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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Luego insisto

Pienso, luego insisto. Insisto en pensar, luego pienso insistir. Luego, pienso en el que comen las vacas y lo veo rodeado de hierba y ubres, no necesariamente en semejante orden. Fallece Carrillo. Se nos van los mejores. También los peores y los mediopensionistas. Usted verá dónde lo pone. A mí, ya me lo recordaron un día, no me pagan por pensar. Cómprese, como hice yo, una armadura de relativismo moral. Las vende baratas el chino de la esquina. Tles pol dos, me ofleció, perdón, me ofreció el otro sábado cansado como estaba yo de tener un criterio recto para cada cosa. Piqué y he decidido habilitar el pasillo de mi casa como bien de interés cultural. Hago descuentos a grupos. Los martes y los viernes, sin aumento de precio, visita guiada al baño grande. Los lunes, corto y cierro.

Ahora al Rey le ha dado por escribir cartas. ¿A quién, a los niños? me pregunto. ¿Cuándo, por Navidad? ¿Quiénes son, entonces, los padres? Sigo con la familia. Mi primo me presta, con vuelta, la siguiente gracieta: Dice su padre, mi tío a la sazón, que fulanito de tal se ha colocado. ¿En dónde? Preguntaría la generación de los 98. ¿Con qué? Inquiere la de los 27. ¿Le queda algo? Sugerirían, pelín ansiosos, los novísimos. Es brillante, como ven, mi primo. Cuando me lo contaba, se partía. Más concretamente, se dividía por los impares y por sí mismo. Está hecho todo un número mi primo.

Cuando cumpla los 30 quiero ser mueble de Ikea. Te colocan, sigo en ello, ya ven, te admiran propios y sobre todo extraños, te tocan, te ponen por las nubes, apuntan tu número de serie con lapicerillos de tu misma madera, te compran por menos de lo que vales y por mucho más de lo que te imaginas, te van a buscar a las profundidades del mismísimo averno, te llevan sobre ruedas, te traen todo tumbadazo y, al final, como sin querer la cosa, van y te montan. Un lujo. Es más, si tienes suerte puedes conocer en profundidad a la turbadora llave Allen y, para colmo de bienes, los lujuriosos destornilladores eléctricos han acabado con los frígidos y fríos de estrella. Un cosquilleo. Ummm.

A mí una vez una estantería, de las Billy de toda la vida, se me hizo de un día para otro tres centímetros más alta. Tuve que cambiar las baldas porque algunos CD’s bailaban. El de Bisbal, una recopilación para una etílica Nochevieja olvidable, no se crean, se hizo sitio el solito para dar una pirueta con dos tirabuzones y medio de salida con el cuerpo carpado y la melena cardada. Diferente actitud, mucho más reservada, tomaron los DVD’s. Sólo aquella película de adolescentes con picores siguió el camino marcado por sus imberbes hermanos pequeños. Pienso que se llamaba “Luego insisto”, pero hoy no me hagan demasiado caso.

DESAPUNTES

- Esperanza: Ya lo cantaba Jeanette

- Sin acritud: ¿Qué pena prevé el nuevo Código Penal para quienes / quienas robaron niñ@s? ¿También la prisión permanente revisable? Pregunto.

- Leído en Twitter: “Acepto discutir sobre la independencia de Cataluña sólo cuando se haya retirado Xavi”. (Rubén Amón twixit). Ya somos dos.

- Sólo para atléticos: Yo SÍ tengo equipo.

CONTRA LA PARED

Poco importa mientras también lo seamos en lo más importante.

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN





Mi ignorancia es supina en lo que creo saber. Imagino qué sucederá con lo que estoy seguro de no saber y, directamente, lo ignoro. Los autores de las canciones que rodean por arriba y por abajo estas prescindibles líneas llevan tocando juntos desde que comenzó el presente siglo. Y yo sin enterarme. Se hacen llamar The Walkmen (un grupo español que se llamara Los Caminantes lo tendría chungo para sonar siquiera en Radio 3), y ya van por el sexto disco. Me gustan. Bastante. Ahí lo dejo.






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