Silueta original

Feliz con poco

Félix Martín Santos

Linares de Riofrío: Parajes emblemáticos de la Sierra de las Quilamas

Linares de Riofrio, portal de la Sierra de las Quilamas, dispone de excepcionales parajes, ricos en flora y fauna singulares, cuya visita y contemplación puede enriquecer la salud de los afortunados que los visiten. 

El ascenso desde este pueblo hasta las Peñas del Agua, pasando por el bosque y fuente de la Honfría, para encumbrar, luego, la Sierra Chica y la Perdiguera, a fin de llegar al Hueco, nos permite introducirnos por antiguos territorios del lince y del lobo, emblemáticos mamíferos de nuestra fauna ibérica, que antaño eran los auténticos dueños de estos parajes.

 

Ascenso por el bosque de la Honfría hasta la fuente homónima: flora singular

 

Partiremos desde la fuente de la Marina, junto al cartel indicador de la ruta de las Quilamas. Tras recorrer mil quinientos metros, suelo dejar el camino principal para ascender por la cuesta de las Pollinas, a fin de contemplar una parte relevante del bosque de la Honfría. Creo que merece la pena describir un poco la variedad arbórea, arbustiva y herbácea de este excepcional paraje.

 

El árbol predominante es el castaño, aunque también hay muchos ejemplares de roble melojo, que tienden a rodear al castañar, además de bastantes acebos y avellanos, sin olvidarnos de sus cerezos silvestres, algunos de un porte excepcional.

 

Su orientación noreste, hace que se beneficie de una baja insolación durante el estío, lo que mantiene altas cotas de humedad. Por otra parte, durante el frío invierno su disposición hacia el este le proporciona una significativa insolación, que tenderá a moderar la temperatura.

 

Peonías (Peonía broteroi) en la La Honfría (mayo 2015)

 

El suelo calizo de este bosque contrasta tanto con el predominantemente ácido de las laderas y valles circundantes como para dar refugio a un notable conjunto de joyas florísticas, algunas de las cuales son endemismos ibéricos, como varios jaguarzos (Cistus multiflorus y Cistus poopulifolius), la aguileña (Aquilegia vulgaris, subsp. dichroa), la rosa albardera (Paeonía broteroi), la asperilla o reina de los bosques (Hispidella hispánica), los pajarillos o acicate real (Linaria triornithophora), la escasa y vulnerable verónica (verónica micrantha)...

 

Narcisos en Peña Tarrera. Camino a la Honfría. (12 de marzo 2016)

 

Narciso o tarro en la umbría del bosque de la Honfría (12 de marzo 2016)

 

Este bosque alberga muchos más emblemas florísticos: los tarros o narcisos (Narcissus psudonarcissus subsp. Confusus), la venenosa yerba de San Cristobal (Actaea spicata), la bellísima azucena silvestre (Lilium martagon), la medicinal melisa o toronjil (Mellitis melissophylium), el famoso Sello de Salomón o Lágrimas de la Virgen (Polygonatum odoratum), el orobo o guisante negro (Lathyrus niger), el venenosísimo acónito (Aconitum napellus), pues basta un solo miligramo para matar a una persona de 80 kilos, etc.

 

Toronjil silvestre. La Honfría (Linares de Riofrío, junio 2015)

 

Además de las mencionadas quiero resaltar que en este bosque se refugia una planta en claro peligro de extinción (Libro Rojo de la Flora Vascular de España): una “espuela de los caballeros” (Delphinium fissum subsp. Sordidum). Esta ranunculácea presenta, al principio del verano, una inflorescencia racimosa, con 30 a 40 flores moradas con cinco pétalos, el superior prolongado en espolón, de relevante belleza. Si todas estas plantas están protegidas, esta última lo está aún más, pues, como decía antes, está al borde de la extinción.

