Fernando rodriguez original original

Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Agradecido y emocionado

Quien una vez aprendió a montar en bicicleta, nunca lo olvida, me dijo hace tiempo el más alto de mis mejores amigos. El otro día, años después, volví a subir en una, y me caí. En cambio, uno deja de escribir, aunque sólo sea por un tiempo, y no lo puede olvidar. Especialmente, si lo hace mal.
Han pasado casi un par de meses desde que el papel se convirtió en pajarita, ésta cambió de sexo y echó a volar. De ese triste día en el que el lobo llegó y ni siquiera Pedro le estaba ya esperando. Ahora, unos valientes se han echado a la Red, sin red alguna por debajo, y no se les ocurre otra cosa que dejarme escribir.

Como no sé decir que no a nada, y mucho menos a esto, lo haré. ¿Qué de qué vas a escribir? Me preguntan, pelín ingenuos. Puffff, así de repente… contesto sin hacerlo. No sé, de fútbol, imagino. Y también de toros. Y algo de cine y de televisión, seguro que habrá. Y mucho de política, de la aquí, de la de allá y, especialmente, de la del más allá. Habrá lugar para la indignación verdadera, para el 15-M, pero sobre todo para el 16. Para mis manías y mis obsesiones. Para intentar descubrir de una vez por todas por qué las mandarinas tienen pipo.

Pero también para imaginar lo que le puede pasar a alguien que a la salida de un aeropuerto acude a la llamada de un cartelito que pone bien grande “Señor Gómez Martínez”, sin ser, obviamente, ni Gómez ni Martínez. De todo, en fin, como en las boticas que ya no hay. De lo que no hay, por cierto, también escribiré. Y de lo que nunca hubo de haber.

Llevo dos meses sin escribir para los demás. Para mí siempre lo hago y así estoy. Tenía tanto mono de hacerlo que he recuperado la vieja costumbre de apuntar la lista de la compra. De pequeño, los fruteros de confianza alucinaban con mi memoria.

Yo, con que se levantaran a las cinco de la mañana y cambiaran cada día el precio del pimiento rojo. El otro día me planté en el Mercadona con un papelito lleno de indicaciones. Compré, llegué a casa baldado por el peso y comprobé que le había hecho la compra a mi madre. No había, y en este detalle se puede ver la magnitud del error, Kit-Kat, y quien me conoce sabe que me paso el día entero entre paréntesis.

En todo este tiempo, dos meses ya digo, el primer equipo de fútbol del que me hice socio ha descendido de categoría, por primera vez en mi vida me ha apetecido ir de acampada y hasta ha cambiado el alcalde de mi ciudad. Si lo llego a saber dejo de escribir un poco antes.

Contra la pared

Los periodistas, todos, nos creemos mucho más de lo que somos. Nos mean y la prensa dice que llueve, decían hace años en Argentina. Si no salimos de los periódicos, nunca veremos todo lo que hay fuera, reescribo el estupendo cartel indignado.

Música para llevarse a una isla desierta o... a Castellón

Mis amigos la llaman cansina. A mí, por ahora, no me cansa. La Bien Querida se hace llamar y es de esas cosas que pasan rara vez. Cierras los ojos, eliges un disco al azar, lo escuchas y te sientes mejor. Para qué pedir más.

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