Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Contra la degradación moral del sistema

En La doctrina de la verdad en Platón, Heidegger, comentando el mito de la caverna, trata de analizar las relaciones entre educación y verdad y termina concluyendo que acceder a la verdad exige una labor de “des-ocultamiento” para llegar a  mirar las “cosas verdaderas” (las que existen en el exterior de la caverna), no las sombras del interior; que la verdad más que la correspondencia entre lo que piensas y la realidad (especialmente si la realidad a la que accedemos es una realidad degradada), vendría caracterizada por “mirar rectamente”, por la “rectitud” (orthotes) de la percepción.

Más allá de las semejanzas entre esta sociedad de la información y la caverna platónica, la perversión del sistema en que vivimos (y en el que nos retienen, como si no hubiera otra posibilidad), no es su liquidez y evanescencia, sino que se nos encamine constantemente a “mirar erróneamente”, en que haya especialistas en el “desvío de la mirada” de forma que cobre centralidad lo anecdótico e intranscendente. De ahí, que se imponga la obligación moral de forzarnos a la “rectitud intelectual”, de mirar y ser capaces de aguantar la mirada sobre las “cosas verdaderas”. Tres ejemplos bastarán.

 

1.- El primero es la denuncia de la joven de Mataró contra la empresa Ecoline 2010 por sufrir una lesión vertebral en el proceso de selección laboral. Los detalles son conocidos: tras diversas pruebas de selección, los finalistas tuvieron que tirarse literalmente al suelo para luchar por un billete de 50 euros, cuya conquista les abría las puertas de un contrato laboral. Un contrato que no resultó tal, porque la empresa ha cerrado, y que ha dejado unas secuelas permanentes en una las aspirantes. Pues bien, el punto de mira se ha puesto en lo excepcional del proceso, en la depravación moral de quien sometió a ese tipo de pruebas. La anécdota se ha quedado en anécdota, no en categoría, y la responsabilidad, desde una óptica moral interesada, se ha hecho recaer únicamente en quien hizo la selección. Pero, al margen de que un desaprensivo pueda aprovecharse de la situación, lo condenable no es el aprovechamiento, sino la situación. Lo terrible no es que un individuo, al que resulta difícil poner calificativos, humille a otros por un puesto de trabajo, lo terrible, y si no lo queremos ver lo será aún más, es que el sistema económico que vivimos ha convertido la desesperación de cerca de 5 millones de solicitantes de empleo en una condición necesaria para “mejorar la competitividad”, es decir, para aceptar un puesto de trabajo, el que sea, por un salario a la baja, y sin condiciones. Muchos, incluso, hasta se alegrarían de que al menos les “adelantaran” 50 euros.

 

2.- Yolanda Barcina respalda a su Consejera de Hacienda frente a las acusaciones vertidas contra ella por una inspectora de la hacienda foral por “interesarse” y “disculpar” (que no es lo mismo que “presionar”) respecto a unos expedientes  fiscales que afectaban empresas de las que la Consejera había sido asesora. Nuevamente, el foco de atención no se ha puesto en valorar estos hechos (a estas alturas y con lo que llevamos tragado, la “habituación” puede hacer que nos parezcan hasta disculpables), sino que se ha centrado en si el PSN iba o no a presentar moción de censura y “verse expuesto” a sumar los votos favorables de Bildu. Lo noticiable son las tribulaciones del PSN; lo de menos, el comportamiento de una Consejera de Hacienda y el respaldo de su Presidenta, cuya moralidad por el cobro de dietas injustificables (aunque debidamente justificadas) en Caja Navarra dejaba ya mucho que desear, pese a que las devolviese. Mirad bien las fotos de Yolanda Barcina, triunfante y sonriente, como quien sale de un catarro, porque se va a mantener otros 14 meses al frente del gobierno. Los culpables, sin duda, de todo esto son dos: la inspectora de hacienda, justamente retirada de su puesto, y el PSN.

 

3.- El tercero es el más luctuoso: se trata del episodio lamentable y terrible de la muerte por ahogamiento de hasta 15 inmigrantes subsaharianos en las costas de Ceuta, con una actuación de la Guardia Civil, más que discutible, centrada en proteger las fronteras lanzando botes de humo y pelotas de goma, más que en auxiliar y socorrer a personas en peligro. Pero, nuevamente, se ha desviado la atención a otro sitio: Se pide la dimisión del Director General de la Guardia Civil, no por ser el responsable de la actuación policial, sino por mentir.

 

De verdad, que me gustaría pensar que “desvían la mirada” por vergüenza, que “perciben rectamente” la degradación moral del sistema, pero que son incapaces de aguantar el “hedor de la verdad”.

lanomalia.blog@gmail.com

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