Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

No hay más que una…

Hoy me apetece abordar un tema un tanto delicado y por el que en su momento se me criticó bastante. Se me ocurrió decir lo que para mí y para muchos es una obviedad; que no todas las madres cocinan bien, aunque sin embargo sus hijos si que vayan diciendo que la tortilla que les prepara – por decir algo – es la mejor del mundo.
La explicación es tan simple como hablar de habituarnos a la forma en la que nos cocinan algo; si nos hemos criado comiendo los macarrones con chorizo elaborados de una forma, es normal que nuestro paladar esté totalmente hecho a esa receta y por mucho que probemos otras opciones, siempre estará por encima de las demás. Aunque duela reconocerlo, no es simplemente cuestión de “cocina en estado puro” sino de memoria gustativa y en la que también entran en juego los sentimientos.

Uno de los argumentos en los que algunos se amparan para decir que la “cocina de madre” está por encima de todas las cosas es el uso de un ingrediente secreto – el amor - y de una técnica depuradísima – el mimo-. Aunque en mi opinión, ambas puedan traducirse perfectamente por el tiempo y la paciencia necesarios, para que el guiso se haga poco a poco y no cargarse con movimientos bruscos lo que han estado cocinando durante horas.

Otro factor diferencial es que ellas tienen la escuela y la calle necesarias para conseguir alimentos con pedigrí sin despeinarse mucho; de esa forma se asegurarán una buena base desde la que cimentar el platazo que llegará a la mesa. Por desgracia, los jóvenes “de ahora” raramente sabrán diferenciar a simple vista las calidades, además de jugar con la desventaja de que algunos tenderos usan ese desconocimiento para intentar colocarles los despojos del mostrador. A eso algunos le llaman picaresca, sin embargo yo prefiero etiquetarlo como fuga de futuros clientes.

Pero como no quiero parecer un rancio y un amargado, voy a intentar aliviaros del disgusto anterior con unas pequeñas notas que os ayudarán a diferenciar si vuestra madre lo es en realidad ó sólo en apariencia:

Así pues, se podría afirmar que no es tu madre, si no le pone huevo cocido a cualquier plato que originalmente no lo lleva. En el pensamiento de madre, todas las recetas ganarán enteros añadiéndoselo en rodajas, cubitos o formando figuritas tipo club Disney: empezando por las croquetas, siguiendo por los spaguetti e incluso profanando platos con “denominación de origen” y dando lugar así a expresiones como “estar más perdido que un huevo cocido en la paella”.

Nota: Este punto puede extrapolarse a las aceitunas y los guisantes.

Tampoco lo es si cuando tú vas a comer, ella no le añade un viajecito extra de aceite oliva virgen a los platos; como jugadoras expertas, son conscientes de que eso ayudará a que todo quede más jugoso, saben lo que quieres, lo que te gusta y te lo van a dar.

También me sentiría mal si a la hora de servirme la comida, mi madre entendiese las medidas a la primera y no me pusiera dos cazos – y si me despisto tres- cuando en realidad le he dicho que quiero uno. Porque para ella jamás habré engordado, siempre estaré delgadísimo y si por alguna razón, se diera cuenta de que está confundida, nunca lo reconocerá y cerrará la conversación con un “no estás gordo, eso es porque eres de hueso ancho”.

Hay muchos más puntos diferenciales y como siempre podéis añadirlos en los comentarios, pero yo quiero dejarlo bien arriba, diciendo la gran verdad; y es que las madres son el verdadero culmen de la cocina creativa. Ni estrellas Michelín ni pollas en vinagre. Sólo ellas, partiendo de tres ingredientes básicos, pueden elaborar cinco platos distintos y conseguir que con cualquiera de ellos se te salten las lágrimas, porque madre no hay más que una.

Pd: ¡la mía cocina como Dios! :)

Amén.

Twitter: @DavidMonaguillo
email: pecadosmonaguillo@gmail.com

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