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Frente al muro

Óscar Sánchez Alonso (UPyD)
Blog de Óscar Sánchez Alonso. UPyd Salamanca

Se puede engañar más alto, pero no más burdo

“Se han producido algunas cosas que no nos gustan”, dijo Rajoy hace unos días. “Unas pocas cosas”, insistió. Cuando el presidente del Gobierno hizo estas declaraciones, estaba aludiendo y eludiendo: aludía a la corrupción, y eludía el nombrarla.  

 

Son los usos y costumbres propios de Rajoy, porque son los usos y costumbres que caracterizan al establishment que nos gobierna desde hace más de tres décadas. No llamar a las cosas por su nombre es una vomitiva práctica que ha manoseado sin pudor el reinante bipartidismo.

 

Cuando Rajoy apunta que “se han producido algunas cosas que no nos gustan”, no sólo aflora el eufemismo (“algunas cosas”, “unas pocas cosas”). Aflora también la pasiva refleja (“se han producido”), que quizá resulte más perversa. A través de esa pasiva refleja, Rajoy pretende escurrir todo el bochornoso bulto. Esa pasiva refleja evita la contaminación, burla la suciedad… y enmascara los hechos.

 

Rajoy podría haber planteado: “El PP y el PSOE hemos sentado los cimientos desde hace muchos años, para que la corrupción campe a sus anchas”. Esa frase sería nítida, clarificadora y veraz. Sin embargo, Rajoy escogió otro camino.

 

La engañifa no sólo surge por esquivar la palabra corrupción. Decir que “se han producido cosas” es sugerir que han brotado por azar y generación espontánea. Decir que “se han producido cosas” es sugerir que estamos ante algo que tiene vida propia, sin causas ni causantes.

 

Cuando Rajoy nos lanza la milonga de que “se han producido cosas”, nos invita a pensar que estamos ante una especie de fenómeno atmosférico, ante el que no cabe pedir responsabilidad alguna. Por eso es una trampa. Una más dentro del sonrojante currículum que viene protagonizando el duopolio PPSOE.

 

El poeta y ensayista Paul Valéry advirtió que “la sintaxis es un valor moral”. Salvadas las excepciones que corresponda salvar, entiendo que estaba en lo cierto. En el lenguaje político, la fórmula lingüística elegida suele encarnar una opción ética. Una forma de entender la convivencia. Una manera de afrontar el ejercicio democrático.  

 

Rajoy es ese político pasivo y sin reflejos, que recurre a la embaucadora pasiva refleja que ha sido reseñada. Rajoy es el mismo que ya se negó a utilizar la palabra “rescate”; y es el mismo que, ante el vertido del Prestige, señaló: “Salen cuatro pequeños hilitos con aspecto de plastilina en estiramiento vertical”.

 

Pues eso. Qué más puede mentirse. Se puede engañar más alto… pero no más burdo.

 

twitter: @o_sanchezalonso

Comentarios

Francisco Javier Suso 06/11/2014 11:35 #1
Resulta más difícil digerir la mezquindad que traslucen los razonamientos de los que deberían dar ejemplo que los propios acontecimientos. Resulta mucho más difícil entrar en la mente de Cospedal, Rajoy, Floriano, Pujalte o Alonso que en la de Hannibal Lecter. Un personaje de la primera, e inolvidable, película de Terrence Malick (Malas tierras) intenta explicar lo complicado del pensamiento de su friki-novio: «siempre falsificaba su propia firma, para que nadie pudiera falsificar documentos con su nombre». Hay poca distancia entre el genio y el patán, a lo que parece.

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