Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Con el pacto hemos topado

Resulta sorprendente e incomprensible, al menos para mí, la buena prensa que tienen los pactos (pequeños, grandes o medianos), pero pactos, entre partidos nacionales. Sobre todo, porque, cuando los pactos son de gobierno y especialmente en los ayuntamientos (tras unas elecciones y, muchas veces obligados por los propios resultados electorales) invariablemente también son señalados como “apaños” o “componendas” poco claros.

Las razones se repiten machaconamente y se asumen de forma general sin el más mínimo análisis. Pero los motivos de una y otra formación para lograr en este caso un acuerdo respecto a la política europea y los “intereses españoles” y su oportunidad deberían ponerse bajo la mirada atenta de los ciudadanos.

 

Resulta sorprendente que un partido y un gobierno que ha hecho gala y presumido tanto de la mayoría absoluta lograda en las últimas elecciones generales, que nunca hasta ahora han desautorizado la política europea, aunque fuese contraria a los “intereses españoles”, (es decir, no tenemos constancia de ningún acuerdo europeo adoptado con la oposición explícita  del gobierno español), y que han gobernado como nadie a golpe de decreto-ley, ahora se avenga a pactar con el principal partido de la oposición, el mismo que les dejo la terrible herencia que ellos mismos se han encargado de empeorar.

 

Pero, más difícil resulta entender las razones de PSOE para pactar y para ofrecerse a este y otros pactos futuros. Cuando resultaría lógico esperar que la oposición endureciese su labor, se postulase como alternativa y presentase propuestas distintas de las que aplica el gobierno actual, las mismas que se vienen aplicando desde el giro de mayo de 2010 de Zapatero y las mismas que le llevaron a una dolorosa derrota electoral; pues decide hacer frente común con el gobierno frente a la ahora equivocada, si no pérfida, política económica europea.

 

Sin duda, solo deben obedecer a razones de oportunidad, porque las razones políticas resultan cuando menos discutibles. Pero las razones de oportunidad que se me ocurren son todas partidistas, salvo que aceptemos la nueva fe del gobierno en que estamos remontando. Y, desde luego, estas últimas no convendrían al PSOE. Así, la oportunidad debe ser otra.

 

Y solo se me ocurre el miedo. Los dos grandes partidos ven peligrar su bipartidismo con unas expectativas de voto cercanas o inferiores al 50% y otras dos fuerzas emergentes dispuestas a disputarles ese reparto de poder, tan deseable para los poderes económicos y la corrutocracia bipartidista que todo lo empapa, pero tan discutible para el funcionamiento de la democracia, y se apresuran a salvar los muebles de este gran apaño democrático que montaron con relato “verdadero” e “incuestionable” de una transición modélica.

 

Poco importa que el gran pacto, el pacto social alcanzado en Europa tras la II Guerra Mundial y que llegara tan tardía e incompletamente a España, el pacto de rentas que propició el “estado del bienestar” (en crisis desde los gobiernos de Reagan  y Thatcher) esté ahora cerrado por derribo con la excusa de esta crisis económica.

 

Así, mientras asistimos al desmantelamiento de la sanidad y educación públicas, de los servicios sociales y los derechos laborales y sociales más básicos; a la recatolización de la educación, de la justicia y del ámbito de las decisiones y opciones vitales personales; a la reespañolización y recentralización de competencias y desmantelamiento del modelo territorial, tanto en el ámbito local como autonómico; mientras asistimos a un proceso deconstituyente que nos situará políticamente en el estado previo a la “santa” e “inviolable” (para lo que se quiere) constitución del 78; mientras asistimos a todo esto, como en el anuncio de Jacqs, vuelven los pactos.

 

Pero en democracia, no debería haber más pactos que las reglas de juego. Porque lo contrario, significaría un pacto de contenidos e intereses. Y eso es justo lo contrario de la democracia, entendida como “expresión pública de la discrepancia de intereses e ideologías”. Resulta incómodo tener que repetir lo obvio, pero hay ideologías porque hay distintas formas contrapuestas de entender el mundo y la sociedad que derivan de explicitar política y económicamente los distintos intereses sociales.

 

Hay que decirlo claramente: No todos tenemos los mismos intereses y, como ahora, las “soluciones” adoptadas hasta ahora solo han beneficiado a una minoría y perjudicado a una inmensa mayoría social: El aumento de la desigualdad y el empobrecimiento de las clases medias no son accidentales. No puede haber “un” gran pacto político para salir de la crisis, porque tampoco hay unos “intereses españoles” comunes. Pertenece a la clase dominante hacer creer a la mayoría social que “su” solución es la única posible o que sólo hay “una” solución.

 

Si el PSOE cae en esta trampa con los pactos, habrá condenado su futuro y traicionado a su base social. Las alternativas que favorezcan a la mayoría social tendrán que buscarse más a la izquierda.

 

lanomalia.blog@gmail.com

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