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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Peldido en el bazal

Lo único que le falla al Mercadona es que no tiene Cola Cao turbo. Llevo fatal lo de los grumos. Sé que para combatirlos hay que ir echando la leche poco a poco con la mano izquierda, los diestros, mientras que con la derecha hay que ir moviendo a similar velocidad el contenido con la cucharilla al uso. Los siniestros, lo mismo, pero al revés. Soy plenamente consciente de que los grumos en el Cola Cao pueden llegar a ser hasta divertidos, que se te pueden meter en la nariz y provocar estruendosos estornudos más propios de niños que de personas adultas. Como formo parte medular de uno de esos dos grupos de edad, y además aún le echo azúcar al Cola Cao, paso de grumos.

Pese a la injustificada ausencia del turbo en la estantería de lácteos y derivados, confío ciegamente en la cadena de supermercados del gurú Roig. Por eso y porque necesitaba un cordón para mis zapatillas, me adentré el otro sábado en un bazar chino de esos que puso como ejemplo hace poco el dueño de Mercadona.

Los lisérgicos cristos y vírgenes de la entrada no presagiaban nada bueno. Tampoco los sostenes rojos de a tles eulos colocados en el tramo intermedio de uno de los ocho pasillos infinitos de que constaba aquel claustrofóbico lugar. A punto de perecer en medio de un ataque de fajas color carne poco hecha y de cuadernos milimetrados de espiral, logré centrar la mirada en tres personas chinas que trabajaban sin parar. No supe exactamente qué estaban haciendo pero sí que no paraban de activar su cuerpo en busca del rendimiento deseado. “Trabajamos como tailandeses”, me dijo el más despierto del trío al preguntarle por lo que estaban haciendo y por el lugar exacto en el que podía encontrar un par de cordones grises para mis zapatillas de paseo. El amable mandarín me lo debió de explicar a la perfección pero el sentirme literalmente aprisionado entre velcro para zapatos de tacón, colgadores de punta fina y espumillas para poner debajo de las patas de las sillas, provocó que me olvidara de la indicación exacta.

Tuve que volver a preguntar. Y lo hice a dos personas, también  chinas, que jugaban a algo que no me resultaba para nada desconocido. Manos atrás, monedas, apuesta a viva voz, sincronización de relojes, un, dos, tles, manos abiertas, victoria o derrota. Lo llamaron “los españoles”, así como suena. Aturdido, me senté en un banco, que también se vendía, y en este banco asistí impertérrito a una eliminatoria intensa entre un chino que se llamaba Juan y el otro que ya te lo he dicho. Iban tres a tres y era al mejor de cuatro. Uno, dijo Juan. Celo, dijo el otro. Y, por extraño que parezca, ganó el otro. Por haber sido proclamado vencedor, fue a él al que le pregunté acerca del lugar exacto en el que podía encontrar los dichosos cordones. Me hizo el gesto universal de sígame, sígame y para allá que me fui con él. Volví sobre mis propios pasos, recorrí de nuevo dos pasillos kilométricos, paré a tomar algo en el medio del último, superé, no sin sorpresa la caja y aparecí en la calle en la única compañía del campeón de los chinos. Ante mi estupefacción me señaló la farmacia del otro lado de la avenida. Tras aclararle que eran coRdones exactamente lo que necesitaba, me invitó a un licor de lagarto como signo de buen rollo y ecumenismo entre civilizaciones. Lo ingerí de un trago mirando a los ojos al reptil de la botella y me dirigí directo al lugar, por fin, exacto. Había cordones de todos los colores y tamaños excepto aquellos que iban, por tonalidad y tamaño, con mis zapatillas de paseo. Salí del bazar, no sin antes interesarme por la inscripción para el próximo campeonato previsto de españoles. En la puerta, uno de los lisérgicos cristos, pareció querer decirme algo. Huí corriendo, mas al no tener cordones puestos, perdí una de mis zapatillas de paseo. Allí estarán.

DESAPUNTES

Nos siguen provocando: Leía yo la otra noche el periódico -las pocas veces que últimamente lo hago, sigue siendo de noche-, y advertí, allí en una esquinica, una pequeña noticia que hablaba de la sustitución de presidente en Red Eléctrica Española, empresa semipública de este país. El asqueamiento que sigue produciendo la colocación de colegas en puestos de confianza se queda en nada ante la atenta lectura de las últimas líneas. Las reproduzco a continuación de manera literal para indignarnos conjuntamente y a la de tres. “… Atienza sale de la empresa con un blindaje que equivale a su sueldo de un año. En 2011 ganó 831.000 euros. Su antecesor en el cargo, Pedro Mielgo, salió de la empresa con una indemnización de 2,9 millones de euros”. ¿Ven? Lo de la crisis y la estafa.

- Huelga general: ¿Un jueves antes de Semana Santa? Para algunos, puente y vacaciones. Yo, trabajaré. Si en vez de paro, hablamos de redada en busca de corruptos, de guerrillas civiles hambrientos de especuladores, de búsqueda inmisericorde del que nos ha llevado hasta aquí, de guillotinas… que me avisen, que voy.

- 11-M: Paren este país, que me bajo.

- En mi quiosco de confianza: ¿Cuándo caducan las gominolas?

- Sólo para atléticos: Gloria compartir origen centenario con el Athletic Club de Bilbao y su monumento al fútbol en Old Trafford. Como un enano lo pasé. Lo avisé con Bielsa y pocos, socios de San Mamés incluidos, me creyeron. De algo tendrán que servirme tantas horas de tele y fútbol.

 

CONTRA LA PARED

Pintada Salamanca

La caprichosa sombra decidió que casi nadie repita en voz alta: “El hambre no es culpa mía”. ¿Sabemos de quién? Pues, a por él. Y todo, ironías del destino, en un bocadillo. ¿De lacón, quizá?

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN

Al sentirme espléndido como me siento, varias recomendaciones musicales para la semana que, como ya es habitual, comienza este miércoles.

Queda solo un mes para poder descubrir el nuevo disco de Xoel López. Si antes se hacía llamar Deluxe y hacía las maravillas que hacía, ahora estoy preparado para lo mejor. “Tierra” se llama este adelanto y promete lo que no está escrito. Por tanto …

 

Me gusta bastante el nuevo disco de “Niños mutantes”. La canción del vídeo, “Hundir la flota”, no es precisamente la que más, pero el producto visual es inmenso, el título, superlativo y esos secundarios… qué decir de esos secundarios. Para colmo de bienes, el vídeo acaba con los míticos tragabolas. Recomendado especialmente para mayores de 30.

 

Habida cuenta de la legión de seguidores que arrastro, entre uno y ninguno, y la estratosférica capacidad de influencia que acostumbran a poseer estas líneas, entre nada y nadérrima, alguno de mis amigos me utiliza para patrocinar la música que también ellos se llevarían hasta una isla desierta, o mejor incluso, hasta Castellón. Ésta la hace un yanqui que se llama Damien Jurado, que no parece que tenga nada que ver con la más grande, y que, ciertamente, no suena nada mal. Disfrútenlo y hagan amigos.


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