Antonio moreno original

La anomalía

Antonio Moreno
Lo que no podemos permitir

Aristóteles para todos (y 2)

Seleccionar a los mejores, facilitar que “quienes no quieran estudiar” puedan encontrar una salida profesional y no entorpezcan el aprendizaje de quienes sí lo desean, garantizar a los padres la “libre elección del centro”, lo que significa sin más el derecho elegir el centro que se adecúe a mis ideas, seleccionar “con quién quiero que vaya” o sobre todo “con quién no quiero” que se relacione mi hijo/a, aunque ello signifique un sinvivir de idas y venidas, aparcamientos en doble o triple fila, lo que sea, para impedir que el hijo/a vaya con quienes convive y evitar que se convierta en un loser.

Tal es la aspiración, el anhelo y el deseo que vemos crecer por doquier, como “instinto natural” de protección o sobreprotección, que no será tan natural cuando viene auspiciado por las mejores marcas infantiles. Y en este discurso selectivo, los “centros privados concertados”, mayoritariamente de titularidad religiosa, que no es lo mismo que “centros sostenidos con fondos públicos”, como vienen llamándose en la neolengua que todo lo invade, van ganando la partida y definiendo un modelo educativo dual: una red pública y una red privada, pero sostenida con fondos públicos, es decir, de todos, incluso aunque alimente y eduque en principios no constitucionales o incluso, segregue, siempre que sea AMGD. Ya se está dando: estamos conociendo a sectores enteros de la población que no sólo no conviven, sino que ni siquiera conocen la existencia de alumnos y familias con dificultades o en neta situación de pobreza.

 

En este sentido la LOMCE no es que permita la segregación, es que es un la ley para la segregación. Y la selección y las reválidas, lejos de conseguir como se sugiere aumentar el nivel educativo, servirá para lo que está concebida y diseñada: para establecer un rating de centros con su puntuación y división entre quienes obtienen mejores resultados y quienes no. Lo sorprendente es que nadie haya pensado que este rating solo tenga una utilidad interna, que pueda utilizarse como una evaluación de diagnóstico que permita, en una retroalimentación negativa, que es lo lógico en un sistema educativo que se quiere público y de calidad,  distribuir mejor los recursos de forma que se concentren allí donde se obtienen peores resultados. Nadie piensa en eso. Porque se da por supuesto que esta clasificación solo tendrá efecto de retroalimentación positiva, de forma que concentrará recursos donde mejores resultados se produzcan y condenará a los centros, fundamentalmente públicos, que están jugando una función educativa, económica y de cohesión social indudable como el Lazarillo de Tormes, la Asunción,  Alfonso X, Rodríguez Aniceto y tantos otros, en guettos donde nadie querrá ir, de dónde todos quieran escapar, salvo quien no pueda o a quien no le quede otro remedio.

 

Ya no es  ya solo el fortalecimiento académico de la religión también en los centros públicos, para cumplir, se dice, las exigencias de un concordato preconstitucional que otorgaba unos privilegios preconstitucionales a la “Santa Madre Iglesia” lo más criticable, en esta ley que persigue la cato-españolización de los “disidentes”, lo más criticable, lo terrible también es que, en la liquidación de la educación para la ciudadanía, han liquidado la materia a la que aparecía vinculada, la filosofía. Curiosamente, en esto volvemos a la LOGSE, que fijaba la Filosofía II como materia de modalidad para el bachillerato de ciencias sociales. Fue la LOCE y después la LOE quien llevó a la Historia de la Filosofía a convertirse en materia común, situación de la que ahora parece apearse por su contaminación con la ciudadanía y eso del pensamiento crítico.

 

No es este el lugar para reivindicar la filosofía y especialmente la historia de la filosofía en la educación secundaria. No creo que sus logros consigan lo que predica con sus objetivos. Pero sí sabemos lo que pone en peligro su desaparición. Y a ello van, a cometer otro crimen contra la filosofía.

 

También al inicio de mi actividad docente dudé de la utilidad enseñar a Aristóteles a todos. Aristóteles parecía situarse en un lugar muy distante de las preocupaciones, intereses y necesidades inmediatas de muchos de mis alumnos. Pero en la misma duda, descubrí,  como el cogito cartesiano, la grandeza de enseñar a Aristóteles, de exigir y reivindicar Aristóteles para todos como un acto de compromiso insoslayable con esa idea ilustrada y regeneracionista de instrucción pública, que supone la extensión del conocimiento, del gran conocimiento a las capas populares como única garantía de progreso, justicia y libertad. ¿Quién puede decidir de antemano lo que está al alcance y lo que no de los alumnos, por su origen social o por su “desinterés” aparente o sincero? ¿Quiénes pueden decidir excluir de Aristóteles y de su “deseo natural de saber” a quienes no creen dignos?  Y ésta es otra razón más para sumarse a la huelga y movilizaciones del 24 de octubre: LOMCE, NO; Aristóteles para todos.

lanomalia.blog@gmail.com

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