Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Camareros por el mundo...

En el trabajo, como en todos los aspectos de la vida, se necesita tener y demostrar cierta pasión por lo que haces, para que todo el mundo salga frotándose las manos después de la 'experiencia vivida'. Tradicionalmente, se ha relacionado el sector de la hostelería con un recoveco donde algunos -Âżhace falta recalcar que no hablo de TODOS?- se refugiaban cuando no sabían muy bien qué hacer con sus vidas; y aunque en menor medida, hoy en día creo que sigue siendo una realidad más que palpable.

Damos por hecho que cualquier aspirante a trabajar de cara al público, cumplirá los requisitos básicos -más allá de la formación- para desarrollar su labor -aptitudes como relaciones públicas, nociones básicas de psicología, algo de 'jefe de ventas' y un par de 'puñados de buenrollismo'- pero estas premisas no siempre se cumplen y nos encontramos con situaciones a todas luces injustificadas y que en ocasiones rozan lo burlesco.

Algo que no soporto es el 'gen cotilla' que se manifiesta tras algunas barras, normalmente siguiendo el mismo patrón: grupo de amigos hablando de la gilipollez de turno mientras el camarero está en la otra esquina del local; justo cuando la conversación empieza a tornarse interesante y gracias 'al mecanismo' con el que vienen equipados estos profesionales -una especie de 'tom tom del chisme'- notas como se va acercando poco a poco y dependiendo del grado de interés permanecerá allí más o menos tiempo, usando como excusa 'poner en fila india' la bandeja de los boquerones en vinagre, empeñarse en colocar esa botella de Carlos III justo en lo más alto de la estantería o limpiar una copa hasta dejarla como el Santo Grial.

Profundizando un poco en este mismo campo, me gustaría saber la capacidad de almacenamiento masivo que tiene el cerebro de un 'camarero alcahuete' y cada cuanto tiene que formatearse para no morir preso de un 'overflow'; después de su jornada laboral y tras decenas de clientes atendidos, podrían considerarse auténticas 'wikipedias del chismorreo', que no tendrían razón de ser si no trasladaran todos sus conocimientos al primero que pase por delante -preferiblemente si está directamente relacionado con el rumor en cuestión-.

Hablando en serio, me parece indignante tener que estar midiendo ciertos comentarios por miedo a que 'Anacleto Agente Secreto', pueda intervenir tu conversación, escuchándote a través de un Danone vacío, porque otra cosa no, pero chapuzas y cutres son un rato...

Desde aquí también quiero hacer un llamamiento a la DGT, para que regule el trafico en las zonas de terraza, colocando señalización si lo cree conveniente, ya que muchos ciudadanos de a pie nos encontramos en la situación de ser atropellados por auténticos 'potros con bandeja', que lejos de pedirte disculpas y achacarlo a sus prisas, llegan al extremo de mirarte mal e insultarte 'sotto voce'; personalmente me quedaría mucho más tranquilo si les obligaran a sacarse un 'B1 de la bandeja', en el que les dejaran bien claro que son ellos los que están incorporándose a la vía publica y por lo tanto no tienen preferencia, o como mínimo advirtieran al peatón de los posibles peligros, con un par de señales de 'camareros sueltos'.

Entre todos, podríamos elaborar un buen catálogo de costumbres a erradicar -como las críticas al cliente que acaba de salir ,el zorreteo con las/los clientes, las malas caras, las peores formas... etc- , pero quiero cerrar el artículo, yéndome hasta sus 'antípodas', recordando el caso de algunos locales que 'obligan' a sus empleados a dispensar un trato con ciertos tintes 'mayordomescos', cuyo peloteo, lisonja y servilismo llegan al extremo de hacerte sentir el hijo de algún magnate ruso del petroleo, aunque no tengas chófer y en muchas ocasiones ni siquiera un coche de segunda mano...

Y es que hay cosas que no pueden ser, así que ni tanto ni tan calvo amigos hosteleros españoles; una cosa es estar pendiente del que paga, con un servicio atento y cercano, y otra muy distinta, regalarle los oídos y hacerle sentir incómodo... porque a muchos no nos gusta y nos lo tomamos como si nos obligaran a hacer la primera comunión por el juzgado...


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