 

Bueno, tras esta breve descripción de este emblemático castañar continuaremos con la ruta. En un kilómetro y medio de recorrido se nos acaba la cuesta de las Pollinas y entramos en los merenderos de la fuente de la Honfría. Desde Linares llevamos tres kilómetros recorridos. 

 

Sendero de las peñas del Agua

 

Al llegar a la fuente de la Honfría, suelo ascender, ladera a través, entre varios cerezos centenarios y unos merenderos hasta llegar a un pequeño sendero, que está a menos de media centena de metros de este manantial. De esta suerte, nada más remontar la cuesta y acceder al camino veremos a nuestra izquierda un pequeño paso canadiense, que deberemos pasar, a fin de recorrer la centena de metros que nos quedan para llegar a una bifurcación.

 

Al llegar a la cual, nos encaminaremos por el sendero de la izquierda, que en poco más de tres kilómetros nos conducirá hasta las Peñas del Agua, abandonando, pues, el de la derecha, que nos llevaría al Hueco. Sin embargo, durante el regreso, tras crestear por la Sierra Chica y la Perdiguera, descenderemos a este emblemático paraje para desembocar, luego, en el camino que ahora dejamos a nuestra diestra, cerrando así un auténtico circuito.

 

Con el propósito de guiar los pasos de los excursionistas que deseen adentrarse por esta singular ruta, dividiré los tres kilómetros que distan hasta las citadas Peñas del Agua en tres sectores: el primero, coincidiendo con el primer kilómetro, que concluye con otra bifurcación, y que nos permitirá ver unos castaños centenarios; el segundo, corresponderá al segundo kilómetro, distancia que hay desde el punto anterior hasta un excelente mirador del bosque de la Honfría y del pico Cervero; el tercero; el kilómetro final, que concluye en las Peñas del Agua.

 

Aislados castaños centenarios en el extenso melojar

 

Durante los primeros quinientos metros discurriremos entre numerosas retamas, zarzamoras y helechos, así como bastantes espinos albares y algún escaramujo o rosal silvestre, siendo el árbol predominante, a ambos lados del camino, el melojo o rebollo (Quercus pyrenaica), un excelente creador de fértiles suelos, ricos en humus así como en potasio, fósforo y microelementos. La monotonía arbórea constituida por este tipo de roble se rompe un poco al cuarto de kilómetro, por la presencia, a nuestra derecha, en una pequeña ladera, de cuatro ejemplares de encina. Aunque lo que más me llama la atención es la existencia de un primer castaño centenario, tras recorrer poco más de medio kilómetro por este sendero. Cuando llego a su nivel, salgo del camino por mi diestra y, en poco trecho, me acerco y toco con respeto el musgo que cubre la corteza orientada al norte de su hueco tronco, en parte carbonizado por algún rayo. En realidad, de un corto tronco surgen, paralelos, dos fornidos siameses. A su sombra, en más de una ocasión, he tenido la suerte de oír la ladra del corzo, mientras contemplaba su longevo follaje.

 

 

Centenarios castaños (agosto 2015)

 

Seguimos por el camino durante una centena de metros más para ver otro vetusto castaño, también a nuestra derecha, justo un poco después de pasar por encima de un paso canadiense. A partir de ahora empezamos a ver abundante brezo (género Erika) bordeando el sendero. Los centenarios castaños no acaban aquí, pues, después de hollar otro pequeño tramo de sendero, veremos, a ambos lados del camino, sendos ejemplares de estos emblemáticos árboles, pero esta vez absolutamente secos, aunque rodeados de jóvenes retoños de la misma especie.

 

Cuando estamos concluyendo el último tercio de este primer kilómetro, observaremos a nuestra izquierda, un anticipo de la panorámica del bosque de la Honfría, que veremos mucho mejor más tarde. Enseguida el camino se bifurca. Nosotros seguiremos por el de la izquierda, continuación del principal, pues el de la derecha asciende hasta la Perdiguera, sirviendo de cortafuegos.  

