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Frente al muro

Óscar Sánchez Alonso (UPyD)
Blog de Óscar Sánchez Alonso. UPyd Salamanca

Prensa y monarquía: lodos de docilidad, barros de elefantiasis

Han sido muchos años de adocenamiento colectivo en torno a la Corona. Los medios de comunicación han contribuido a ese peligroso clima de docilidad y besamanos. Aunque no son los únicos que han retroalimentado la atmósfera, los medios han sido partícipes en ese festín del mirar para otro lado.

En general, la información crítica y responsable se ha ausentado por su brillo. Debería haber sido habitual€Ś algo que tanto ha escaseado. Y lo cierto es que esa necesaria labor de vigilancia y contrapeso (como a cualquier otra institución, y como cabe presumir en cualquier democracia mínimamente saneada) apenas ha existido sobre la monarquía.

Salvo contadísimas y puntuales excepciones, desde los medios se ha tendido a un ejercicio palmero y oscurantista€Ś que no ha ayudado a que el Jefe del Estado mantuviese el nivel de exigencia que cabía desear. Ahí están las pruebas.

El nivel informativo que demando desde luego que no excluye reconocer méritos y aciertos siempre que se produzcan. Y el reinado actual es indudable que cuenta con sus muy estimables logros. Pero insisto, en una democracia, el reconocimiento y el aplauso a las instituciones no ha de estar reñido con la constante supervisión crítica.

El pastueño `juancarlismo´ que tanto ha aflorado (repleto de entregadas loas y rebosante de bultos que se opta por escurrir) acaba por no ayudar a la institución. Justificar cualquier desbarre en aras de los servicios prestados es un erróneo planteamiento. Tal y como escribía Irene Lozano en un lúcido y reciente artículo, si la monarquía sólo se pudiera reivindicar en función de lo hecho (y no de lo que sigue haciendo), se estaría admitiendo que resulta inservible: €œCuando una institución se justifica por su pasado, y no por su presente, se admite su inutilidad. Se está invitando a su liquidación directa€.

De ahí que sea tan saludable esa aludida labor informativa. Información ponderada y equitativa, información sin sensacionalismos ni desmesuras; pero información €“por supuesto- rigurosa, crítica y exigente. Tal información habría ayudado a que la institución no se durmiese en sus coronas. Habría ayudado a que elevase el listón, habría ayudado a que optimizase su ejercicio, habría ayudado a que se siguiese ganando la legitimidad que ya adquirió... pero que resulta necesario renovar diariamente.

Salvo los desaforados entusiastas de lo uno o de lo otro, a buena parte de la ciudadanía le resulta bastante estéril (al menos en este momento) el debate monarquía o república. Lo que sin duda sí demanda la mayoría de la sociedad es que las tareas que cabe esperar de una jefatura de Estado, sean desempeñadas de la manera más eficaz y eficiente posible.

Los correspondientes quehaceres siempre se orientarán mejor cuando el periodismo cumple, con profesionalidad, la función que tiene encomendada. Tal desempeño está en las antípodas de justificar la injustificable actitud, y de disimular el flagrante comportamiento, y de edulcorar el amargo despropósito, y de silenciar lo que debiera ser sobradamente conocido por la opinión pública. Esas derivas de la servidumbre y el compadreo (enarboladas so pretexto de salvaguardar así mejor a la institución) encierran peligrosa desembocadura. Son derivas perniciosas por sí mismas, y menoscaban aquello que aparentaban proteger.

No es éste el típico artículo de `matar al mensajero´. Bien al contrario. Dado que a los medios les reconozco un irremplazable papel democrático €“siempre y cuando decidan desempeñarlo-; dado que a los medios les reconozco un irrenunciable potencial para el sostenimiento de los derechos y libertades de la ciudadanía €“siempre y cuando desplieguen ese reseñado potencial-; no me satisface observar tareas mediáticas complacientes, paniaguadas, sumisas, serviles y acomodaticias. Ni con la jefatura de Estado ni con cualquier otro poder público.

En relación al debate de estos días, considero que la Prensa (en su gran mayoría y durante muchos años) había optado por el silencio y el disimulo más veces de las deseables. Aquellos lodos de mansedumbre ayudan a gestar barros sobre los que tanto hoy se habla. Hoy tanto se habla€Ś y tan poco ayer se habló.

Twitter: @o_sanchezalonso

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