Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Venta por catálogo

Quintagama detail

Han venido desde futuro para hacer la vida más fácil a los cocineros mediocres, a los que mueren de éxito y a los que no son conscientes de que están cimentando su reino sobre arenas movedizas. Son los alimentos de quinta gama, esa nueva oleada de preparaciones tipo quinceañero, que tras un ligero calentón, están listas para hacer las delicias de los paladares más conformistas y mediocres.

En alguna ocasión ya hablé de que por desgracia mucha gente va a los restaurantes demandando una de las mayores aberraciones del mundo, como es el pan caliente; después de todo el proceso de fermentación, el pan tiene que cocerse, reposar y enfriarse; solo entonces habrá desarrollado todos sus aromas. Pedir pan caliente – no tostado una vez frío-  equivale a comer uno mediocre de molde al principio y corcho después y, a decirle de alguna forma al cocinero, “cuando yo llegue, meta usted un par de bollitos congelados en el horno, que con un poco de suerte aguantarán templados hasta la mitad de la cena”.

 

Pero no estoy aquí para volver a rajar del pan, sino para hablar de recetas propiamente dichas. Esas elaboraciones propias que deberían marcar la diferencia entre restaurantes, están en peligro de extinción. Cada día es más frecuente encontrar productos preelaborados, desperdigados por todos los rincones de las cartas de restaurantes de medio pelo. Lo que sea, menos servir producto fresco; cualquier excusa es buena para ahorrarse trabajo y eso sí que es una pena.

 

En lo que a entrantes fríos se refiere, hoy en día lo más socorrido es usar carpaccios – de lo que sea-  por aquello de sonar a moderno, arreglar un plato con apenas 20 gramos de producto y poder emplatarse con cierta estética. Si nos vamos a los calientes, la croqueta (o la patata brava) casera clónica causa furor, al menos hasta que te encuentras otras con la misma forma y un sospechoso mismo sabor, en otro negocio a la vuelta de la esquina.

 

Por nombrar alguno más y aunque parezca mentira, los guisos tradicionales también entran por la puerta de atrás de algunos locales y, hasta unos garbanzos con callos, o unas judías con todos sus sacramentos, por muy cañís que suenen, puede que solo hayan sido calentados “al momento”, en la cocina antes de ser servidos.

 

“Las trampas” en los arroces -en cualquiera de sus variantes y tanto en caldos como en ingredientes- y en las “fideguachis”, también están a la orden del día y, las carnes y los pescados, aunque a otro nivel, también presentan de vez en cuando, unos sospechosos cortes, que solo pueden ser obra de maquinaria industrial o de un chupacabras.

 

Pero es en el capítulo de dulces, donde la comodidad llega a extremos incomprensibles. Y, si todavía fuese mirando por la calidad y usando productos artesanos de pequeñas tiradas - con cierto grado de exclusividad- ,  podría entenderlo; pero a Michel Bras se le deben empañar las gafas cada vez que algún gastroterrorista tiene el valor de rebautizar como coulants, ciertos secarrales mesetarios. Aún así, hay cosas peores y, hoy en día, es común ver como llegan a la mesa algunos postres con claros síntomas de haber sido puestos a descongelar tarde. Hipotermia por sacarosa. Delirante.

 

 

¿ Qué sentido tiene servir a tus clientes, algo que no has cocido tú?  ¿ puede considerarse cocinero a un mero intermediario que solo se dedica a descongelar y cortar celofanes ?

 

Los cocineros que llegan a esta tesitura porque no dan abasto, deberían replantearse su estrategia y, quizá, optar por tener una carta asumible, contratar más gente, ser conscientes de sus limitaciones o, al menos, ser claros y advertir de que sirven productos preelaborados y por supuesto no cobrarlos como si los hubiera hecho el mismísimo Santamaría desde el cielo.

 

Siempre ha habido -y espero que haya-, establecimientos especializados en conservas; es su modelo de negocio y esa búsqueda de “la excelencia” y de “LA LATA”  con mayúsculas, forma parte de la idiosincrasia de este país. Evidentemente tampoco nadie va a ir mirando, que se use un bonito casero para la ensaladilla o que la butifarra de las judías sea “homemade”. Son cosas que no están al alcance de casi nadie. En este post simplemente he querido contaros que, por desgracia, cada día más locales optan por pasarse al lado oscuro y, que cocinar, lo que se dice cocinar, parece que para ellos es un deporte de riesgo.

 

Por eso cada día es más habitual ver a altas horas de la noche, a hordas de cocineros con sus chaquetillas impolutas, saliendo a tirar montones de basura. Lo raro es que con todos los embalajes que entran en su almacén, no contraten a unos sherpas.

 

Amén

 

Twitter: @DavidMonaguillo

email: pecadosmonaguillo@gmail.com

Comentarios

Rosa "Latas" 27/01/2015 09:24 #2
En breve me llega un pack de productos de 5ª gama. Para hablar tengo y debo de probar. Te contaré mis sensaciones, emociones, si me las provoca, escalofríos, subidones y todo lo que acontezca desde el minuto cero. Aún así sabes mi debilidad por comer de "latas" cuando estoy en casa....y que platos!!! Si la lata el buena.....bueno es el resultado..jajaja. Un beso.
anai 17/06/2013 15:16 #1
Es una pena, David, pero así es. Hay una cosa que no entiendo: a pocas cuentas que eches, es más caro, mucho más, la compra que la elaboración, el precongelado y precocinado que realizarlo "en casa", salvo algunos platos que lleven mucho tiempo de elaboración. Entonces, ¿estamos tontos o qué?¿es que en esos restaurantes no saben sumar o me equivoco? lo único que me cabe en la cabeza es que el producto fresco, si se calcula mal, va a la basura y el congelado no. Si no, no tiene explicación. Al final ,el tema vuelve a ser de sumar. Saber comprar.

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