Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Contraescraches

El pasado jueves 18 de abril el Congreso de los Diputados aprobó, con los únicos votos a favor del PP, el Decreto-ley de medidas urgentes para reforzar la protección de deudores hipotecarios, que así se llama por fin el decreto con el que el PP ha querido “tener en cuenta” la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), sin recoger ninguna de las propuestas que en ella se contenían.

Resulta francamente preocupante el nulo caso que dispensa el Congreso a las ILP, así que, como nos temíamos, frente al botón verde de “Sí se puede”, los parlamentarios del PP han preferido pulsar el rojo de “Pero no quieren”. Tras el engaño manifiesto que supuso el primer intento de regular las ejecuciones hipotecarias que fue el código de buenas prácticas bancarias, pero que se nos vendió como la única solución posible entonces, ahora no han podido negar, porque la ILP los ha “puesto en evidencia” que no están por la labor de resolver este drama social de forma justa, es decir, asumiendo las propuestas razonables de la PAH, y se han situado claramente de parte de los intereses de las instituciones financieras y no de los ciudadanos. El experimentum crucis de la democracia del que ha hablaba en Democracias cautivas se ha resuelto sin dejar dudas y, para colmo, no será más que otro parche fallido, otra ocasión perdida para terminar con un sufrimiento añadido. ¡Cuánto dolor innecesario podríamos habernos ahorrado! Pero el dolor infringido innecesariamente a los excluidos no es a los ojos del PP violencia.

 

Como sí lo es, para ellos, y la de peor especie la que han producido los escraches de los activistas antidesahucios. Sin embargo, tras el enorme esfuerzo que supuso la tramitación de la ILP, la recogida de firmas y lograr que se tramitara en el Congreso, para la mayoría social que respaldaba la iniciativa, que vive y ha vivido de cerca y en primera línea el sufrimiento de muchas familias, el trabajo de los diputados quedaba reducido tan solo a pulsar el botón correcto, el que los convertía en representantes de la voluntad popular. ¡Cómo no sentir frustración ante la impotencia de ver fracasados, sin argumentos, sin explicaciones, la última esperanza, la que exigía a los parlamentarios tan solo cumplir con sus obligaciones democráticas y proteger a los ciudadanos! Ese y no otro es el origen de los escraches de estas últimas semanas sobre diputados populares.

 

No tengo ni el tiempo ni el conocimiento de Alex Grijelmo en Escraches de ida y vuelta ni de Alfredo González-Ruibal en Escraches, nazismo y arqueología, para analizar el origen de la palabra y de esta forma de protesta, pero me resulta sorprendente que no solo los tertulianos de la tdt party e ideólogos políticos de la talla de Dolores de Cospedal los hayan descalificado (aunque sus comparaciones sean de lo más burdas), sino que se hayan pretendido establecer “límites objetivos, legales y previos” como las viviendas particulares, la presencia de menores o un cinturón de seguridad de 300 m, lo sorprendente es que sean demonizados en general como forma de coacción política no admisible en democracia como hace por ejemplo Patxo Unzueta en Escraches: un problema de democracia, más allá del debate sobre su legalidad o ilegalidad.

 

Porque a la mayoría nos resulta claro que el límite lo determinan las leyes, sin que pueda presuponerse a priori su ilegalidad, intención o carácter delictivo (lo que nos situaría en escenarios cercanos a la “policía del pensamiento” de 1984 o Minority Report), y, por supuesto, que, en la confrontación de derechos,  la libertad de expresión debe primar sobre la supuesta vida privada, que no intimidad. Pero, sobre todo, es que este tipo de escraches que han protagonizado los activistas de la PAH, no son verdaderamente escraches, sino, si se me permite la expresión, contraescraches, no en el sentido tristemente acuñado por Sigfrid Soria, sino en el sentido literal de que constituyen una reacción contra los escraches, si no violentos, sí persistentes hasta el agotamiento, de los lobbys y la troika europea. ¡Claro que a estos grupos de presión, carentes de legitimidad democrática en sentido estricto, no pueden ser alejados a 300 m, porque están ya inoculados en las mentes, imaginarios y bolsillos de muchos diputados populares!

 

Enrique Gil Calvo lo resumía muy bien el otro día en Escraches, al compararlos a “una modesta performance que busca sacudir con su catarsis la conciencia del público espectador. Y como tal, una fórmula tradicional de resistencia simbólica, como la cencerrada, el charivari o la cacerolada, que forma parte del repertorio de protesta de las clases populares” y la polémica sobre ellos como un falso conflicto inventado “para hacer desaparecer el verdadero conflicto real: el que enfrenta a los bancos acreedores con sus deudores hipotecarios, a los que se aplica una arcaica legislación que ya ha sido declarada injusta por el Tribunal de Justicia Europeo y por el Consejo General del Poder Judicial.”

lanomalia.blog@gmail.com

Comentarios

Desiderata 24/04/2013 14:07 #1
¿A quién puede extrañar que esta gente biempensante (con sus ideas) escrachen sin parar en televisiones, emisoras y periódicos, malversando, también en esto espacios, el significado de las acciones y los hechos. ¿A quién sorprende, si además de tenerlas en propiedad mercadean con todo lo nuestro, incluida la palabra? Se ofuscan, se revuelven, nos tachan de terroristas, desconocen que “la verdad es una forma de violencia”, como le escuché decir a un poeta al que oficialmente se tiene por loco desde hace ya demasiados años; ¿por qué será? La democracia está cautiva, lo tienes escrito tú y otros muchos, pero también lo están las palabras, lo que bien mirado, viene a ser lo mismo. La cuestión es que con sus escraches seriados nos cierran las puertas del libre ejercicio del pensamiento, ese rosario de opiniones que sufrimos nos tienen enmudecidos, porque también quieren como suya la propiedad sobre el verbo. Sí, lo sabemos, tienen miedo con lo que pasa, pero su gran ventaja es que conocen y manejan el nuestro. Quizás ayudara el reflexionar y escribir sobre el suyo, pero fundamentalmente sobre el nuestro, que parece impedirnos, una y otra vez, asumir las razones por las que nos correspondería ponernos definitivamente en marcha. Salud!

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