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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

El ave blanca dejó de llorar

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Existe una pobladora y vigilante rural que medra por el largo invierno sin llorar por sus ojos de lágrima. Lejos quedan ya sus viajes tras el sol. Superviviente entre tantos, símbolo de benevolencia y regeneración, la cigüeña blanca se ha convertido en el emblema perpetuo de torres marchitas e iglesias ancianas. Con su plácida mirada observa el transcurrir del tiempo, como ajeno a él, día y noche, regocijándose de su milagrosa recuperación, fruto de su innata capacidad de adaptación al impacto del hombre.

Existe una pobladora y vigilante rural que medra por el largo invierno sin llorar por sus ojos de lágrima. Lejos quedan ya sus viajes tras el sol. Superviviente entre tantos, símbolo de benevolencia y regeneración, la cigüeña blanca se ha convertido en el emblema perpetuo de torres marchitas e iglesias ancianas. Con su plácida mirada observa el transcurrir del tiempo, como ajeno a él, día y noche, regocijándose de su milagrosa recuperación, fruto de su innata capacidad de adaptación al impacto del hombre.

 

A día de hoy pocos animales representan tan bien la convivencia con el ser humano como Ciconia ciconia; pocos han sido capaces de ganarse así su confianza y respeto. Su guardia serena desde atalayas, castillos y campanarios reviste familiaridad. No obstante, no siempre fue así. El ave blanca tuvo que lidiar con la ingratitud incoherente antropogénica; sufrió la caza ilegal, vivió el uso masivo de pesticidas, la eliminación de nidos e incluso la pérdida de sus hábitats tradicionales por conversión de estos en campos de cultivo. Algunas de estas amenazas aún las sufre, y sin embargo ha salido adelante hasta llegar a una época de bonanza. Su reinado en tranquilidad ha comenzado, y ahora es aceptada por la mayoría como un vecino bienvenido.

 

Tan hondo es su sosiego que en la actualidad habita el mismo territorio cada día del año. Antaño la cigüeña siempre fue heraldo de la llegada primaveral, pero los tiempos están cambiando y esta ave ha sabido adaptarse a ellos. Y es que si bien el hombre forzó su descenso en el pasado, ahora, indirectamente, son nuestras actividades las que han dado a las cigüeñas una razón para evitar su vuelo invernal a tierras africanas. Así, con frecuencia este observador y oportunista cicónido se aprovecha de nuestros desperdicios en basureros, zonas de labranza y espacios transformados para encontrar un sustento alimenticio tal que evite semejante éxodo anual. Y así lo hacen los ejemplares adultos, ya compañía permanente de nuestros cielos, siendo eso sí común el largo viaje entre los más jóvenes.

 

Con todo, hoy se hace añeja la voz de Machado cuando evocaba “se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario, girando en torno a la torre y al caserón solitario…”. El ave blanca está, no se la espera. Cambió para sobrevivir. Está en su momento y Castilla y León es su reino preferente. Quizás su presencia sea un guiño de esperanza para una naturaleza malherida...

 

 

@GatoManchado1

#EntreHojasYHuellas

Comentarios

Pedro 14/09/2015 21:15 #1
El ave blana como usted la llama. Se combirtio en una rata voladora, Nada que ver con la preciosa ave del pasado. Al comer de los basureros contamina el agua donde posa y no digamos de sus excrementos. que son hervidero de germenes al igual que sus plumas Es una pena. Es una superviviente y claramente por que ir a Africa dode alli la cazarian y aqui se la da de comer, la inmunidad de esta sociedad. Tiene el comer sin esfuerzo,, en que se combirtio esta preciosa ave en rata volante o con alas. Mal algurio se avecina para esta ave. Que sera mejor vivir en basureros o pasar el invierno en Africa o viviendo el peligro todos los dias de que pasarias a la cazuela en tu estancia invernal. o vivir del cuento el resto de tu vida. Es un dilema para esta ave tan emblematica . El tiempo nos dara la razon.

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