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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Horror sin etiquetas

A mí, Oslo no me gustó casi nada. Cuando la vi estaba sucia y, especialmente el centro, se me apareció superpoblado de indigentes y de personas para las que el futuro había sido ayer. El país, Noruega, al menos lo que yo vi, me resultó precioso aunque la trilogía fiordo, lago, cascada puede llegar a cansar. País de postal. Volveré, pero solo si es para llegar al norte del norte. Hacía tiempo que no pensaba en Noruega, ese lugar en el que hay tragaperras hasta en las farmacias. El viernes pasado me costó quitármelo de la cabeza.

Yo también pensé en los islamistas radicales de otras tantas veces en cuanto escuché la noticia de la explosión. Pero yo, a diferencia de otros periodistas, no tenía la obligación, por esta vez, de esperar a que se confirmara la autoría de la sumaria ejecución. Muchos resbalaron y no perdieron ni un minuto en reconocer su error más que nada porque no lo hicieron. Malos tiempos para el periodismo de altura. El de bajura cambia gobiernos, pincha teléfonos, campa a sus anchas en fin.

Somos muchos en el mundo, casi 6.000 millones. Por reducción al absurdo hay miles de probabilidades de que a un fulano indecente se le vaya la cabeza y le dé por matar a personas. Poco pasa, créanme. Lo pienso, a veces y salvando cientos de miles de kilómetros de distancia, en la carretera. Cuando conduzco me doy cuenta de que dependemos de nuestra propia pericia y, especialmente, de que no nos crucemos con el animal o con el desesperado de turno. ÂżSólo yo me he preguntado alguna vez cuántos suicidios hay entre la desnuda cifra de muertos por accidentes de tráfico? Ah, vale, creía que era yo solo. Sin embargo, creer en el ser humano es aún bastante posible. Pese a lo de la tristemente famosa isla de Utoya, el porcentaje de normalidad arrasa. Me agarraré a ello para seguir avanzando y para poder escribir, algún día, algo divertido. Hoy, lo siento, no toca.

Se le ha tildado de casi todo al salvaje noruego. Nos encantan las etiquetas. Cristiano radical, escuché. Islamófobo y extremista, también. ÂżQué dirán de mí el día en que haga algo extraordinario? Me conformaría con alto, moreno€Ś del Atleti si me apuran, pero más no, por Dios. Para el tal Breivik Âżqué tal solo con asesino? Monstruo, si lo prefieren. Dejemos los merecidos y desgarrados insultos para las familias de las víctimas, descorazonadoramente jóvenes para mayor tristeza general. Bucear en las motivaciones que le llevaron a asesinar a montones de personas es sólo pensar que puede haber motivos para cometer masacres. No los hay, aunque algún pobre somalí refugiado en Kenia pueda pensar todo lo contrario.

Hay gente, por absoluta desgracia, que no admite la diferencia, el criterio propio, el poder de la duda, la infinita gama de grises que van del blanco al negro. Son un peligro público, incluidos los que no matan. El miedo es libre y el odio tiende a infinito.

CONTRA LA PARED

Contra la pared

Cuando la sombra es demasiado alargada, hay que traducir. Allá voy: €œVenid hasta el borde, les dijo. Tenemos miedo, podríamos caer. Venid hasta el borde, les dijo. Ellos fueron. Los empujo€Ś y volaron€. Lo escribió, dicen, Apollinaire, y un artista lo pintó en un rincón apartado de mi ciudad. Me llegan a poner esto en la prueba de comentario de texto de la Selectividad y no me da tiempo a hacer el resto.

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA€Ś O A CASTELLÓN

WinehouseReconozco que si no se hubiera muerto el otro día Amy Winehouse, habría tardado cientos de entregas en incluirla en ésta, tan distinguida sección. Pero su desenlace, tristemente previsible, me hizo repasar su escasa discografía y, en un ratillo, confirmar su indudable calidad. Me duele su vida más que su muerte. Morir a los 27 es lo que tiene. Un blues por ella.

http://www.youtube.com/watch?v=FMTBAnU0C84

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