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Ilusionados por la política

Félix de la Fuente

El número de españoles cabreados es infinito

Progre cristina detail

¿Hacia dónde camina nuestra democracia? Después de casi 40 años todavía nos lo estamos pensando. No, no es que peligre la democracia española, es que no avanza y, más bien, está retrocediendo. Pero no echemos la culpa a los ciudadanos.

Eso de que “cada país tiene los políticos y dirigentes que se merece “ es puro cuento en nuestro caso. Los españoles elegimos, a lo sumo, a los partidos, pero no a los dirigentes. A los dirigentes los eligen los respectivos partidos. Y si los ciudadanos tenemos los partidos que nos merecemos, es porque los partidos existentes prohíben la entrada en su club elitista a nuevos partidos. Por tanto, no solamente no podemos elegir a personas, sino que tampoco podemos elegir  a nuevos partidos.  

 

No es justo decir que los españoles  no seamos demócratas o menos demócratas que otros europeos, aunque lo que sí está claro es que el número de españoles cabreados con los partidos políticos, e indirectamente con la democracia, es infinito. Pero si  nos referimos a los partidos políticos, la situación es muy diferente.  Según el informe elaborado por la agrupación “Más Democracia” a finales del 2015, todos los partidos políticos españoles menos dos suspenden en calidad democrática. Solamente se salvan por los pelos BNG y Podemos, pero ningún partido español iguala a los de Alemania o Gran Bretaña.  Y si esperábamos que los nuevos partidos nos fueran a traer aire fresco y democrático, conviene que despertemos. Hace unos días  nos avisaba Luis María Ansón: “Pablo Iglesias y sus confluencias han recibido ya, y recibirán anualmente del Estado, 10,9 millones de euros; Albert Rivera, 7,1 millones. No han hecho el menor asco a la lotería de la que disfrutarán a bolsillos llenos”… “Transitando con entusiasmo por los caminos de la casta, Pablo Iglesias y Albert Rivera se benefician ya de la mamandurria oficial, pagada a través de los impuestos con los que, de forma inmisericorde, la clase política sangra a los ciudadanos”.

 

Dentro de la democracia tenemos muchos grados, prescindiendo de todos aquellos  regímenes dictatoriales que suelen llamarse democracias (República Democrática Alemana, La República Popular Democrática de Corea del Norte). Pensar que con que se acabe la corrupción ya estamos en la democracia ideal,  es querer tomarnos el pelo. Acabar con la corrupción es colocarnos en lo mínimo que se puede exigir de cualquier democracia. Sin corrupción estaríamos en grado ínfimo de democracia. Si queremos subir un escalón más,  debemos  erradicar el despilfarro, que es una forma mucho más sutil de corrupción y que afecta a todos los partidos políticos sin excepción. Si ellos no se privan de nada, serán los niños o los enfermos los que tienen que privarse,  y, en lugar de escuelas en debida forma, habrá barracones. Subir este escalón ni siquiera se les ha pasado por la imaginación a nuestros partidos políticos. Otro escalón más en calidad democrática sería una democracia y unos partidos políticos transparentes. Transparencia en las decisiones que toman, en la forma como administran sus fondos y transparencia en la administración, con una función pública independiente de los partidos etc. ¿Es mucho pedir? ¿Preferimos el ocultismo? ¿Preferimos que los funcionarios no se atrevan a denunciar la corrupción, la incompetencia, el enchufismo por miedo a las represalias? Por fin, el escalón más elevado de la democracia sería la solidaridad. Pero, unos partidos que no toman medidas ante las muchas injusticias sociales que están sufriendo millones de españoles, ni siquiera saben que existe esta palabra y, mucho menos, lo que significa.

 

Hagámonos a la idea de que, tengamos gobierno o no, y se repitan o no las elecciones, una auténtica democracia de calidad tendremos que conquistarla los ciudadanos en lucha contra los partidos políticos.

 

 

 

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