Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Gastrofiascos...

Cuenta la leyenda que hay una serie de recetas, que muy difícilmente ejecutaremos en casa €“ con éxito -, ya sea por el tiempo necesario, porque conllevan técnicas complicadas, por que la cocina podría terminar como si hubiese estado allí Mario Vaquerizo de botellón, o simplemente por que tus creencias no te permitan profanar algo tan sagrado sin escrúpulo alguno.

Pero llega un momento en el que, por una causa o por otra, se ponen de moda, la gente no para de hablar de ellas, son TT en los semáforos, escuchas su nombre en el patio de vecinos y, cada vez que pones la radio, ahí está un experto comentado trucos caseros para llevarlas a cabo.

Es por eso que un buen día decides replantearte tus creencias y poner a prueba tu valentía; así que enciendes el Pc, arrancas el navegador, introduces la dichosa palabra en Google y 45 minutos más tarde y por arte de magia, tienes clarísimo que has vivido en la total ignorancia durante mucho tiempo y que esos tres cuartos de hora han sido tiempo más que suficiente para convertirte en todo un experto en la materia, además de demostrarte que realmente te sobra valor, que tienes que coger el toro por los cuernos y que nada ni nadie podrá contigo a partir de ese momento.

Sin darte cuenta acabas de rodar el primer capítulo de una gastrocagada monumental que no olvidarás jamás aunque, eso sí, en cuestión de meses podrás empezar a disfrutarlo mientras se lo cuentas a tus amigos rodeados de cervezas; por eso hoy voy a desvelaros un top de gastrofiascos, que seguramente más de uno también habrá vivido en sus propias carnes.

  • En el 4, debido a que realmente tampoco estabas seguro al 100% de que aquello iba a salir bien - se sitúa la elaboración de hojaldre casero; la paciencia necesaria para respetar al pie de la letra los reposos entre pliegues es digna del Santo Job, y estudios al respecto sugieren que 99% de las personas sobre la faz de la tierra prefiere clavarse palillos entre las uñas antes que limpiar la cocina después de preparar el dichoso hojaldre.

 

  • En el 3, por el escaso nivel de pérdidas económicas que supone encontramos el yogurt; quien más y quien menos ha vivido en una casa, en la que la yogurtera ocupó un lugar preferente en la encimera, durante al menos un par de meses. Ese artefacto del diablo, que prometía cuajar la leche y hacerte unos postres duros como el brazo de Rafa Nadal, resulta que lo que producía era una especie de aguachirri sin ligazón alguna que algún espabilado años más tarde ha terminado vendiendo como yogurt líquido.

 

  • En el 2, y con miles de damnificados a sus espaldas, aparece el donut; esa pieza de bollería que todos hemos intentado hacer en casa €“ incluso en un ataque de tozudez, en varias ocasiones €“ y cuyo resultado final navegará entre algo pastoso y empachante como las canciones de Pablo Alborán y una pieza muy digna en cuanto a textura, pero cuyo sabor poco o nada tiene que ver con esos que ahora han vuelto a repartir las furgonetas amarillas - reconociendo así el error que cometieron envasándolos individualmente-.

 

  • Y en el 1, por nivel de expectación actual, el verdadero protagonista en cualquier corrillo de aficionados a la gastronomía: la masa madre; ese nuevo tamagotchi, ese quebradero de cabeza que conseguirá que te replantees tus horarios, que te pongas alarmas para darle de comer y refrescarla y que incluso provocará que te despiertes a media noche y tengas que acercarte a la cocina para comprobar que sigue viva. El exceso de mimo y los consiguientes celos hacia esa €œmasa fantasmagóricamente viva€, están empezando a originar los primeros casos de crisis en parejas, y no me cabe ninguna duda de que en poco tiempo se acuñará la expresión €œponerte las maletas y la masa madre en la puerta€.


Así que, si eres capaz de soportar tener al €œbicho€ continuamente en una unidad de cuidados intensivos y, además de eso, jugarte tu estabilidad sentimental, adelante, seguramente algún pan te saldrá bueno; pero si un día amanece muerto tampoco te preocupes demasiado, no hace falta que llames a la radio a las tantas de la noche para contar tu problema, ni que montes una especie de cluedo para saber quién lo mató y donde tuvieron lugar los hechos, porque aunque sea un ser vivo y lo quisieras con todo el alma, en unos días podrás comprarte otro.

Amén

Twitter: @DavidMonaguillo
email: pecadosmonaguillo@gmail.com

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: