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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Una terapia floral

Entro en la sala de espera de mi psiquiatra actual. Estoy moderadamente contento con él. El anterior me diagnosticó un trastorno que no aparecía ni en Internet. No le creí. Creo recordar que era algo así como escepticismo compulsivo. Con este nuevo, menos elegante pero más alto que el anterior, me siento mucho más cómodo. No me habla en la hora y media que suele durar mi terapia quincenal. Yo tampoco le digo nada. Cobra a buen precio el minuto, pero salgo contento. De eso se trata.

En la sala de espera de mi psiquiatra actual hay muchas flores. Extrañamente, no me producen alergia, pero sí extrañeza. Es la primera vez que por ese celestial habitáculo aparece algún ser vivo aparte del que yo llevo conmigo. Hay flores de todo tipo. Distingo pocas, pero de entre las que diferencio, están casi todas. Acierto a ver tulipanes, crisantemos, amapolas, rosas, rojas y amarillas, claveles y gladiolos. También otras que regalé en no sé qué cumpleaños y que atendían a un nombre raro. Empezaban por “al” y terminaban por “lí”, pero desde siempre tengo problemas para recordar las palabras de origen árabe. Incluso diviso en el rincón nenúfares a medio sumergir en agua cristalina.

En la espera, claro, me sugestiono. Y empiezo a pensar en la ingente cantidad de polen que puede haber suelto por allí. En un momento, incluso, logro verlo y hasta llego a mover mis manos para intentar apartarlo de mi cara. Pruebo a estornudar pero no me sale, me lloran los ojos pero hacia dentro y de mocos, ni noticia. Si pudiera hablar con mi psiquiatra le contaría exactamente lo que me está pasando en ese momento, pero prefiero el silencio. Dónde va a parar.

En el pasillo de la consulta oigo como mi psiquiatra actual despide a un paciente. Lo hace en voz baja para conservar la imprescindible discreción, pero el tono del paciente en cuestión me resulta completamente familiar: es mi antiguo psiquiatra. Imagino junto a mí un sombrajo y uno a uno todos sus palos se me van cayendo. Acierto, antes de la despedida, a escuchar el diagnóstico: escepticismo compulsivo. Quiero irme, huir, pero la puerta de ese lugar seguro que es la consulta de mi psiquiatra, se cierra y los pasos de mi actual terapeuta amenazan con llegar a la otras veces celestial salita de espera. Uno, dos, tres, cuatro… y efectivamente, llega. Me extraña sobremanera que entre hablando porque el trato es que ni siquiera emita palabra para indicarme que entre en su despacho. Pero ante mi sorpresa, no se dirige a mí sino a las flores. Así como suena. Créanme lo que les cuento. Primero a los gladiolos por su nombre de pila, después a los nenúfares a medio sumergir y, por último, a esa especie de cuyo nombre no me quiero acordar. Se juntan todas las flores, síganme creyendo, por favor, no me abandonen ahora; se levantan y detrás de mi actual psiquiatra que se van todas a una, en forma, si quieren, de ramo de boda.

Por un momento contemplo la posibilidad de solicitar una cita urgente con mi psiquiatra anterior pero sé de primera mano que no está en su despacho. Decido sentarme y respirar a cuatro tiempos como él mismo me enseñó. En unas de esas lo hago tan bien que me duermo.

Me despierta, al fin, el sonido de la puerta de la sala de espera. Mi psiquiatra actual me hace pasar y ya en su despacho y ante la perentoria imposibilidad de articular palabra, por contrato y por las circunstancias previas, le pido un papel y un bolígrafo. Me acerca un trozo de color amarillo y un Bic naranja de esos que escriben fino. Me gustaría solicitarle un Bic cristal de esos que escriben normal, pero prefiero, también en esto, callar. “Me puede explicar lo de las flores”, escribo con esa letra pequeña típica de alumno de Segundo de Primaria. “Este invierno-primavera, primavera-invierno, que las trae loquitas”, leo reconfortado. Hora y media de silencio después, llueve delante de los cristales. Llueve y llueve.


DESAPUNTES

-          Leído en Twitter (Ya me gustaría haberlo pensando a mí antes): “No entiendo cuál es el problema de que llueva en Semana Santa si la procesión va por dentro”.

-          También en Twitter (Ya me gustaría haberlo pensando a mí antes también esto): “Los recortes en TVE hacen que, por error, se emita una homilía fechada en 1940”.

http://www.youtube.com/watch?v=V2D2pERmnuI

-          La frase del milenio: Se la escuché el otro día a no sé qué presidente de no sé qué banco de no sé qué país: “Los griegos no son todavía lo suficientemente pobres”. Me temo que nosotros, tampoco. Nunca las palabras “todavía” “suficientemente” y “pobres” resonaron tanto en mi cabeza.    

-          Downtown: Lo que más me gusta de las grandes ciudades es el Downtown. Ahora mucho más.

http://www.youtube.com/watch?v=kUCIKVFYxfw

-          Sin más ni más: Peliculón. Y para más, señas, español. http://www.youtube.com/watch?v=-KfYrvpJgtY

-          Sólo para atléticos: Siguiendo con la tradición, no tengo casi ninguna fe para el partido de esta noche ante el Madrid. Sólo un consejillo para el cristiano y la compañía: Id con doble espinillera.


CONTRA LA PARED

En ese bellísimo y entrañable barrio situado al norte de Garrido, Zamora lo llaman, un loco laico anda suelto. En tierra de legendaria Semana Santa, Cristiano y tal y tal siguen haciendo de las suyas.  

Pintada, Jesús Gil vive Pintada, Cristiano Ronaldo


MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN

 

Cuanto más escucho a Manolo García, más me gustan los discos de El Último de la Fila. A ver si en los más que notables Pereza, el bueno era el que menos se pensaba. Tiene mucha gracia el primer disco en solitario de Rubén Pozo. Y el vídeo, demostración preclara de nula vergüenza ajena, es original cuando menos.  

 

Y, buscando, buscando, encuentro al señor Pozo acompañando a los hermanos Ferreiro, Iván y Amaro, en una preciosa versión de la preciosísima SPNB. Que la disfruten.

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