 

En pos del mirador de la peña del Guarro, del castañar de la Honfría y del pico Cervero

 

Durante el siguiente kilómetro de recorrido, el suelo, relativamente mullido del primer sector, se torna realmente pedregoso, aunque no tanto como para limitar nuestro deambular por él. A partir de ahora el rebollar es sustituido por el pinar, que nos rodea por ambos lados. No obstante, rozando el camino, dispuestos en fina hilera, aparecen jóvenes ejemplares de robles, que parecen vigilar nuestros pasos, junto a un estrato arbustivo constituido por brezos y jaguarzo.

 

Durante todo este tramo, el camino discurre por la ladera septentrional de la Perdiguera. Cuando hemos recorrido unos seiscientos metros de este segundo kilómetro veremos, a nuestra izquierda, junto al camino, dos medianos ejemplares de castaño. Luego, proseguimos un tramo más (280 metros) en línea recta para ver, a nuestra derecha, un pequeño pedregal, aunque de grandes rocas. En este momento, el sendero se incurva a la izquierda, para abandonar la Perdiguera y seguir por la ladera norte de la Sierra Chica. En esta zona de transición podremos apreciar, también a nuestra izquierda, una notable panorámica, que aún será más amplia y hermosa si avanzamos unos trescientos metros más. Pero, ¿qué es lo que podemos contemplar?

 

Pues colocados en este pequeño mirador (1120 metros de altitud), contemplaremos, al oeste, próximos a nosotros, la silueta de la Peña del Guarro, enclavada en el paraje del Hoyo el Hocino; al noroeste disfrutaremos con la visión de la gran mancha verde del bosque de la Honfría, dominado por el castaño, que, en otoño, nos ofrece una bellísima mezcla de ocres, rojizos y marrones, resultado de la mutación cromática diferente de avellanos, castaños y robles, junto a los siempre verdes acebos. Más en lontananza apreciaremos la mole del Pico del Mojón del Marrano (1385 m.), que la gente de la zona suele reconocerlo más como el Pico de las Tres Rayas o Lindes (Linares, San Miguel de Valero y Navarredonda) y más al noroeste la del Pico Cervero (1465 m). Finalmente, al norte vislumbraremos la enorme mancha de encinas del Campo Charro.

 

Por la ladera septentrional de la Sierra Chica en pos de las Peñas del Agua

 

Durante este tercer kilómetro el camino nos conducirá, como dijimos antes, por la ladera norte de la Sierra Chica, teniendo a nuestra izquierda un gran pinar, aunque la denominación de la zona, según los mapas topográficos del Instituto Geográfico Nacional, es la de El Carrasquito. Cuando llevamos recorridos poco más de setecientos metros (770 m.) unas grandes rocas, a la derecha, nos anuncian las próximas Peñas del Agua. Casi durante el medio kilómetro previo, mirando al noreste, hacia Linares de Riofrío, los melojos se constituyen en los árboles dominantes del borde izquierdo del camino. De esta guisa, llegamos, por fin, a las citadas Peñas del Agua, que están, a la izquierda, a cuarenta metros del camino.

 

Linares de Riofrío, desde las Peñas del Agua (agosto 2015)

 

Es rara la vez que no llegue hasta aquí y no me encarame sobre estos peñascos, dado que la contemplación de Linares, enfrente y al norte, es muy completa y nítida. A nuestra izquierda, al oeste observaremos el bosque de la Honfría, el pico de las Tres Rayas y el emblemático pico Cervero. A nuestra derecha, al noreste, sobresalen las montañas de la Sierra de Béjar, que prácticamente duplican la altura de estas montañas de la Sierra de las Quilamas así como las del resto de la Sierra de Francia.

