Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Aviso para navegantes y estrategia Trillo

Todos los que no han aceptado la versión oficial, la verdad impuesta por todos los medios de propaganda , todos los que han  osado investigar y denunciar las tramas ocultas del PP han salido trasquilados. Poco importan los servicios prestados y los favores debidos.

La familia es la familia y no admite traidores. Lo fue Baltasar Garzón por investigar la “trama Gürtel”, al que se apartó por prevaricación y fue suspendido como juez; también ha sido suspendido posteriormente Elpidio José Silva por enviar a prisión a Miguel Blesa, acto que fue recurrido y desautorizado por el propio fiscal, en un claro ejercicio de defensa de los intereses generales (lo que no sabemos es de quién), y, por último, ha sido destituido como director de El Mundo, Pedro J. Ramírez. Este último ha ofrecido “su” versión y ha ligado claramente su salida con el giro dado por su periódico en el “caso Bárcenas”, sacando los papeles “originales” y publicando por entregas una entrevista de más de 4 horas realizada por el propio Pedro J., que para eso se las pinta. Claro, que siempre se puede respaldar la versión oficial: El Mundo despide a Pedro J. por la mala situación económica que coincide curiosamente (de forma casual, por supuesto) con el giro antes mencionado. De forma, que pese a lo mantenido por Pedro J., ni siquiera un cambio en la línea editorial del periódico podría confirmar su versión, porque siempre podría ser refutada por la célebre “Es la economía, estúpido”.  

 

Podría parecer que el PP ha utilizado todos los medios del poder y toda la influencia “política” de la que dispone para sus fines, para “marcar su territorio” como un área protegida y enviar señales claras a “quien corresponda” de que no van a consentir “desmanes” y quien los cometa y ose traspasar la clara “línea roja” trazada “tendrá que asumir las consecuencias”. Aunque, cuando vuelvo a leer esta frase, creo que sería más correcta sustituyendo “política” por “mafiosa”. Pero son detalles y matices que no modifican sustancialmente el relato de los hechos.

 

Pero, fíjense, que no afirmo nada, sino que digo que “podría parecer”. Porque, en todos los demás casos, la corrupción instalada que envilece la política y, especialmente, a los políticos, y desangra a los ciudadanos, la estrategia definida por el PP es la “estrategia Trillo”: “Suspender cautelarmente” cualquier ejercicio por mínimo, elemental y democrático que parezca, de actuación política (aquí sí se emplea el término en su significado estricto) para fiarlo todo a la justicia, en una estudiada maniobra de dilación, entorpecimiento y coacción, de forma que el olvido borre  o pudra cualquier detalle, el intercambio de favores y el clientelismo incline la balanza (y nunca mejor dicho) a su favor, o llegue tan tarde la sentencia que no quepa otra que asumir los “errores” como ya “irreparables” e “irreversibles” en una perversa política de “hechos consumados”.

 

En ningún caso, el PP ha empleado la estrategia que parecía más lógica a su declaración de inocencia, que es la colaboración con la investigación para clarificar los hechos. Más bien al contrario, se han personado como “acusación particular” para entorpecer o han destruido los discos duros con información valiosa cuando se los requirió el juez. Así que todo lo fían a que la recuperación que proclaman “entierre definitivamente” todo y se les disculpe los pecados como mal menor. Esta paralización y judicialización de la política la denunciaba también Soledad Gallego-Díaz en “Un escenario político paralizado” referida también a la situación en Cataluña.

 

De todo lo dicho tenemos buenos ejemplos: La instrucción del “caso Gürtel” lleva camino de prolongarse tanto como lo ha sido el “caso Fabra” en Castellón, que tras más de 10 años no recordamos los hechos y hemos perdido la esperanza de una sentencia condenatoria. Pero también ha habido sentencias o actuaciones “tapadera”: Ocurrió con el “reconocimiento apresurado” de la víctimas del Yak 42, la sentencia del Pretige, que no encontró responsables, o el “accidente” del metro de Valencia, que por fin ha conseguido reabrirse. Y, como ejemplo de política de hechos consumados, la reciente sentencia del TS desestimando el recurso de casación de El Corte Inglés de Salamanca, deja en la “ilegalidad” la construcción del edificio de estos grandes almacenes que lleva abierto ya algunos años, sin que el Ayuntamiento haya ofrecido todavía una explicación o, simplemente, reconociendo que su “error” ha perjudicado los intereses de los ciudadanos en beneficio de una gran empresa. Pero de esto último tenemos una “exhaustiva y cumplida” información por el “periódico líder de Salamanca” que no se ha dignado en tratar el asunto. Lo que no sé si es “falta de responsabilidad periodística” o “casualidad”.

lanomalia.blog@gmail.com

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