Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

El pan nuestro de cada día

No sé si mi coche tiene un don especial para los panfletos 'chorra' pero últimamente estoy pillando complejo de muñeca hinchable –entiéndase, por la cara– cada vez que tengo que retirar las enciclopedias del mal gusto que me dejan en el parabrisas; pero entre los kebabs como flautas traveseras, los que te enseñan a hablar inglés sin saber ellos castellano y la vidente que te quita el mal de ojo decapitando un pollo del Pryca al bies, siempre encontraremos “pequeñas verdades” que algunas veces rozan el dramatismo.
Hace un mes me encontraba la octavilla de una empresa pidiendo apoyo a la panadería/pastelería artesanal, a los "currelas" de siempre, a esa gente que trabaja mientras a la radio llaman señoras cantando "saetas" e intentando incentivar el consumo de sus productos, añadiendo el "extra" de rebajar sus precios. Nada más leerla supe que las instalaciones de su obrador en mi barrio no tardarían mucho en cerrar sus puertas; hoy una "esquela" tamaño DIN A4 da la bienvenida a los clientes que durante años compraron allí productos “de verdad” .

Por eso, hoy me apetece activar el chip demagógico y pensar en esos trabajadores que se van a la calle porque cada vez más gente se pelea por comprar una baguette que al llegar a casa ya tendrá textura de espuma Gillette; panes clonados en un laboratorio militar y posteriormente controlados por una especie de "Gestapo del gluten", para que luzcan siempre perfectos y sólo sepan a levadura. Pero no le quitemos méritos y admitamos que cuentan con el aliciente de que si tu preferido se termina puedes pillar cualquier otra variedad porque como cumplen el "Teorema de Jarabe de Palo" -todo suena/sabe igual-, te va a gustar igualmente.

No puedo evitar poner la cara de "las mil pesetas" cuando veo a los estudiantes llenar los carros de bollería "Hacen-daño", sin percatarse de que su índice de grasa es similar al del pelo de un churrero, sin valorar que esas esponjas rellenas de un pegote negro, sólo vieron Nápoles en un "pasteleros por el mundo" y, lo que es peor aún, pensando que esa es la verdadera repostería.

Reconozco también que cuando veo a la gente husmeando en esas ferias del mal gusto que son las cámaras con tartas congeladas, intentando decidirse entre la rellena de espuma de afeitar, la de “trufa to furious”, la artificialmente brillante y operada -“Sa-cheer”-, la de queso “sin queso” y con los frutos de un bosque muy raro y la que viene rematada con una especie de “pladur” a base de chocolates coloreados -imagino que por algún pastelero “cani”-, me dan ganas de empujarlos para dentro, cerrarles la puerta, lanzarla al mar y cruzar los dedos para que no sean ningún Houdini.

Pero retomando el tema del pan, es un gusto ver como cada día más gente lo hace en su casa, dándole la importancia, el tiempo y el mimo que requiere, sintiendo cada amasado, disfrutando al ver como la levadura trabaja en silencio, oliendo a vida ¡¡¡y comiendo pan coño!!!; porque al pan pan y al vino vino, porque las manos van al pan, porque con pan las penas son menos penas y porque contigo... ¡pan y cebolla!


Twitter: @DavidMonaguillo
pecadosmonaguillo@gmail.com

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