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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Agencia de colocación

No hay mejor manera de conocer la vida de una persona que colocando sus discos. Me tocó hacerlo la otra mañana y la persona, obviamente, era yo. Pánico ante las estanterías vacías, Billy por supuesto, las del IKEA de toda la vida, similar al que siento ante el folio en blanco. Empleé las cinco uvedobles famosas del periodismo. Esas que se responden solo de vez en cuando en cualquier artículo que no se precie. En esos que nos dejan hacer los ERES de turno de vez en vez. A la pregunta ¿Qué? lo tuve fácil: Mis CD’s. A la interrogación temporal, ¿cuándo?, mañana sabatina, respondí. El dónde me lo resolvió el empresón sueco de muebles que cambió mi vida. El porqué lo respondí con ¿y por qué no? a medio camino entre lo cortante y provocador. Y el ¿cómo? ¡Ay! el cómo. Pregunta clave. En casi todo. También en esto. Cómo colocar unas cuantas cajas de CD’s. Es decir, en qué orden hacerlo. Allá vamos.

De mejor a peor. No me digan que no es atrayente la idea. Y útil. Allí en la última balda, en la linde con la papelera, siempre conviene tener ese CD que compraste aquella mala mañana de aquel infausto día que acabó en una noche peor. Tengo, tengo de esos, pero por prurito personal, me reservo la identidad del/la culpable. Tranquilos, que creo no tener nada ni de Bisbi ni de Busta. Ni siquiera de Leonard Cohen. (Ahí, ahí, provocando).

De moderno a nuevo. Opción A: Por orden de adquisición. Opción B: Por orden de creación. En el primer caso, media primera balda estaría llena de novedosa música española. Brillante, personal, rara, envidiable, redonda. En el segundo caso, un cuarto de la última balda luciría plena de la poca música clásica que atesoro. Lo justo, lo más conocido. Lo más comercial entre lo clásico. Los 40 principales de la sinfonía. De clásico tengo casi todo, de clásica, casi nada.

Por tipo de música. Ecléctico soy. Mal asunto entonces.

Por orden alfabético. El método clásico. Por eso justamente, el que elegí yo. Obvio. Ahora bien, pregunta clave, otra más. Los Beatles, por ejemplo. ¿Por la lógica B? ¿Por la oficial T, de The, de The Beatles? Opción cañí: ¿Por la L de Los, con un par? Duda mucho más que metódica. Opté por el camino recto, típicamente anglosajón y protestante, para dejarlos cerca, muy, muy cerca, de The Rolling Stones, a ver si una noche de estas los descubro en cruenta pelea por la supremacía de la especie. Otro caso: ¿Qué hacer con todos los que tengo de Sabina, esos que hizo hasta que el talento le abandonó? ¿Por la S de Sabina? ¿Por la J de Joaquín? Racionalista hasta el extremo, me autoimpuse colocarlos junto al único, y brillante, de John McCusker. Todo será que cuando busque alguno, tenga que emplear 15 segundos valiosísimos de mi vida en la fila de la S hasta que recuerde una por una las razones que me llevaron a respetar los mandamientos del más empírico de los humanismos. Un último pero que ponerle a esta opción de colocación de CD’s. ¿Qué pasa con todas aquellas recopilaciones que compré cuando tenía dinero? Esa reunión de buenas canciones que hace gente a la que no le da para hacer un disco en condiciones. “Lo más disco_ 1991”, por poner solo el primer ejemplo que se me viene a la cabeza a estas horas ya tardías de la noche. Y, por cierto, ¿qué se hace exactamente con alguna que otra banda sonora que poseo? ¿La ordeno por el título de la peli o por el autor de la música?

Colocando, colocando, recordé bellezas olvidadas, noches infinitas, lágrimas, exaltaciones de la amistad y hasta cantos regionales. Adolescencias inacabadas, violines y gaitas, túneles del amor, corazones amantes, días como estos, en fin.

Y allí que, sudando por el esfuerzo y por la inconsciente calefacción central, puse el último, el gran “Atlántico” del simpar “Xoel López” y, no, no, no se me vino encima la estantería pese a ser de las más baratas del IKEA, pero sí que pensé cuánto tiempo hacía exactamente que no cogía un CD de la estantería. Aún lo estoy pensando. Maldito ordenador.     

 

DESAPUNTES

- Eterno: No lo había visto todavía, pero desde que lo encontré, no me canso de verlo. La música del comienzo, igualmente mágica, “Orobroy” de David Peña Dorantes. También descansa en mi ya famosa estantería.  

- Estados Unidos: Hubo un tiempo no muy lejano en el que todos deberíamos haber sido llamados a votar en las elecciones yanquis. Ellos dominaban el mundo y con nosotros dentro. A estas horas ya se sabrá si el milagro continúa o si, por el contrario, regresa la fundación para la ley y el orden. Después de ver a Clooney en la magnífica “Los idus de marzo”, sinceramente me trae sin cuidado. Bien pensado, deberíamos votar en las elecciones de China… ah, perdón que allí no hay. 

- Hasta en la sopa: Apenas veo la tele, pero cuando la enciendo, allí está Pablo Alborán. Buen chaval, canta bien, pero al pensar en él mi mente va directa, no sé aún por qué, a  los huesos de santo.

- ¿Información de servicio?: Al fondo, a la derecha. 

- Solo para atléticos: La primera, en la frente.

 Falcao, Atlético de Madrid, frente


CONTRA LA PARED

Si ustedes tampoco saben qué es el N.W.O., ya se lo digo yo que para eso he tenido un pelín de tiempo para consultarlo en la madre de todas las enciclopedias. Desechadas varias acepciones me quedo con que N.W.O. se refiere al nuevo orden mundial. Hay que ver, tres mentiras en tres palabras. Ni es nuevo, ni obviamente es ordenado, y mucho menos, mundial. Ahora, si es por ser negativo, yo también  estoy en contra. Y mucho.  

Pintada Salamanca NWO


MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN

 

Un tipo que compone la banda sonora de la mejor película de la historia reciente del cine español, “Primos”, tiene que merecer mucho la pena. Y así es. Se llama Julio de la Rosa y últimamente escucho bastante su último disco, “La herida universal”, en espera, pelín ansiosa, de que salga el nuevo. Para muestra, dos botones.

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