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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Jotaemejota

Yo ya vi al Papa, aunque a otro diferente a éste que nos viene a ver ahora. Por aquel entonces, año 82, yo ni siquiera era joven. Ahora, ya casi tampoco, por lo que no sé si tendría demasiada cabida en esto que llaman JMJ. Denominación capicúa, sonoro homenaje al baile del Norte, faena para los millones de habitantes del planeta que tan mal lo pasan para pronunciar la letra J. Veo la excitación que provoca en miles de personas el asunto de la visita papal y, en cierto modo, la envidio. Como muchas otras cosas que no siento y como la mayoría de las que no comprendo.

Respeto absoluto a los sentimientos de cada uno, incluido a los míos. Sólo faltaba. Dicen que la visita de Ratzinger (Z, apostilla el menos irreverente de mis amigos), no nos va a costar un duro. Creerlo es, como no podía ser de otra manera, cuestión de fe. Dicen, los mismos de antes, que será un auténtico negocio para Madrid por los beneficios económicos que dejará a la gran ciudad. No fui yo el primero que utilizó de manera consecutiva los términos Papa y negocio.

Otros han tirado la piedra que yo preferí no lanzar. Hace un par de semanas a estas mismas horas estaba yo en Lourdes. No digo más. Llenaron el Retiro de confesionarios. ¿De coches? pregunta, en este ocasión el más analfabeto funcional de mis amigos. ¡Animal! Con f. Con-fe-sio-na-rios. Polisílabas llamábamos a estas palabras cuando yo vi al Papa anterior. Hasta doscientos han colocado. Blancos, imagino que por el Madrid. A lo que se ve, pecamos mogollón. Hasta por respirar intuyo. Dicen que una noche de estas hasta el mismísimo Ángel Caído bajó de su pedestal del Retiro para confesar lo suyo. El cliente del mes le han hecho. Parece ser que ya no se puede entrar en Madrid, que está casi sitiado.

El ilustre visitante, supongo, así lo merece. Aunque sólo sea porque con Benedicto XVI en el Vaticano los pocos curas pederastas que en el mundo han sido, fueron descubiertos para vergüenza individual y colectiva. Si en una de éstas, además, le da por dejar de condenar el uso del preservativo en el Tercer Mundo, me tendrá casi ganado para la causa. Si, un suponer, decidiera subastar alguno de sus múltiples tesoros vaticanos y ceder lo que se saque para ayudar a acabar con la hambruna al Cuerno de África, me comprometo a ser joven en 2013 e ir a verle a Río de Janeiro.

En todo caso, y como casi siempre que el asunto religioso asoma por mi ventana, trataré de cruzar las vías, llegar a Puente Ladrillo, escuchar, dudar y, muy posiblemente, hacer caso a todo lo que me digan.

Contra la pared

Epílogo artístico en las calles de mi cuidad. 'Aquí se despide Mani', dice, imagino, el propio Mani. Autorretrato en blanco y negro. Como salido de la papelera contigua, que parece querer darle un ñasco en el trasero como un vulgar comecocos cualquiera.

Música para llevarse a una isla desierta... o a Castellón

Nunca entendí como Jorge Drexler podía tener un hermano negro que se hartaba de meter canastas en los Portland Trail Blazers. No lo entendí, básicamente, porque era falso. A Drexler le envidio dos cosas: Que hiciera un discazo como 'Eco' y que enamorara a Leonor Watling, y no sé si exactamente por este orden. El enlace, sin embargo, lleva al vídeo de una maravillosa canción de otro de sus últimos discos, más flojos, por supuesto. Canta a su “Hermana duda” y me viene a huevo respecto a lo de la JMJ y otras historias. Dudo, luego insisto.

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