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Frente al muro

Óscar Sánchez Alonso (UPyD)
Blog de Óscar Sánchez Alonso. UPyd Salamanca

Mi país se corrompe lo normal

Algunos estudiosos indican que la corrupción que se vive en España es equiparable a la de otros países de su entorno. Vienen a decir que si nos pusiéramos a comparar cifras, índices, variables y estadísticas… observaríamos un nivel “normal” de corrupción. 

A mí me cuesta comprender este tipo de afirmaciones. No estoy diciendo que quienes realizan ese diagnóstico estén justificando la corrupción. Tan sólo muestro mi perplejidad, puesto que medir la cantidad de corrupción no nos lleva al meollo del asunto.

 

Por una parte, porque la cantidad de corrupción detectada no nos clarifica la corrupción inadvertida. Pasa algo parecido a lo que sucede, por ejemplo, con el tráfico de drogas: los alijos requisados no son el todo de la mercancía entrante.   

 

Pero a su vez, convendrá subrayar que lo prioritario no es lo cuantitativo (cuánta cantidad de corrupción aflora), sino lo cualitativo (qué respuesta institucional y electoral se le brinda a esa corrupción). O dicho de otra forma. Dado que lo peor no es la corrupción, sino su impunidad; la mayor alarma debiera brotar cuando nos topemos con impunidad penal e impunidad en las urnas.

 

Si en un país la corrupción acaba saliendo gratis desde el punto de vista judicial, eso denotará el correspondiente deterioro de las instituciones, eso denotará que falla la división de Poderes, eso denotará, en definitiva, el mal funcionamiento del Estado de Derecho.

 

Si en un país la corrupción es votada en las elecciones, eso denotará que parte de la ciudadanía ha querido hacerse cómplice de tales manejos. La culpabilidad no será la misma, pero la responsabilidad (en tanto que ciudadanos) nos alcanza a todos.

 

En consecuencia, cabe desmontar esa supuesta “normalidad” que algunos atisban. Aunque el número de casos de corrupción estuviera en parámetros “normales” (entre comillas); no puede ser “normal” que tal corrupción resulte impune en los tribunales. Y no puede ser “normal” que tal corrupción sea amparada por el partido en el que surgió. Y no puede ser “normal” que tal corrupción sea votada con el bochornoso alborozo que ha venido votándose. Esos fenómenos paranormales de la política han sucedido, desde luego, en España.

 

Hace unos años, Miguel Lorente publicó un libro que llevaba por título `Mi marido me pega lo normal´. El título reflejaba ese testimonio de tantas y tantas mujeres que por desgracia habían asumido el maltrato como algo natural y comprensible.

 

Igual que toca seguir dando la batalla para que nunca, en modo alguno y bajo ninguna circunstancia, pueda percibirse con “normalidad” la violencia machista; también toca seguir dando esa otra batalla referida a la corrupción.  

 

Frente a la idea de que “mi país se corrompe lo normal” y “mi democracia se corrompe lo normal”; frente a esas tristes renuncias, también cabe algo más que dejadez, pasividad e indiferencia.

 

 Y por cierto. La corrupción política es más, mucho más, que meter la mano en la caja. Ya habrá ocasión, en otro momento, de hablar de todo esto con más calma.

 

twitter: @o_sanchezalonso

Comentarios

FJSuso 25/09/2014 08:45 #1
Excelente refriega (de refregar) contra los que padecen miopías transitorias (solo para lo que no quieren ver). En este país se acepta socialmente el concepto "corrupto, pero poco" o "corrupto aceptable" para su vergüenza. Hay gentuza que acepta cualquier cosa con tal de que defienda sus intereses privados y es ciega a la miseria moral de sus dirigentes: para todos ellos mi mayor desprecio.

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