Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

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Llamadme romántico y moñas, pero los domingos por la tarde suelo darme un paseo por mi ciudad, en busca de asentar la cabeza y organizar aunque sea mentalmente la semana. Sin móvil, sin emails, sin redes sociales y sin nada que pueda amargarme el momento. Pero aún así, hay cosas que me siguen perturbando.

Hace unos meses, tras una de esas salidas, os hablaba de que algunos negocios de toda la vida, estaban siendo sustituidos por centros de depilación. La conclusión era tan diáfana como que en España faltaban ganas y nuevo público y, sobraba mucho pelo. Hoy en día, a eso, hay que sumarle que falta más dinero aún y estos negocios están siendo arrancados de raíz y sin dejar rastro ni irritación alguna, por los Compro Oro.

 

Pasear por las calles céntricas en horas de cierto tránsito, es una de las mejores formas de tener un contacto real con lo que se mueve en tu ciudad. En cuestión de metros llegan a tus manos el dichoso folleto para empeñar tu medalla de Camarón, el del curso de inglés en mil palabras que te sacará del ostracismo laboral y el del contrato de telefonía móvil, que te va a permitir exprimir al máximo tu smartphone, aunque tú solo quieras usarlo para facebook y el apalabrados.

 

Evidentemente también nos informarán de la oferta gastronómica - principalmente basura y platocombinadesca-, usando para ello una serie de imágenes tan desangeladas, que me recuerda  aquel famoso post, en el que pedía una fotografía gastronómica REAL – en los blogs- .

 

Hasta hace poco, los únicos reclamos publicitarios usados en el centro de las ciudades, habían sido los carteles con platos combinados, colgados en las cristaleras de algunos locales y que por momentos nos hacían sospechar que pertenecían a otra época, a otra civilización e incluso a otro planeta.

 

¿Quién no se dejó seducir por ese filete que en la foto simulaba la alfombra de Aladino y una vez dentro, se encontró con el felpudo de un ganadero? 

¿ Acaso no te pasó lo mismo con aquella salchicha sacada de las playas de Benidorm, que en el  plato no medía más que un pene asiático?

¿ recuerdas el fatídico día de verano en el que sentiste el irrefrenable impulso de comerte aquella dichosa ensalada colorista como un cuadro de Miró y que finalmente resultó ser de la época más oscura de El Greco?

 

Hoy en día el tamaño en la publicidad, se ha visto arrinconado y solo sobrevive en el mundo de los sexshops; ahora lo que se demandan- tanto en flyers, como en buzoneo y en publicidad web- son esos retoques que hacen los plato más apetecible a los ojos de la gente; aunque para conseguirlo tengan que recurrir a trucos sucios y baratos y, tirar por tierra, el código deontológico fotográfico.

 

Los senderos del Photoshop son inescrutables: Minimalismo puro y duro que en ocasiones roza el ascetismo, colores estridentes inspirados en series manga japonesas, fotos con aspiraciones, cuyo objetivo no es informar al comensal, sino terminar colgando de las paredes de alguna galería llena de gafapastas, mientras el autor explica el proceso mental que le llevó a hacer de un bacalao con tomate, un portada digna del DVD de Tiburón.

 

No entiendo como hemos pasado en tan poco tiempo de los viejunismos y la caspa ochentera, donde el ingrediente principal se magnificaba como en amor en Gran Hermano, a esta modernidad mal entendida, donde los platos terminan como la cara de Cher. Mi desprecio.

 

Amén

 

Twitter: @DavidMonaguillo

email: pecadosmonaguillo@gmail.com

 

 

Comentarios

Loly 08/03/2013 11:33 #1
Es cierto, en parte. Todo entra por los ojos y a veces una foto mala te hace pasar de la receta. Tampoco creo que todas las recetas con fotos bonitas sean mentira. Al final esos blogs son los que se llevan la palma en todo, seguidores, premios.....mientras no pruebes a hacer alguna receta. Hay blogs con buena fotografía y muy fiables. Todo es importante para que una receta te atraiga, aunque yo a veces echo de menos ver el plato de cerca o el corte de alguna tarta para verla por dentro. En esta sociedad la imagen vende...ya se sabe, no sólo en las comidas, en todo...que le vamos a hacer.

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