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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

Un fantasma silencioso

...Son nuestras huellas las que está sumiendo en las tinieblas al resto de habitantes del mundo. Algunos de ellos ya han sucumbido, mientras otros aguantan a duras penas. No obstante, unos pocos han aprendido a vivir al cobijo de nuestros temores, y sobre ellos prosperar...

Los hombres caminamos timoratos en la oscuridad, acusamos los mitos infundados que nos esperan en ella y por eso acostumbramos a desviarnos de su presencia forzando nuestros pasos hacia el reinado de la luz. Pero son nuestras huellas las que está sumiendo en las tinieblas al resto de habitantes del mundo. Algunos de ellos ya han sucumbido, mientras otros aguantan a duras penas. No obstante, unos pocos han aprendido a vivir al cobijo de nuestros temores, y sobre ellos han llegado a prosperar.

 

Cuando más oscura es la noche y menos frecuente es la actividad humana llega el momento de la volátil dueña del cielo nocturno urbanizado, la lechuza común, que sale para vigilar y rastrear con una inusitada y elegante eficiencia los campos. Tyto alba es ese fantasma blanco con el que nos topamos fugazmente cuando el sol se pone, esa nívea visión que rompe el viento como un sueño quebrador del negro nocturno y que nos hace incrédulos. Y sin embargo, es real y su audacia no tiene parangón. De ella se dice que su eficacia es tal que rara vez falla en sus ataques.

 

Foto: www.owlpages.com

 

Esta rapaz es de las más notables que se pueden encontrar en nuestros cielos ya que tiene la capacidad de guiarse y capturar roedores, su dieta principal, en una oscuridad total, habilidad que lleva a cabo con un vuelo absolutamente silencioso debido a la vellosidad de sus plumas. Basta un leve movimiento de sus potenciales presas para despertar la agudeza y destreza inusitadas de este estrígido hasta llevarle a cobrar su botín, habitualmente ratones, de los que es capaz de atrapar una cantidad francamente admirable por noche. Otra de las razones de su éxito es que lejos de separase de nosotros, ha sabido utilizar nuestras estructuras como residencia y solo las abandona cuando nosotros descansamos.

 

Pero dada su naturaleza nocturna, esquiva y lo cercano de su presencia, el ser humano no ha tardado en inventar leyendas negras y quimeras sobre su naturaleza. En ocasiones han sufrido el acoso y la persecución humana por ese estúpido miedo a lo desconocido que acostumbramos a sembrar sobre nosotros mismos con el fin de, posteriormente, devorarlo en porciones individuales enfermizamente. De hecho, ya en el pasado el cristianismo las consideró emisarias del diablo por sus hábitos nocturnos.

 

Afortunadamente, hoy en día, la lechuza ha sabido pasar desapercibida acercándose más a otras creencias y religiones menos intrusivas; como lo es la que la emparenta con los antiguos ermitaños, por su caracterización de ser vivo solitario. Y este es el único secreto de su estabilidad, su gran truco; la soledad respecto al hombre. Sin ruido no hay sospechas. Ha sabido beneficiar indirectamente al animal más ingrato de la tierra -ese bípedo hambriento que llevamos dentro, ávido de poseer y pervertir todo tipo de ecosistemas- con sus portentosas capturas sobre roedores, y frecuentando solo todos aquellos lugares y horarios que nos asustan y que no osamos visitar. Solas. Nocturnas. Sigilosas. Blancas. Un fantasma que conoce el camino de la supervivencia.    

 

 

 

@GatoManchado1

#EntreHojasYHuellas

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