Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

El informe Stevenson...

Seguro que muchos habéis llegado hasta aquí atraídos por el título, esperando un reportaje de investigación a lo Mercedes Milá €“ pero con el pelo menos cardado-, una novela policíaca o un thriller conspiranoico de esos que os mantenga enganchados a la pantalla hasta los títulos de crédito del post; pero nada más lejos de la realidad, porque una vez más vamos a hablar de comida, aunque en este caso, sea de la comida del futuro.

Vivimos en un país que tiene en la industria conservera un gran gastrobastión, porque siempre ha habido y seguirá habiendo empresas que se preocupan de hacer las cosas muy bien y porque, debido a que cada día tenemos menos tiempo para cocinar, posiblemente este tipo de productos tengan cada día muchos más consumidores habituales.

Y para cada tipo de consumidor encontramos una serie de productos que se adecuarán perfectamente a sus gustos y también a sus posibilidades económicas, porque la escala de precios de una simple lata de mejillones, variará desde los 50 céntimos de esos que tienen el tamaño de una uña de lagartija, hasta los 10 euros que puede llegar a costar una buena conserva con ejemplares de tamaños razonables, carnosos, jugosos, con ingredientes de calidad y, por supuesto, con todas las indicaciones necesarias para conocer su origen y si me apuran hasta la persona que los sacó del mar y la ropa que llevaba en ese momento.

Y es entonces cuando empiezo a hablar propiamente del futuro de la conserva tras el informe Stevenson o, mejor dicho, tras la enmienda presentada por Carmen Fraga €“ gallega para más señas €“, que pidió y que a la postre consiguió, la supresión de la obligatoriedad de especificar en el etiquetado de las latas, el origen de la materia prima, amparándose en que ese tipo de información no aportaría mucho al comprador y que incluso le liaría un poco más.

€œPues mire ust逝 señora Fraga, somos legión los usuarios que cada día le damos mil vueltas a los envases para enterarnos de lo que vamos a comer y todo esto, gracias a que diversas asociaciones se están dejando la piel para que al consumidor no le den gato por liebre; y cuando por fin parecía que se estaba avanzando, resulta que no, que es todo lo contrario y que desde la propia meca de la conserva, se están poniendo trabas a los que realmente apuestan por un producto de calidad.

ÂżQuién entiende y a quién beneficia este sindiós? Evidentemente a las grandes conserveras, que en muchos casos no tendrán problema alguno en traer producto de fuera €“ más barato -, manipularlo aquí €“ o quizá ni eso - y terminarán sacando al mercado un producto de peor calidad, apoyándose en un nombre que de por sí, ya les asegura las ventas.

ÂżY qué pasa con los artesanos y pequeños productores? Esos que apuestan por comercializar el mejor producto, usando mano de obra experta para trabajarlo. Pues sinceramente espero que no se vean perjudicados, que no tengan tentaciones de pasarse al lado oscuro, que no duden ni un momento en seguir ofreciendo lo mejor y que continúen siendo tan transparentes como lo han sido hasta ahora, porque en la gastronomía como en otros muchos campos, toda información es poca. Y el que no tenga nada que ocultar, seguirá etiquetando sus conservas con el origen y allí deberíamos estar nosotros para exigírselo y reconocérselo.

Y es que hay pocas cosas tan gratificantes como llegar a casa, poner los pies encima de la mesa y abrirse una lata de berberechos €“ aunque alguno luego se lo cargue poniéndole el chorrazo de limón- o prepararse un buen bocata de sardinas con pimientos del piquillo €“ de los de aquí, no de los de Perú-; pero con medidas así, lo único que conseguiremos es que prolifere la desgana, la desconfianza y el desconcierto, cuando al abrir una lata bonito, lo que nos encontremos sea algún tipo de túnido encharcado en aceite vegetal. Si algún día os pasa, ponedle unos palitos de falso cangrejo, medio bote de mahonesa y una vez introducido en un tupper, se lo dejáis en la puerta a la señora Fraga; por supuesto sin indicar origen.

Amén.

Twitter: @DavidMonaguillo
email: pecadosmonaguillo@gmail.com

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