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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

¿La última ocasión?

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Hace una semana me preguntaba si, tras las últimas elecciones, estábamos ante la gran o la última ocasión. Y a medida que pasan los días nos vamos percatando de que la posibilidad de esta alternativa es cada vez menor. La gran ocasión es algo cada vez más remoto.  Sería poco realista pensar que unos actores que han venido insultándose mutuamente durante años, se pusieran inmediatamente de acuerdo.  Estamos ante la gran ocasión perdida. No nos queda más que pensar en “la última ocasión”,  y esta ocasión no la podemos desaprovechar.

 

Todos los partidos políticos nos están hablando ahora de acuerdo, de colaboración y de entendimiento mutuos, aunque no creo que para todos signifiquen lo mismo estos conceptos. Unos piden entendimiento para llegar al poder, otros para disfrutar un trozo del poder y otros para intentar  separarse de España o, al menos ir rompiendo poco a poco los lazos que nos unen  a todos los españoles, lazos que por imperativo de la historia son cada vez mayores, lo mismo que son cada vez mayores los lazos que nos unen a todos los europeos y todos los ciudadanos del mundo, cualquiera que sea su país, su religión o su raza. 

 

Acuerdos, colaboración y entendimiento mutuos sí, pero ¿para qué? ¿Para que los partidos se repartan entre sí los cargos de las instituciones públicas y los puestos de influencia?  En todas estas conversaciones y encuentros de los diversos partidos con miras a la constitución de un gobierno estable hay una tercera parte que está ausente y que, al menos  teóricamente, debería participar, el ciudadano, que es la parte interesada. Los partidos políticos son los representantes de los ciudadanos, pero en estas conversaciones previas a la constitución del gobierno, como en cualquier otra conversación, los líderes políticos van defendiendo los intereses de su respectivo partido, no los intereses de sus representados. El ciudadano es el convidado de piedra. Y, sin embargo, lo que quiere y pide el ciudadano está clarísimo. Los políticos, si en lugar de hablar tanto por televisión y estar aislados dentro del mundo de sus aduladores, se acercarán en la calle al ciudadano,  si en lugar de hablar tanto, supieran escuchar un poco, conocerían exactamente lo que pide el ciudadano, que, por otro lado, no es nada extraordinario. Lo que pide el ciudadano, está todo en la constitución: igualdad de todos ante la Ley, derecho al trabajo, a la vivienda, a una vida digna……. ¿Sería tan difícil para los partidos ponerse de acuerdo, si realmente se propusieran hacer realidad lo que ya está en la Constitución?  

 

Antes que cambiar la Constitución, que no queda excluido, hay que cumplir lo que la Constitución tiene de sacrosanto y que es algo que en una democracia no se pude cambiar nunca. La igualdad de todos ante la ley, “sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión…”. Y aunque es verdad que la Constitución se refiere a la igualdad de todos los españoles, sin embargo la Declaración Universal de Derechos Humanos,  nos habla de unos derechos iguales de todos los miembros de la familia humana.  Puede ser que algún derecho específico se aplique solo a los que tienen la nacionalidad española, pero la mayoría de los derechos de la Constitución son aplicables de todas las personas que viven en España por el hecho de ser personas.

 

Y claro que hay mucha discriminación, y no sólo por sexo, sino también por raza, por nacimiento y por religión. Y por religión son discriminados los musulmanes, tengan o no la nacionalidad española. Y me refiero a este grupo de ciudadanos en concreto, porque sé que es un tema rodeado de muchos prejuicios y especialmente candente. Y conviene que los políticos escuchen también su voz porque son también ciudadanos. Son un grupo de emigrantes que no sólo tienen especiales dificultades para integrarse en la sociedad, sino que son doblemente víctimas del yihadismo. Sus dificultades para la integración proceden no sólo de sus diferentes costumbres y forma de vida, sino también del rechazo que encuentran en muchos sectores de la sociedad española. He sido emigrante durante muchos años y he visto que es necesaria mucha comprensión en ambas partes –nacionales y emigrantes- para que se dé una auténtica integración, que no es lo mismo que absorción, y de absorción entiendo también un poco por lo que estamos viviendo en Cataluña.
    

Los emigrantes son mucho más que un monito de feria que da colorido a las campañas electorales. No podemos olvidar que un porcentaje elevado de ciudadanos que viven en España son musulmanes y que la colaboración de los musulmanes demócratas en favor de la democracia y en la lucha contra la amenaza yihadista puede ser valiosísima. 

 

Ante tantos derechos constitucionales violados ¿no podrían ponerse de acuerdo los partidos políticos? ¿Desaprovecharemos también la última ocasión? 

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