 

A lo largo de la historia, la buena gente de Linares ha ido atesorando una serie de observaciones sobre este emblemático lugar, destacando, sobre todas ellas, una, con la que casi nunca yerran: “Cuando se pone la niebla sobre las Peñas del Agua seguro que llueve en el pueblo”. Un servidor da fe de la calidad y certeza de esta observación meteorológica.

 

Ascenso desde las Peñas del Agua hasta la cima de la Sierra Chica

 

Cuando llego hasta aquí desde Linares, tras correr seis kilómetros, suelo regresar por el mismo camino. Sin embargo, cuando algunas veces contemplo la intensa pendiente del cortafuegos que surge a la derecha del camino, justo enfrente (al sur) de estas peñas, en vez de amohinarme, me envalentono y empiezo a subir por el mismo. Poco a poco voy pasando de escalón en escalón, por un pedregoso terreno, mientras me observan los pinos y, sobre todo, algún ejemplar de buitre negro, que con su majestuoso planeo parece darme ánimo para superar el medio kilómetro de duro ascenso.

 

Tercio final del cortafuegos con Linares al fondo (24-3-2016)

 

Cuando mi altímetro me marca los 1.242 metros ya he dominado la pendiente, paso entre una joven encina y un retoño de pino, me coloco en otro cortafuegos, que de este a oeste recorre estas cumbres, y empiezo a recrearme con mi suerte. Sí, porque el esfuerzo por ascender ha merecido la pena. La panorámica es de extremada belleza, especialmente si miramos hacia el sureste: abajo, relativamente cerca, tenemos San Miguel de Valero; en lontananza divisaremos la Sierra de Béjar, en todo su esplendor. De izquierda a derecha contemplaremos sus nevadas cumbres: Peña Negra (2098 m.), La Covatilla (pista de esquí), Canchal Negro (2364 m.), El Calvitero (2397 m.), Canchal de la Ceja (punto más alto de la provincia de Salamanca: (2428 m.), Hoya Moros (nacimiento del río Cuerpo de Hombre); Peña de la Cruz (1635 m.), El Torreón (2398 m.), Los Dos Hermanitos (2329 m.) y el Pinajarro (2099 m.)    

 

Panorámica desde la cima Sierra Chica: mirando hacia Sierra de Béjar (24 de marzo de 2016)

 

La contemplación de la panorámica citada sirve tanto para descansar físicamente cuanto para estimular nuestra mente. Luego, proseguiremos por la derecha (oeste) un corto tramo de leve ascenso (120 metros de distancia) para llegar al nivel del vértice geodésico del Instituto Geográfico Nacional, en donde llama la atención un óvalo verde con letras mayúsculas blancas, que nos advierte : “LA DESTRUCCIÓN DE ESTA SEÑAL ESTÁ PENADA POR LA LEY”. La altura a este nivel es de 1259 metros.

 

Vértice geodésico de la Sierra Chica (24 de marzo de 2016)

 

A continuación llanearemos un poco para enseguida empezar a descender la Sierra Chica; todo ello, sin dejar de gozar con la panorámica, pues a nuestra izquierda (suroeste) se divisa el monte del Castillo de Valero, más en lontananza la imagen vertical de la Peña de Francia; mirando ligeramente a la diestra (NO) apreciamos la imagen del omnipresente Pico Cervero. En el descenso hacia la Perdiguera se observa, a unos trescientos metros de iniciado el mismo, un pequeño montículo de tierra y pequeñas piedras, al que me suelo subir para ver, a la derecha, la majestuosidad del bosque de la Honfría; a la izquierda (SO) se empieza a ver el valle de las Quilamas.

