Fernando rodriguez original original

Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Desde mi universo perpendicular

Llevo un par de semanas viviendo en un universo paralelo. Perpendicular, si me apuran porque me paso buena parte de mi existencia de lado. Una intervención médica, ya avisé en mi anterior escrito que poco seria y programada de antemano, me ha llevado a ver la realidad ladeada. Como de por sí no conviene mirar a la realidad de frente, pienso que algo bueno tendrá que salir de mi postura actual.

Veo la tele y muchos de los personajes abandonan la pantalla por el lado del que yo los veo. Desaparecen, sin más. Como si se fueran cayendo poco a poco. Siempre se van los malos. La Esteban, por supuesto, permanece. También Nadal, aunque su final con Djokovic la tuve que ver con la televisión dada la vuelta, más acorde con mi postura, después de los primeros sets inmaculados del serbio. Por desgracia, no llegué a tiempo de curar la hemorragia. ÂżHemorragia he dicho? Todo se pega.

La realidad perpendicular que aprecio en estos días es la perfecta para consolidar mi idea de que todo es mentira. El asunto de los pobres griegos, visto desde mi privilegiada postura ladeada, es de traca. Hacer pagar a la desasistida población los dispendios, las ambiciones desmedidas, las delictivas especulaciones de quien sea, su anterior gobierno, el actual o los bancos alemanes es, cuando menos, de juicio final. Veo, de lado, insisto, la que se armó la semana pasada en Atenas y en primera fila de lucha no observo a un perroflautopoulos de pacotilla sino a un tipo, superados los cuarenta, al que imagino, como poco, guía del soberbio Partenón.

Al final, el rescate-Âżqué son, guardias a la búsqueda de incautos montañeros?-, se lleva a cabo y ellos, los malos, tan contentos. Lo que dure el festín, poco imagino, será el tiempo que nos den de tregua. Las siguientes piezas ya están elegidas. Es solo cuestión de que el dinero amasado vuelva a ser insuficiente. Nos siguen provocando. Otros luchan por nosotros.

Veo al candidato de las barbas y el poco pelo y mi postura perpendicular me ayuda a entender lo incomprensible. Atacando a los bancos consigue votos pero el dinero para su campaña no sale de debajo de las piedras. En este cruel asunto de las hipotecas no solo la responsabilidad es del que da duros a cuatro pesetas. No se puede ser tan ingenuo como para pensar que los malos van a ser tan buenos por un día. Como yo no lo fui, lo digo.

Leo el periódico de lado y algunos titulares, como en la tele, se van por el margen derecho de las portadas. Es curioso pero varios de ellos los entiendo igual, o incluso mejor, que con todas sus palabras completas. Veo ciertas medidas que está llevando a cabo mi nuevo alcalde y sólo me queda que aplaudir. Cierto es que en la mayoría de los casos el asunto se resume en hacer lo contrario de lo que se venía haciendo. Lástima que no le dejaran que la primera medida de su estrenado mandato fuera devolverle a la calle Gibraltar su centenaria denominación.

Espero recuperar de una vez mi postura original. Pero antes de volver, haré una paradita para ponerme cabeza abajo y tratar de comprender, sin insultos de por medio, que el alcalde de Castellanos de Moriscos, se haya autoimpuesto un sueldo de 50.000 euros netos al año. Se me antoja complicado. Nos siguen provocando.

Contra la pared




La pintada que sirve de perfecta excusa a estas líneas se ha convertido en una de las estrellas de los indignados, pero lleva años muy cerquita de La Chinchibarra lo que demuestra mque en Garrido siempre estuvimos pelín cabreados. Vasile y Jorge Javier ya se han quejado y han pedido que la limpien de una vez. Para mí, televidente activo, no sirve. Pienso, luego veo la tele. O como prefieran: Pienso, y luego veo la tele. El poder de la conjunción copulativa.

Música para llevarse a una isla desierta... o a Castellón




Ya me empezaba a preocupar que una de las grandes citas que dejaré para la Humanidad, esa que dice que el talento se acaba, no se cumpliera en todos y cada uno de los casos. Hasta que el genial Van Morrison no se deslizó por las enfangadas aguas del country era la excepción que cumplía la regla. En los últimos años se convirtió en regla y el autor de frases solemnes respiró tranquilo. Un tipo que no tenía 20 años cuando compuso 'Gloria' o 'Brown Eyed Girl' se puede permitir el lujo de ser, de vez en vez, un auténtico gilipollas. Yo, en su caso, es posible que tampoco me aguantara demasiado. Su disco 'Days like days' es, sin duda, el mejor de todos los noventa. Tiene centenares de canciones. No hay excusa.

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