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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

Rey no por la gracia de Dios

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El título de rey se lo tiene que ganar día a día. No es rey por la gracia de Dios. Como rey de todos, debe contribuir a la concordia de todos los  españoles, algo que ya creíamos haber logrado para siempre.

Si hay un día grande para todos los pequeños españoles -también los pequeños italianos tienen su befana-  ese es el día  de los Reyes, incluida la víspera. Querer quitarles el protagonismo a los más pequeños el día de los Reyes Magos o intentar tergiversar una leyenda que no pasa de ser eso, pero que está enraizada en nuestra sociedad y en nuestra historia, es algo que está fuera de lugar y que no se debería manipular políticamente.  Pretender “chupar cámara” con motivo de la fiesta de los niños y, lo que es peor, desvincular esta fiesta de toda conexión histórica y ambiental – que no quiere decir religiosa-, para convertirla en subproducto de una “religión atea”, es privarla de su encanto e ilusión. Esta es la palabra que cuadra con esta fiesta y con los niños, “ilusión”.

 

El día de los Reyes Magos es la fiesta de la Ilusión. Pero no estoy escribiendo para niños y, por eso, resultará extraño que utilice esta palabra una persona que tiene en su mochila muchos años de injusticias vividas y de contactos personales decepcionantes con políticos de todas las tendencias. Utilizar la palabra “ilusión” en los tiempos que corren puede resultar incluso sarcástico. Y sin embargo, si nos fijamos en el ejemplo que nos dan tantas personas que desinteresadamente están entregadas a acciones solidarias y tantos jóvenes que abandonan su familia y su patria para ayudar a los más necesitados, hay motivos para el optimismo y la ilusión.

 

Tomo esta palabra en la tercera acepción que le da la Real Academia de la Lengua “Viva complacencia en una persona, una cosa, una tarea, etc.”. Trabajar social o solidariamente por una causa humanitaria o de protección animal o enrolarse una ONG es algo que comprensiblemente se puede hacer con ilusión, pero de dedicarse a la política con ilusión,  es decir dedicarse a la política para acabar con los muchísimos privilegios de que gozan los políticos y los partidos, renunciar ya de antemano a todos esos privilegios, luchar por el bien de los ciudadanos y no por el bien de los partidos, es algo que no pasa por la imaginación de la mayoría de los españoles, pero que en una auténtica democracia debe ser la cosa más natural del mundo. De hecho, pertenezco a un partido cuyos miembros se califican como “CILUSIONADOS” por la política.

 

Aunque los Reyes sean una fiesta de los niños, hay otros reyes que sí podrían traernos algún regalo a los mayores, regalos que en estos tiempo podrán hacernos mucha ilusión. Felipe VI se dirigió ayer exclusivamente a los militares. Es comprensible, pues era la fiesta de estos. Pero podría habernos hecho algún regalo también a los demás españoles, sin comprometerse políticamente con ningún partido.

 

El primer regalo que podría habernos hecho, es haber dicho que sabe que hay muchas familias y muchos niños que lo están pasando mal y que, en vista de esto, se va a aplicar personalmente, y a la casa real, una política de austeridad, y va a pedir a todos los partidos políticos que supriman todos los gastos que no sean estrictamente necesarios.

 

Quizás, si empezara él dando ejemplo, los políticos se verían moralmente obligados a hacerlo. El segundo regalo que nos podría hacer es que trate de ser el rey de todos los españoles, incluso de aquellos que se sienten antimonárquicos. El título de rey se lo tiene que ganar día a día. No es rey por la gracia de Dios. Como rey de todos, debe contribuir a la concordia de todos los  españoles, algo que ya creíamos haber logrado para siempre. Y, como rey de todos, que haga lo posible, si es que puede, por que no haya tanta distancia entre los que viven en la abundancia y los que pasan necesidad.

 

Y como español que vive en Cataluña quiero pedirle al rey un último regalo. Hay un señor en Cataluña que ostenta el título de grande de España, título que le ha otorgado su antecesor y padre, aunque no llego a comprender en virtud de qué méritos se le concedió dicho título. Pues este señor, con sus medios de comunicación, se ha convertido, por los menos hasta ahora en los últimos 10 años, en el principal defensor del independentismo catalán. ¿No es un sarcasmo que un grande de España esté defendiendo la partición de España?  Y para más inri, en agradecimiento a su defensa del independentismo catalán, está  recibiendo, vía la Generalitat de Cataluña, millones de euros que pagamos todos los españoles. ¿Sería mucho pedir a su Majestad que le retirara este título? ¿Sería mucho pedirle a su Majestad que al menos respondiera a los escritos que CILUS le ha dirigido en este sentido en varias ocasiones? Quizás sería su Majestad el más beneficiado con estos regalos.

 

Félix de la Fuente Pascual, Secretario de Acción Política de CILUS, Ciudadanos Libres Unidos

Comentarios

Félix de la Fuente 08/01/2016 17:57 #2
Comprendo tu postura, "venga ya". Llamemos rey o llamemos "jefe o presidente de Estado" ambas figuras deben dser democráticamente elegidas o democráticamente aceptadas, como sería el caso de España. Por otro lado, estoy totalmente de acuerdo en que todos debemos ser iguales ante la Ley y que debe haber privilegios. Y no hace falta mirar tan arriba para ver todos los privilegios de que gozan todos los políticos. No soy monárquico ni antimonárquico, pero sí esto en contra de que los reyes o presidentes del Estado despilfarren alegremente el dinero que que les falta a muchas familias. Y lo mismo digo de los políticos.
venga ya 08/01/2016 10:13 #1
El título de Rey no debería ganárselo nadie de ninguna manera. Es incluso ofensivo que te recuerden a diario que no somos más que unos súbditos. Me gustaría ser un ciudadano y que todos los ciudadanos en este país estuvieran al mismo nivel. Solo el llamarles rey ya los hace estar por encima de todos los demás. ¿Es lógico y justo? Yo diría que no. La juventud no queremos Reyes, y será una de esas prácticas medievales que desaparecerán en España por su propio peso, como la tauromaquia.

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