 

A partir de ahora bajaremos rodeados por pinos, a nuestra derecha; y por altos brezales, a nuestra izquierda. De esta forma completamos los ochocientos metros que hay desde el vértice geodésico hasta el punto más bajo de la ladera occidental de este monte, donde el altímetro marca una altura de 1171 metros. Estamos en una intersección de senderos o, mejor dicho, de cortafuegos, pues nos cruzamos con el que desciende, a nuestra derecha (NE), por un denso pinar hasta el camino por el que accedimos a las Peñas del Agua, justo donde surgía la bifurcación que indicaba el inicio del segundo kilómetro. Si nos dirigiéramos a nuestra izquierda, nos conducirá en pocos metros a una plataforma desde la que divisaremos, inmediatamente abajo, El Lancharejo; más en lontananza, el pueblo de San Miguel de Valero (SE).

 

Sin apenas espacio para llanear seguimos hacia el oeste, con el propósito de acometer el breve ascenso hasta la cumbre de la Perdiguera (1243 m.). En realidad, sólo tenemos que forzar nuestros cuádriceps durante trescientos sesenta metros de subida por la ladera oriental de este monte, cuya pendiente es netamente menor que la de la Sierra Chica.

 

Panorámica de la Perdiguera: mirando al sur, hacia San Miguel de Valero y, más en lontananza, la Sierra de Béjar,  (24-3-2016)

 

Cuando era adolescente y recorría estas cumbres, también disfrutaba mucho con su bella panorámica, aunque lo que más me complacía era verme sobresaltado por los vuelos breves e impetuosos de la perdiz roja así como con la rápida y corta carrera de los múltiples conejos que amenizaban la ruta. Ambos eran el alimento básico del lince ibérico, del águila perdicera y del águila real. ¡Porca miseria! ¡Ahora escasean alarmantemente! La consecuencia es que ya no tenemos ni águila perdicera ni lince ibérico. Ya no podemos decir con orgullo que “estamos en el límite septentrional del lince ibérico”.

 

No obstante, siempre tengo la esperanza de que se descubra alguna vacuna o/y terapia para solucionar el problema de la mixomatosis y de la neumonía hemorrágica vírica. De esta suerte aumentaríamos las posibilidades de supervivencia tanto de nuestro simpático lagomorfo como de nuestro gran felino ibérico, pues volveríamos a tener un mínimo de un conejo por hectárea y, por consiguiente, el lince podría reproducirse con cierta solvencia.

 

  

Vista desde la Perdiguera: abajo, el Hueco; en lontananza, la cabecera del valle Quilamas (12 marzo 2016)

 

Bueno, hay que proseguir hasta El Hueco y aún nos queda algo menos de un kilómetro de distancia (869 metros). Aprovecharemos para volver a disfrutar con la panorámica. Sí, puesto que al poco de iniciar el descenso por la ladera septentrional de La Perdiguera empezaremos a gozar con una de las vistas más completas y hermosas de la cabecera del valle de las Quilamas: enfrente, al oeste, el Pico Porrejón; un poco a la derecha, al noroeste, la oronda cumbre del pico de las Tres Rayas o del Mojón del Marrano, seguido de la forma piramidal del pico Cervero y más en lontananza, casi en línea recta, divisaremos la pirámide truncada del pico de la Cueva Quilama. En el centro, el estrecho valle formado por el encajonamiento del río Quilamas.

 

Crepúsculo en el Hueco: Mirando hacia el este; Sierra de Béjar (29-5-2015)

 

Casi sin darnos cuenta, ensimismados con el paisaje, llegamos hasta el paso canadiense del Hueco (1151 metros de altitud). Desde el vértice geodésico de la Sierra Chica hasta este emblemático paraje hemos recorrido unos dos kilómetros (exactamente 1979 metros).

