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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

Enemigo a las puertas

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La actividad frenética del actual modelo económico ha demostrado ser un enemigo para el progreso de la vida en la Tierra, comprometiendo el futuro común y la sostenibilidad. El desarrollo sostenible es el único modelo posible ante la presión del sistema imperante.

Cuando piensan en un criminal cinematográfico diestro, metódico y eficaz, capaz de ejecutar sus fechorías sin dejar rastro y mantener en jaque a la policía, imagino que vislumbran a un individuo frío y calculador, fiel a sus reglas y planes perfectos preestablecidos, de éxito garantizado. Le ven cruel y rotundo, incapaz de ablandarse -por incongruencias con el guión- ante arrebatos sentimentales de sus víctimas. Es un personaje de juicio nublado y vacío de piedad, que toma lo que desea sin pararse a  pensar en el daño que produce. Es tan eficiente que resulta aterrador. Su perversión asciende proporcionalmente al grado de aceptación que logra. Yo también lo concibo así, mas mi delincuente no tiene cara, solo engranajes y su crecimiento no tiene fin. El que yo tengo en mente es quién reparte beneficio. Es quién cede y explota la Tierra, quien marca las pautas y normas sobre ésta y sus habitantes. Es el actual modelo económico. Y está equivocado.

 

Discurramos con este voraz enemigo sobre sus prácticas y optemos por utilizar su leguaje; un prisma secuencial y empírico. A decir, si un modelo económico como el actual se fundamenta en el crecimiento infinito de un capital que quiere alimentarse de los recursos finitos, podemos deducir que el fracaso de tal modelo está asegurado ya que sus expectativas de crecimiento desbordan irremediablemente a sus posibilidades de llevarlas a efecto. Dicho de otro modo, no se puede seguir produciendo a este ritmo o el modelo que sustenta la economía mundial colapsará, de hecho, ya está empezando a hacerlo. A mi modo de ver y esto nos incumbe a todos, o no es tan sencillo de comprender o es que somos de mollera dura. Tanto es así que ya hace casi tres décadas que Gro Harlem Brundtland mostró en el panorama internacional la lógica del principio de desarrollo sostenible con su rotundo axioma “una actividad sostenible es aquella que se puede sostener”, y sin embargo poco se está consiguiendo.

 

La sostenibilidad -adoptada con énfasis en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro del 92- se ha ido diluyendo como una promesa al nuevo año, y para celebrar nuestros errores y la crisis económica -precisamente de este modelo- el ser humano ha aumentado sus emisiones de CO2 a la atmósfera. A grandes preocupaciones, titánicos problemas. Suma y sigue. Así, el modelo económico actual (llamémosle ahora MEA) prefiere esquilmar la tierra desafiando la lógica y la razón antes que aceptar su hundimiento, y la actividad humana –motor de este modelo- sigue desenvolviéndose sobre este fango, comprometiendo los recursos y las posibilidades futuras hasta tal punto que el mantenimiento de las necesidades alimentadas de esta manera nos ha llevado a otra necesidad peor; la del cambio.

 

Este es el malhechor que yo tenía en mente en un principio, un demente presto a llevarse a todos por delante en su camino. Para mi criminal, este hundimiento tiene pocas consecuencias sobre el blanco del papel que supone su vida, pero para el ser humano y su entorno significa una amenaza imponderable. Piensen que a día de hoy los científicos son incapaces de predecir los efectos que produciría la subida de la temperatura terrestre de 4 a 6 grados –que es a dónde nos lleva el MEA-, aunque sí aseguran que serán consecuencias devastadoras. Decía Marco Tulio Cicerón que equivocarse es humano, pero es de locos persistir en el error. Es verdad que es complicado ver el rostro de este maleante común que duerme en nuestras casas y come de nuestros bosques, no obstante debemos identificarlo y combatirlo, y la mejor manera de hacerlo es continuar con nuestro progreso y nuestro desarrollo, pero produciendo de forma adecuada y justa, basando nuestro crecimiento económico en el apoyo a la vida en la Tierra. No es la alternativa, ni la posibilidad, es la única opción

Comentarios

MaraR 07/05/2015 22:19 #2
Totalmente de acuerdo! Debemos seguir creciendo y avanzando, pero a la vez, permitir a la Tierra que continúe. Al fin y al cabo, ella es la que nos regala la vida.
T. Velasco 07/05/2015 14:29 #1
De acuerdo desde el principio hasta el fin.

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