Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

ÂżDe dónde venimos? ÂżHacia dónde vamos?

En esta época de vacas flacas en la que estamos inmersos, cuyas circunstancias nos llevarán €“ digan lo que digan €“ a rebajar el consumo, la calle es un hervidero y se escuchan opiniones de todo tipo; hay quien considera que la calidad hay que pagarla, que las mejores esencias se guardan en frasquitos pequeños e incluso alguna €œFrabrဝ que piense, que no está hecha la miel para la boca del parado, mientras que otros apuestan - o se conforman - por comprar en esas tiendas que están aprovechando la crisis para reinventarse, bajando los precios al máximo para intentar llegar a fin de mes a base de márgenes más pequeños, aunque muchas veces también se lleven por delante la calidad de los productos.

Durante los meses que llevo grabando el Videoblog €œCocina de Mercado€, me he ido dando cuenta del cierto deterioro que están sufriendo este tipo de €œcentros de negocios€ en general y algunos de sus puestos en particular; en gran parte por la crisis y por no querer €œbajarse del burro€, pero también porque la gente va perdiendo los referentes/valores gastronómicos y muchas veces no sabe diferenciar un alimento de calidad de otro bastante más ramplón. Evidentemente, puedes encontrarte a clientes con los ojos en blanco €“ de gusto - al ver una merluza de pincho con sus agallas bien frescas y esos jamás se escandalizarán por su precio, pero cada día son más los que se llevan las manos a la cabeza cuando les dicen que un kilo de calamar de potera cuesta 25‚Ź, porque están convencidos de que esos aros olímpicos rebozados y congelados que compran en el súper, están igual de buenos.

Hace poco, hablando con gente del sector cárnico, me comentaron que cada día era más difícil combatir la mediocridad que se ha instaurado en muchas empresas, en las que bajar los costes ha pasado a ser la única preocupación, olvidándose por completo de la calidad y utilizando de vez en cuando la típica picaresca española (lo que viene a ser el timo); pero como son muchos los que tienen pecadillos sin confesar, se tiende a correr un tupido velo para que cuando esos rumores lleguen al cliente final €“ si es que llegan -, sean ya pura brisa marinera. Así pues, por norma general todo será maravilloso, los animales siempre comerán en los mejores pastos, los cerdos ibéricos se pondrán ciegos a bellotas, nadie inyectará las carnes y si por casualidad al freír un filete, la sartén termina como el Coto de Doñana de los buenos tiempos, o lo que es peor aún, con un amago de ataque epiléptico, seguro que habrá sido fruto de la casualidad o de tu inutilidad como cocinero.

A veces me pregunto -sabiendo que de todo hay en la viña del señor-, Âżde verdad apreciamos lo que estamos comiendo? Âżqué tanto por ciento de la población sabrá diferenciar con los ojos cerrados un filete de cerdo ibérico de uno €œblanco€?

Posiblemente nos asustaríamos con los resultados, y por eso cada día tengo más claro, que tienen toda la razón del mundo los que piden que la asignatura de Alimentación esté en los colegios, para que desde niños nos podamos enfrentar con unas mínimas garantías, a esta jaula de grillos que es comer bien a diario y, sobre todo, para saber qué es lo que estamos comiendo.

Con esto no quiero decir que obliguemos a los niños a hacer ejercicios espirituales ni esfuerzos extra, porque de esa forma quizá conseguiríamos justo lo contrario y puede que incluso perdieran ese €œsentimiento€ de la comida como placer; pero de verdad que unos mínimos conocimientos son necesarios, porque incluso en nuestro caso, podrían cambiar muchas cosas si, por un momento, al comer cualquier plato, cerráramos los ojos y pensáramos en todas las etapas que ha pasado, hasta el momento de llegar a nuestra mesa.

A mí personalmente me dan mucha pena esos niños que creen que la vainilla es amarilla porque los helados que se comen, además de aromas artificiales, llevan colorante €“ prohibido decir de paella €“ en vez de las propias vainas con sus semillitas naturales; exactamente la misma €“ pero esta ya rozando la lágrima - que esos jóvenes snobs, que se inician en el mundo del vino y que hablan de los aromas a frutos rojos/del bosque, cuando lo más cercano a eso que han probado, ha sido una fresa clónica o una frambuesa de chichinabo, que lleva un mes en su bandejita echando pelo.

Twitter: @DavidMonaguillo
email: pecadosmonaguillo@gmail.com

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