Javier alvarez fari%c3%b1a original

‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

Inocencia interrumpida

11873499 10153063769890642 9091408974135006512 n detail

Todas las semanas, una tras otra, son infinidad los perros, gatos o caballos -por citar los más comunes, pero la lista sería interminable- que, por carecer de voz, son eliminados por sus mantenedores de formas atroces; y mueren sin sufrir sus verdugos de manos de la justicia la esperada severidad proporcional a sus actividades enfermizas

Estoy indignado, harto, furioso y cansado de encontrarme con la normalidad jurídica, política y, entre ciertos sectores, social ante la diaria crueldad que demuestran ciertos “seres humanos” en el trato a los animales domésticos. Trasciendan a la opinión pública o no, todas las semanas, una tras otra, son infinidad los perros, gatos o caballos -por citar los más comunes, pero la lista sería interminable- que, por carecer de voz, son eliminados por sus mantenedores de formas atroces; y mueren sin sufrir sus verdugos de manos de la justicia la esperada severidad proporcional a sus actividades enfermizas. Y claro, si al psicópata no le disuades, se recrea, se ensaña y reincide.

 

Hablamos de mutilaciones, ahorcamientos, apuñalamientos; también de animales apaleados hasta la muerte, quemados vivos, guillotinados, arrojados a precipicios, hacinados sin comida ni agua, disparados, aplastados, ahogados, obligados a trabajar hasta su fin o torturados sin miramientos. La mayoría de estas inocentes criaturas son abandonadas a la agonía lenta por diversión o practicidad. Son tantos los incidentes y tan intensa la brutalidad mostrada, son tan escasos los recursos dedicados a combatir sendas vilezas y tan ridículas las sanciones impuestas por llevarlas a cabo, que en sí mismo la indiferencia exhibida hasta la fecha por la jurisprudencia española representa un insulto a la racionalidad del ser humano equilibrado, y por ende constituye un llamamiento a la proliferación de ese tipo de individuos de sadismo acumulado.

 

Jaime Ferrero, candidato del PP en una imagen de manifiesta crueldad y cobardía. Foto: 20minutos.

 

¿Acaso no nos damos cuenta que tras personas capaces de ahorcar a su perro, matarlo a golpes o rociarlo con gasolina y prenderle fuego para verlo gritar hasta morir, existe un criminal, un asesino, un maltratador, un pederasta o un desequilibrado de sangre fría capaz de obrar solo merced de su depravación e imponer esta sobre la libertad de cualquiera? ¿De veras piensan que si las denuncias se hicieran públicas y masivas y las sanciones resultaran contundentes, podrían proliferar estos virulentos comportamientos sin la firme oposición social? No, porque solo hay cobardía tras estas conductas y únicamente se desarrollan al amparo de ambientes propicios.

 

 

De ser la nuestra una sociedad real, fuerte y consistente, de ser esta una realidad íntegra, empática y madura, la mera existencia de estas personas capaces de obrar con semejante brutalidad y pusilanimidad contra seres vivos que sienten y padecen -idénticos a los perros o gatos que comparten vida, techo, venturas y desventuras con muchos de nosotros-, debiera representar un ataque a nuestra propia libertad, que en esencia es el derecho de cualquier ser vivo a existir sin padecer tales agresiones. Y en honor a leyes naturales tan esenciales y que cualquiera puede juzgar ¿no deberíamos todos, sin excepción, combatir, perseguir y eliminar dicha crueldad ejercida sobre tantos inocentes? De no ser así no podremos decir tanto de nosotros mismos. 

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: