Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

De potajes y pestiños€Ś

Mientras media España llora desconsoladamente por esas procesiones que no pueden salir, el resto lo hace al quedarse con las ganas de mojar sus culetes en la playa; pero cuando se les acerca una cámara de televisión, todos muestran su cara más falsa para afirmar que se alegran porque el campo lo necesitaba. Así que como el tiempo no piensa darnos una tregua para que disfrutemos de lo divino -o de lo humano- , en Gazpacho y Cilicio nos dedicaremos a analizar lo que siempre está asegurado, la vertiente gastronómica de estas fiestas, lo que vienen siendo €œlos placeres de la jamada€.

Pero antes de nada creo que deberíamos reflexionar sobre si la gastronomía de Semana Santa (incluso extendiéndola a la cuaresma) sigue existiendo como tal; y es que desde mi punto de vista y aunque haya costumbres muy arraigadas en estas fechas, como intentar evitar el consumo de carne (Âżqué habrán hecho los carniceros para merecer tal castigo divino?) o cocinar en familia alguno de esos platos en los que las cantidades están pensadas para abastecer a una boca gitana €“principalmente los dulces-, nos encontramos con que las recetas típicas de estas fechas ya se consumen durante el resto del año y por ejemplo las sacrosantas torrijas -con una bola de helado, unos frutos rojos y un golpe de soplete-, son los buques insignia de muchos restaurantes con aspiraciones a referente.

Hasta hace no mucho, esta época del año estaba destinada a empapar unos panes con nuestros pecados, rebozarlos, pedir perdón y freírlos en aceite hirviendo; eran tiempos para guisar mirando al mar, para cocinar tradición a fuego lento, pero actualmente vivimos momentos en los que las restricciones no tienen mucho sentido, la temporalidad de los productos no es tan limitada €“por desgracia más que por suerte-, la globalización llega a los platos y la incidencia del factor €œreligión€ está en claro declive. Todos estos factores se unen para que la €œgastrovigilia€ en sentido estricto tenga los días contados.

Pero no debemos tomarnos esto como una pérdida de valores sino como una evolución lógica, y sobre todo sentir la satisfacción de que algunos platos que se crearon bajo ciertas €œimposiciones€ -potaje de vigilia-, platos con sabores potentes €“pestiños-, de aprovechamiento €“torrijas-, o con costes muy bajos €“leche frita-, hayan sido capaces de sobrevivir en el tiempo y lejos de desaparecer, ahora la gente los cocine en cualquier época del año sin tener que escudarse en razones puramente religiosas.

En nosotros está la responsabilidad de que no desaparezca este valioso legado y para ello lo mejor es ponernos a cocinar leche frita con nuestros hijos, como se ha hecho siempre, en cantidades industriales y repartir con todo el barrio o hacernos con esos pequeños €œadoquines€ una maqueta del acueducto de Segovia. Friamos también torrijas, hojuelas y pestiños, pero en aceite de oliva virgen extra por favor, para que además de no reventarnos las arterias, la gente siga acercándose a nosotros al salir de la cocina; hagamos que el señor Dukan termine colgándose de una soga hecha con pasta fresca, al verlos ingerir hidratos de carbono como si no hubiera mañana y evitemos por todos los medios que nuestros niños se encaprichen de una tarta fondant, a menos que esté coronada por Bob Esponja en una cruz, con uno de sus amiguitos a cada lado.

Y por si el post de hoy os hubiese dado cierto €œtufo€ a incienso, terminaré recordándoos que los placeres de la carne están a punto de llegar; así que dejad que estos primeros rayos os €œfecunden€, remangaos los hábitos, alzad vuestras copas para brindar y saltad de gozo porque ya es primavera...

Twitter: @DavidMonaguillo
pecadosmonaguillo@gmail.com

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