 

Del Hueco hasta el camino de las Peñas del Agua: cerramos el circuito

 

Ya sólo nos queda atravesar el paso canadiense en dirección a la fuente de la Honfría. Nada más pasarlo nos encontramos con un buen campo de gramíneas en donde es fácil ver vacas pastando. Subimos un pequeño repecho para descender, luego, rodeado de melojos hasta llegar en corto tramo hasta una bifurcación. Abandonaremos el sendero que sale a nuestra derecha, pues fue el que utilizamos al principio de esta ruta para acceder a las Peñas del Agua. Cogeremos, pues, el de la izquierda, que nos conducirá enseguida a la fuente de la Honfría. Después, sólo nos queda recorrer los tres kilómetros que distan hasta Linares, si optáramos bajar por la cuesta de las Pollinas. Si decidiéramos descender por el camino principal, que pasa por las fuentes del Chapatal y del Cerezo, habría que añadir un kilómetro más. En total, habremos recorrido de doce a trece kilómetros.

 

Romance de Catalina: elogio a Linares

 

Para aportar un componente humano a este contenido, relataré  en las siguientes líneas lo acaecido hace seis semanas, el día 24 de marzo, Jueves Santo, cuando me disponía a emprender una visita a estos parajes. Al poco de salir de casa me encontré con Catalina, una octogenaria linarense, a la que inicialmente no había identificado bien, a pesar de que su rostro y andares me resultaban familiares.

 

—Buenas tardes, señora. Parece que este sol anima a caminar— empiezo a calentar la posible charla.

 

— ¿Señora? ¿No me conoces? Soy Catalina, amiga de tu madre en nuestros años mozos. —me suelta a bocajarro, tras un alarde de reconocimiento y filiación genealógica.

 

— Perdóneme, Catalina. Ahora ya caigo. Mi madre guarda muy buen recuerdo de usted— le respondo, intentando disculparme por mi tardanza identificativa.

 

—Ya lo creo, éramos buenas amigas. —contesta con tono melancólico—. Oye, por lo que veo vas para la Honfría. Ahora la tienes llena de tarros…

 

   Con sutileza me invita a decirle dónde voy:

 

— Pues sí, hace dos semanas fotografié a numerosos tarros en Peña Tarrera y, más tarde, en la umbría del bosque de la Honfría, cerca de la fuente del Cerezo - doy respuesta a su invitación- . Ahora, en cambio, voy a correr hasta la fuente de la Honfría, atajando por las Pollinas, para, luego, ascender hasta el Hueco, desde donde pretendo subir por el cortafuegos para acceder a las cumbres de la Perdiguera y de la Sierra Chica, sucesivamente. — acabo atropellándola con la descripción de la ruta del día.

 

—Pues sí que tienes correa para tanto meneo. ¿Por qué tanto esfuerzo?

 

—Querida mujer, no sólo voy a disfrutar con el ejercicio físico sino también con la contemplación de unos parajes singulares, que, además, quiero fotografiar para plasmarlos en un artículo que pronto se publicará. —  contesto con aire petulante.

 

— ¡Ah!, ¿sí? Y se puede saber dónde vas a publicar eso. — me suelta, un tanto sorprendida.

 

— Pues en un periódico digital de la capital: Tribuna de Salamanca. Ahora ya no informan en papel sino por las redes digitales, por internet, a fin de ser accesible a cualquier ciudadano del planeta. —le respondo y paro presto, pues creo que con tanto pavoneo acabará aturdida.

—O sea que, además de médico, te las tienes de escritor, ¡eh! —me responde con un proyectil en la línea de flotación y en absoluto aturdida—. Pues mira, si quieres yo te puedo contar un romance sobre estas tierras nuestras que a más de uno le gustaría conocer— prosigue, envalentonada.

 

 — ¿De verdad, Catalina? ¡Me encantaría escucharlo! Y, si no le importara quizá lo añadiría en el artículo.

 

— Pues, apunta, majo. Que te lo voy a medio cantar. Luego, tú verás si te gusta y merece la pena pasarlo por "internete" o por donde Dios te dé a entender.

 

De esta suerte, Catalina procedió a declamarme el citado romance, con tal donaire que más que octogenaria parecía una agraciada joven, plena de sagacidad y desparpajo. Veámoslo, pues:

   

"Allá en los años cuarenta

un romancero cantaba

y el pueblo de Linares

con atención escuchaba.

