Lo aprobado ahora se trata solo de una moratoria para casos excepcionales, que no paralizan los intereses de demora y que solo pretende lavar la cara a las flagrantes injusticias que se están produciendo, sin acometer la reforma efectiva de la ley hipotecaria (que hasta los colectivos de jueces más conservadores tachan de anacrónica), ni interponer la suspensión ya de todos los desahucios, la dación en pago y arbitrar medidas que permitan un alquiler social que garantice de forma efectiva el derecho a la vivienda, es decir, sin asumir las propuestas de la Plataforma de

Afectados por la Hipoteca (PAH), sino sólo las exigencias de los bancos. La verdad es que hay días en los que solo es posible sentir vergüenza de estos gobernantes y de quienes conforman la clase política, sin matices. Porque la crisis está dejando al descubierto las vergüenzas de la democracia española.

La primera, el marcado carácter ideológico o de clase desde el que se adoptan determinadas decisiones. La ortodoxia neoliberal, que decide las políticas económicas, oculta cualquier otra propuesta, no ya como discutible, sino como inviable o inexistente.

Por eso, repiten la metáfora de que hay que inyectar dinero a los bancos, que es la sangre del sistema financiero (que el rescate bancario es lo prioritario, antes que el rescate a los ciudadanos), pero parecen olvidar que el problema está en los bancos, en el corazón del sistema, que no necesitamos transfundir sangre, sino hacer un trasplante, un cambio en profundidad  que, por supuesto, los propios bancos no van a respaldar, porque están siendo los grandes beneficiados.

Y lo mismo de la vergonzosa reforma de las tasas judiciales que auspicia este ministro Gallardón, que impedirá el acceso a la justicia a quienes no tengan recursos. Suscribo íntegramente las palabras de Soledad Gallego-Díaz en
El País del domingo.

Sin entrar en la criminalización del aborto donde el pecado pretende hacerse delito. Y por no hablar de esta insistencia en hacernos creer que se privatiza la sanidad para garantizar la sanidad pública, que, como mínimo, es para hacérselo ver en un buen servicio público de salud mental.

O blindar los conciertos educativos incluso para centros religiosos que practican una educación segregada y discriminatoria contraria a la propia constitución. Así que, que el nuevo decreto ley sobre desahucios sirva a los intereses de las entidades financieras y no respete los derechos de los ciudadanos no debería extrañarnos.


La segunda vergüenza de nuestro sistema político es el profundo entramado clientelar, de tráfico de intereses y compra de voluntades en el que se dirime la política española. Esto nos sitúa muchas veces en un plano pre-político para colocarnos en el nivel de los clanes, que funcionan por la adhesión incondicional más que por un marco legal, y, por tanto, pre-democrático, en el que se negocian privilegios, dádivas y favores y no se defienden derechos ciudadanos.

En este contexto es imposible afrontar tampoco una solución democrática al sangrante problema de los desahucios. Por eso, el actual decreto presentado por el gobierno trata a los hipotecados como súbditos, que deben estar agradecidos porque se les demore el pago de su hipoteca y no se ejecute el desahucio en atención a su situación extrema, no como ciudadanos que poseen derechos que la ley hipotecaria actual conculca de manera escandalosa.

La caridad engendra agradecimiento y sumisión; la justicia, orgullo ciudadano e isonomía. Y, por último, la tercera vergüenza al descubierto es el traslado al ámbito político de la estrategia empresarial de externalizar y desestructurar la toma de decisiones de forma que haya una ausencia total de responsabilidad. Te recorto el dinero, pero te dejo que elijas tú donde prácticas los recortes.

Así, siempre podremos culpar a otros. Asistimos a otro fenómeno de “banalización del mal”, que explica por qué personas “normales” puedan provocar enormes desgracias y sufrimiento con la ausencia más absoluta de responsabilidad. Incluso que algunos se apresuran a practicar los recortes más allá de lo necesario por el simple deseo de agradar a sus superiores. Aquí, la genética es iluminadora: Se entiende muy bien por qué compartimos el 65% del genoma con los gusanos.

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