El romancero era un sabio

y se sentía engañado

porque Cervero y la Sierra

se habían enamorado.

¿Cuánto tiempo lleváis juntos

como dos enamorados,

compartiendo en este mundo

todo lo bueno y lo malo?

Con el amor de una madre

la sierra nos ha premiado

con aguas muy cristalinas,

con acebos y castaños.

Los avellanos y tarros,

el orégano muy fresco,

le dan sabor y aroma

a la fuente del Cerezo.

En la fuente de la Honfría

hay castañas y avellanas,

la poza del Culebrón y

el castaño la Morana.

Allá va la despedida

de este humilde romancero

que se siente muy feliz

por vivir en este pueblo.

Nosotras nos despedimos

con mucha sal y salero,

este grupo pensionista

y el señor tamborilero."

  

Mientras observaba el  vigor y la lucidez mental de Catalina, albergaba la esperanza de encontrar “el manantial de la edad”, para distribuir su rejuvenecedora agua a más de un menesteroso. Quizá alguna de las fontanas de estos parajes linarenses sea la verdadera portadora de la juventud, que con tanto ahínco buscaron los protagonistas de la “Fuente de la Edad”, de Luis Mateo Díez (galardonada con el Premio Nacional de Literatura de 1986 y el de la Crítica del mismo año). Empezaría con la fuente de la Marina, seguiría con la del Cerezo, continuaría con la del Chapatal, y, si no hubiera suerte probaría fortuna con el venero de la Honfría. ¿Qué aún seguimos sin notar sus saludables efectos? Pues, por fuentes no será: la del Cántaro, la del Roble, la de la Mata… Aunque también es posible que la pretendida pócima resulte de combinar agua y aire, como me recordaba mi abuelo Félix: “Felisín, hijo, aire tan puro y aguas tan sanas como las de Linares no encontrarás en ninguna parte del mundo”. Convencido estoy de que bastante razón tenía, aunque no más que la de tantos abuelos de nuestra piel de toro peninsular que han dicho, dicen y dirán palabras similares a sus nietos cuando evocan la tierra que los vio nacer, crecer y vivir. 

 

En fin, llevo toda una vida recorriendo estos benditos parajes, cuna de mis ancestros maternos, sin dejar de emocionarme en ningún momento con la contemplación de sus excepcionales valores: flora singular, con múltiples endemismos ibéricos en la Honfría, algunos en peligro de extinción; una fauna notable, pues, aunque ya no quedan linces ni lobos, todavía hay 45 parejas de buitre negro y tres de águila real en las Quilamas (según censos de la Sociedad Española de Ornitología en el 2006 y en el 2008, respectivamente), además de otras muchas aves y mamíferos; valles y montañas de singular belleza; un relevante patrimonio artístico y cultural; y, sobre todo, la hospitalidad y generosidad de su buena gente.

                                                                      

 

Dr. Félix Martín Santos

   

      

Comentarios

Pedro 16/06/2016 12:01 #8
Tomo nota de lo que cuentas, Félix, para la próxima vez que nos acerquemos a Linares. A ver si algún día nos cuentas, que seguro que lo sabes, la historia de cómo se hizo famoso este pueblo por el cultivo de fresas y cómo se extinguió ese negocio, porque tengo entendido que ya no se cultivan.
Auxi 18/05/2016 22:01 #7
Precioso artículo Félix, parecía mientras lo iba leyendo que caminaba contigo por esa maravillosa ruta de Linares de Riofrío por lo explícito y detallado que está, mucho más que cualquier guía que se precie. Preciosas las fotografías de las flores y los parajes que amenizan aún más si cabe este relato. Seguro que si alguna vez la realizo no me perderé, pues está explicado de forma impecable como siempre lo haces. Me ha encantado Catalina, me la he imaginado hablando contigo tal cual. Son artículos muy laboriosos y documentados y aunque sé que te llevan tiempo espero que sigas amenizándonos como hasta ahora. Una manera preciosa de aprender con tu narrativa. Sigue deleitándonos así Félix. Gracias!
María Jesús Hernández 14/05/2016 23:02 #6
Es un milagro de la Naturaleza que la luz, la temperatura, la humedad y el viento actúen al unísono, de forma combinada en esta maravillosa tierra desde la Peña del Agua hasta el descenso del Hueco, embelleciendo este espacio con variedades arbóreas y con un sotobosque colmado con las primeras flores que se abren al finalizar el invierno. En mí brota el recuerdo del mitológico Narciso que se ahogó tratando de ver su imagen reflejada en el agua transformándose en los narcisos con flores cabizbajas. El artículo es fantástico, adornado con un espléndido broche final en el que destaca ,de forma sencilla pero majestuosa, la dignidad y sabiduría de la Señora Catalina y del autor de este escrito.Muchas gracias Félix por dedicarnos tu tiempo
Inmaculada Hernández 08/05/2016 11:37 #5
¡ Qué forma más estupenda de utilizar el tiempo y disfrutar de la Naturaleza ! ¡ Qué descripción tan detallada de la ruta y de los encantos que encierra su recorrido ! ¡ Qué bella combinación de impresiones visuales, olorosas, acústicas y táctiles! Nuestros sentidos se reconfortan con el magnífico espectáculo que nos ofrece el deambular por estos parajes a través del relato que de forma tan expresiva y minuciosa realiza nuestro Félix. Disculpa esta expresión, pero es que, de alguna manera, percibimos que tus conocimientos y sabiduría nos enriquecen y ensanchan nuestro espíritu. Gracias, gracias por todo ello.
Josefa Muñoz Martín 06/05/2016 23:03 #4
Me encantó leer esta presentación ya que soy nacida en linares de Ríofrio pero vine muy pequeña a Argentina.
Juani Macías Rodriguez 05/05/2016 19:46 #3
Me ha encantado leer este artículo sobre las Quilamas. Lo bordas, demostrando un gran conocimiento sobre la ruta que describes, tanto de flora como de fauna y de geografía. Además lo haces con esa facilidad que te ha dado Dios para narrar, sumergiéndonos en la aventura que nos relatas. También aprecio en todos estos artículos que elaboras sobre temas campestres y de naturaleza una gran pasión, lo vives y lo haces vivir. Has convertido a esa "joven mujer", Catalina, en un icono de naturalidad, de vigor y hasta de inteligencia. Igual eso es lo que nos querías mostrar: que la gente de tu pueblo, Linares, está dotada de grandes dones, quizá por la pura y sana tierra que les rodea. Enhorabuena y muchas gracias por hacernos más felices.
Juan Manuel Hortigüela 05/05/2016 19:26 #2
¡Gran artículo¡ Me llama la atención el gran amor que sientes hacia esa tierra salmantina.de la que eres originario. En todo este artículo se nota tal querencia. Quieres a la tierra y quieres a su gente. Eso te honra más aún. El estilo es fino, elegante, con cuidadas sintáxis y ortografía y, sobre todo. con una notable destreza a la hora de narrar y comunicar. Facilitas que la gente, los lectores. se adentren en lo que cuentas y describes como si realmente estuvieran allí. Si alguna vez intentaras escribir algún relato más extenso creo que lo harías muy bien. Felicidades y muchas gracias al agasajarnos así.
Yolanda Gómez Esteban 05/05/2016 11:23 #1
¡Excelente relato! Si bien la descripción de la ruta, flora y fauna es de alto nivel, por su buena expresión literaria y su rigor, la plasmación de tus vivencias con ese excelente diálogo con la paisana, que te recita un romance con gracejo y desparpajo, es sencillamente sublime. Desde luego, a mí así me lo ha parecido. Enhorabuena. Muchas gracias.

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